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El Papa, desde el corazón del conflicto de Camerún: “El mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos”

La visita del Pontífice despierta una frágil esperanza en el país africano, que sufre un prolongado conflicto separatista en las regiones anglófonas que ha dejado miles de víctimas mortales

01:46
El Papa en Camerún: "Hay que lamentar a aquellos que manipulan la religión para su beneficio militar"
El papa León XIV llega para celebrar una misa por la paz y la justicia en el aeropuerto de Bamenda (Camerún), este jueves.Foto: Guglielmo Mangiapane (Reuters) | Vídeo: epv

Lois Nchang, tiene 20 años y está embarazada de siete meses, pero no sabe quién es el padre. En octubre del año pasado, combatientes separatistas anglófonos irrumpieron en su casa, situada en la región noroeste de Camerún, azotada por el conflicto. Le taparon la cabeza con una capucha, cuatro hombres armados la llevaron a la selva y la violaron durante varias horas. “Me amenazaron con dispararme si me resistía”, cuenta en voz baja por teléfono. “Sangré profusamente después. No reconocí a ninguno de ellos”. Ahora sobrevive con trabajos ocasionales, preparándose para recibir a un hijo que no había planeado. Y como muchos en las regiones anglófonas de Camerún, Nchang busca consuelo en una fuente inesperada: el Papa.

León XIV se encuentra esta semana de visita oficial en Camerún, el cuarto viaje papal al país en cuatro décadas, en el marco de su gira de 10 días por África, donde viven más del 20% de los católicos del mundo y donde ya ha visitado Argelia. El Gobierno ha presentado la estancia del pontífice como un momento de unidad nacional y renovación espiritual. Para supervivientes de la violencia como Nchang, la visita tiene un significado más íntimo. “Espero que su presencia traiga la paz”, dice.

Pero en el noroeste y el suroeste, donde un conflicto de una década entre los separatistas anglófonos y las fuerzas estatales ha causado al menos 7.000 muertos, las expectativas son más complejas. Los líderes separatistas decretaron un alto el fuego de tres días para garantizar “la seguridad en los desplazamientos” del Papa, que viajó este jueves a Bamenda, la principal ciudad de la región anglófona del noroeste, donde endureció su discurso contra los líderes mundiales y denunció que “el mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos”. Criticó, además, el gasto de miles de millones en guerras frente a la falta de recursos para educación o sanidad, en una ciudad marcada por casi una década de violencia. El Pontífice pronunció este discurso, insualmente contundente, días después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lo atacara en redes sociales por sus llamamientos a conseguir la paz en Irán.

Espero que su presencia traiga la paz
Lois Nchang, joven camerunesa

La realidad cotidiana que subyace tras los llamamientos a la paz de León XIV se mide en Camerún en historias concretas. Porque la de Nchang no es en absoluto un caso aislado. En la zona rural de Bafut, también en la región del Noroeste, la agricultora Cecile Mafo, de 43 años, relata una experiencia diferente, pero igualmente devastadora. Secuestrada en diciembre de 2025 cuando estaba embarazada de ocho meses, fue retenida en la selva durante un mes por combatientes separatistas que exigieron un rescate de 500.000 francos CFA (760 euros). Al no poder pagar, Mafo fue golpeada repetidamente y, aunque finalmente fue liberada después de que su familia reuniera 350.000 francos, perdió a su bebé en la selva.

En las regiones anglófonas, este tipo de testimonios se han convertido en algo habitual desde 2016, cuando las protestas de abogados y docentes de la minoría anglófona (el 20% de los 30 millones de habitantes de Camerún) contra lo que percibían como una marginación frente a la población francófona se intensificaron hasta convertirse en un movimiento separatista armado. La población civil ha sido la más afectada por un conflicto marcado por secuestros, ejecuciones extrajudiciales y desplazamientos masivos. La oficina de la ONU para Asuntos Humanitarios (OCHA) estima que más de un millón de personas se han visto desplazadas internamente y que más de dos millones necesitan ayuda humanitaria. Las escuelas y los centros de salud han sido objeto de ataques repetidos o se han visto obligados a cerrar, lo que ha dejado a las comunidades con un acceso limitado a la educación y la atención sanitaria. Para las mujeres, la guerra ha traído un mayor riesgo de violencia sexual, complicaciones en los embarazos y dificultades económicas.

Para la Iglesia católica, que ejerce una influencia considerable en Camerún —los católicos suponen unos 11 millones, alrededor del 38% de los aproximadamente 30 millones de habitantes del país—, el momento es delicado. El clero ha sabido a menudo mantener un frágil equilibrio, ofreciendo ayuda humanitaria y orientación moral al tiempo que evita la confrontación política abierta.

