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Donald Trump

No hay que tragar sapos y culebras

Rodrigo Pérez de Arce|

Compartir adversarios no convierte a un líder en bueno, no obliga a disculpar sus exabruptos ni a guardar silencio cuando erra. El riesgo de esa adhesión acrítica es aceptar líderes disruptivos por necesidad, excusar sus agresiones por lealtad, y verse arrastrados a un modo de hacer política que la vuelve casi imposible

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