Papa León XIV

“Sed de paz”

El viaje del pontífice coincide con un momento político complicado en el país. Se produce pocos meses después de unas controvertidas elecciones presidenciales, que dejaron decenas de muertos y en las que resultó reelegido Paul Biya, de 92 años, uno de los líderes más longevos de África, cuya autoridad se ha afianzado aún más tras varios cambios constitucionales, según denuncian sus críticos.

El martes, en el palacio presidencial de Yaundé, poco después de reunirse en privado con Biya, León XIV tomó la palabra ante autoridades gubernamentales, representantes de la sociedad civil y el cuerpo diplomático. Allí pronunció uno de los discursos más directos de su visita, una llamada a una paz basada no en la fuerza, sino en la justicia, la inclusión y la responsabilidad compartida. “El mundo tiene sed de paz… basta ya de guerras, con su estela dolorosa de muerte, destrucción y exilio”, dijo el Pontífice, que advirtió de que la estabilidad duradera no puede imponerse “desde arriba” y que detrás de las cifras hay “rostros, historias y esperanzas rotas”.

El mundo tiene sed de paz… basta ya de guerras, con su estela dolorosa de muerte, destrucción y exilio
León XIV

Biya respondió presentando la visita como un faro de esperanza en un mundo golpeado por los conflictos. “Como una fuente refrescante, su mensaje apaga nuestra sed de concordia”, afirmó. “La humanidad necesita urgentemente esperanza, una esperanza en la que el diálogo sustituya al sonido de las armas”.

Ya en Bamenda, el tono de León XIV se volvió aún más contundente. “Los amos de la guerra fingen no saber que destruir lleva un instante, mientras que reconstruir puede llevar toda una vida”, afirmó. El viaje a esta región, a la que el propio Biya no ha acudido desde el inicio del conflicto, ha reavivado tímidas esperanzas de mediación, en un contexto en el que la Iglesia podría desempeñar un papel clave junto a líderes musulmanes y cristianos.

Sin embargo, ese simbolismo también genera recelos entre analistas y representantes de la sociedad civil, que temen que el problema político más persistente del país, la cuestión anglófona, quede relegado a un segundo plano. Christopher Fon Achobang, activista camerunés por la justicia social, advierte de que, más allá de los gestos y los discursos oficiales, persisten “tres demandas clave”: la apertura de un diálogo genuino entre el Gobierno y los activistas anglófonos, la liberación de los presos políticos y el establecimiento de un proceso creíble para abordar el estatus constitucional de las regiones anglófonas. Pese a ello, cree que “en momentos de incertidumbre nacional, incluso una visita puramente espiritual puede interpretarse como un estímulo moral para la paz, la reconciliación y la moderación política”, afirma en una conversación por WhatsApp.

Un Estado fracturado

Los repetidos intentos por resolver el conflicto en las regiones anglófonas de Camerún se han estancado por la profunda desconfianza entre el Gobierno y los grupos separatistas, así como por la fragmentación dentro del propio movimiento separatista. El conflicto tiene su origen en el pasado colonial del país: conquistado primero por Alemania (1884-1916), quedó dividido entre Francia y Gran Bretaña tras la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial. El Camerún francés obtuvo la independencia en 1960 y, un año más tarde, el Camerún anglófono se unió a él en una federación tras un referéndum organizado por la ONU. La parte francófona constituye aproximadamente el 80% y la anglófona el 20%, tanto en territorio como en población. Sin embargo, un controvertido referéndum celebrado en 1972 abolió la estructura federal del país, que garantizaba derechos y aseguraba sistemas educativos, judiciales y políticos separados para la minoría anglófona.

La Iglesia Católica también ha sido víctima del conflicto. Varios sacerdotes de las dos regiones conflictivas describen un panorama pastoral marcado por el miedo y el cansancio. Un sacerdote católico fue tiroteado en el suroeste en 2018; cinco sacerdotes y una monja fueron secuestrados en la región en 2022, mientras que seis sacerdotes fueron secuestrados en el noroeste en noviembre de 2025. La Iglesia se ve a menudo obligada a caminar por una peligrosa cuerda floja, entre el apoyo a las comunidades locales y el trato con las partes en conflicto. Las iglesias se han convertido en lugares no solo de culto, sino también de refugio, asesoramiento y mediación silenciosa.

El arzobispo de Bamenda y presidente de la Conferencia Episcopal Nacional de Camerún, Andrew Nkea, considera que la visita del Papa representa tanto una intervención espiritual como un sutil acto de autoridad moral en un Estado fracturado. “El Santo Padre no puede venir aquí y marcharse sin que Camerún siga siendo el mismo. Algo tiene que cambiar”, declaró en una entrevista en un canal de televisión nacional.

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