Surquillo, el nuevo imán gastroturístico de Lima
Este distrito de la capital de Perú apuesta por convertirse en una gran manzana gastronómica destinada al público local e internacional. Aquí se mezclan menús degustación contemporáneos con las tradicionales carretillas de comida callejera


Surquillo (Lima, Perú) está de moda y todo indica que no dejará de estarlo. Así lo aseguran quienes trabajan en este distrito limeño, que en los últimos años ha despegado de la mano de su gastronomía. Nuevos restaurantes lo sitúan ahora como el lugar en el que abrir experiencias culinarias innovadoras y menús degustación, pero lo que realmente lo distingue es que estas apuestas contemporáneas conviven con los menús del día de siempre, las carretillas de comida callejera y los mercados icónicos que desde hace décadas marcan sus calles. Ese contraste es lo que ha generado que los turistas que llegan a Lima atraídos por una de las mejores gastronomías del mundo sumen Surquillo a su lista de sitios imprescindibles para visitar (y probar).
Ubicado en el corazón de la ciudad, al lado de Miraflores —el distrito por excelencia de los turistas—, está atravesado por grandes avenidas que lo conectan con casi cualquier punto de Lima, por lo que su ubicación se considera privilegiada. Desde el parque Kennedy, en Miraflores, una zona repleta de hostales y hoteles, solo se necesitan unos 15 minutos para llegar andando a Surquillo. Y aunque por mucho tiempo fue considerado un distrito de paso, con zonas desordenadas y puntos picantes de inseguridad, esta ubicación ha sido la clave para que restaurantes de alta cocina decidan darle una oportunidad y un nuevo aire al lugar.
Hace una o dos décadas, quienes llegaban a Lima no tenían en mente pasar por aquí. En algunos casos, algún viajero amante de la comida y los mercados pasaba por el mercado Número Uno o el Número Dos para conocer las frutas nativas del país o comer ceviche en sus alrededores. Para los locales, por otro lado, ir a Surquillo significaba ir a comer bien: los clásicos huariques, restaurantes pequeños o familiares con buena comida a buen precio, siempre llamaban la atención de los peruanos.

“Surquillo no es una novedad gastronómica, porque siempre lo ha sido, pero en los últimos años pasaron muchas cosas”, explica Nora Sugobono, periodista gastronómica desde hace casi 20 años. Entre ellas, cuenta, la apertura del restaurante La Picantería, del chef Héctor Solís, en 2012. “Solís apuesta por Surquillo con un formato gastro cool, moderno, que enlaza la tradición con una experiencia interesante, con un tique promedio elevado para la zona”, relata Sugobono. “Reconfiguró cómo los clientes limeños veían Surquillo”, asegura.

Elegir el pescado por tipo y peso
La Picantería queda en una casona remodelada en una esquina entre las calles de González Prada y de Santa Rosa —dos calles que se han vuelto el punto caliente de la gastronomía del distrito—. La palabra picantería significa una casa donde se hace buena comida tradicional y donde atienden las mismas familias. El restaurante nació, justamente, para homenajear a “estos primeros restaurantes del Perú”, según el propio Solís (Chiclayo, 54 años). Sirve comida de toda la costa peruana, específicamente comida marina. La diferencia está en que el cliente no solo pide un plato de la carta, sino que elige un pescado entero —por su tipo y peso— y la preparación que desea: ceviche, sudado, a la parrilla, tiradito, sopa...
Al entrar, uno encuentra una pared de hielo con pescados incrustados, cada uno con su respectivo nombre y peso. Todo es la pesca del día que llega al restaurante. Solís abrió La Picantería en un Surquillo muy distinto al de ahora, pero lo que le cautivó fue la esencia. “Es el barrio que ya no hay en otros distritos: donde los niños todavía juegan a pelota en la calle, las señoras están con una silla en la puerta viendo la vida pasar, algunos señores se ponen en una esquina con una cervecita”, cuenta.

En el último año, el establecimiento ha recuperado su impulso prepandemia y ha vuelto a llenarse de comensales extranjeros, pero no es el único. Perú —y sobre todo Lima— se ha consolidado como uno de los destinos gastronómicos más atractivos del mundo por el reconocimiento a su cocina y a los chefs que destacan en las listas internacionales, como The World’s 50 Best Restaurants. Central y Maido han llegado a ser los números uno y establecimientos como Kjolle, Mayta o Mérito también aparecen en la lista —La Picantería quedó entre los mejores de América Latina—. Además, el reconocimiento no se ha limitado solo a los locales distinguidos —que en su mayoría se concentran entre los distritos de Miraflores y Barranco—, sino que ha puesto el foco en toda la escena gastronómica del país.
Menú degustación entre talleres
En Piedra entran un máximo de 40 personas. Abrió hace tres años entre talleres de mecánica, y lejos de la zona donde se encuentran la mayoría de los restaurantes en Surquillo. Aquí se come pescado y marisco en un menú degustación de ocho pases que cambia a diario, dependiendo de los productos frescos que llegan. Sebastián Vega (Lima, 36 años), chef y dueño del negocio, reconoce que competir con los restaurantes galardonados es complejo: “Yo trato de ser el premio de consuelo de quienes llegan a Lima y no pueden conseguir una reserva en Maido, que está lleno de turistas”, reconoce. Aun así, este premio de consolación le sale bien, y asegura que con su propuesta la gente conoce otro lado de la comida limeña y queda contenta. “Tenemos que aprovechar eso, es la forma de entrar al turismo”, confía.

Para Vega, Surquillo tiene una “magia distinta para la gastronomía” porque no es uno de los distritos top de Lima. “En una misma cuadra puedes comer un ceviche de carretilla por 10 soles [2,50 euros] y, a la vez, vivir una experiencia culinaria de 250 soles [62 euros] en un restaurante”, señala. Sin embargo, para entender por qué cada vez se abren más locales de este tipo no basta con apelar al romanticismo del distrito, sino a la estrategia: una ubicación privilegiada, precios de alquiler más bajos que en otros distritos y el empuje de la ola gastronómica.

En busca de los clásicos
Quien pasee por la calle de Santa Rosa lo hará entre diversos tipos de restaurantes y terrazas. Ahí también se encuentra una nueva apertura que ha dado mucho que hablar: Testeo, del chef Carlos Testino, donde se encuentra una cocina de autor, sobre todo marina. Y a tan solo tres cuadras, una nueva barra nikkei llamada Ototo, del chef Marco Palma. Pero los nuevos restaurantes no son la excepción, los de toda la vida son ahora también buscados por los turistas, como los clásicos surquillanos S’concha Barriada Cevichera o la Chicharronería Rodri, en esa misma manzana.
De hecho, las agencias de turismo han visto esta oportunidad y ahora brindan tours gastronómicos por Surquillo, una experiencia más local. En estos recorridos visitan los mercados, comen el clásico pan con chicharrón, prueban frutas peruanas como la lúcuma, comen ceviche, prueban los menús del día y toman un buen chilcano, una bebida a base de pisco.

“Ven la autenticidad de qué come el peruano. Sin ir muy lejos pueden tener una gran experiencia”, defiende César Vásquez, surquillano de toda la vida y cofundador de la agencia Travel Buddies. El walking tour gastronómico entre Miraflores y Surquillo es el más vendido. Sin embargo, este recorrido ha tenido que promocionarse con cautela, ya que durante mucho tiempo el nombre de Surquillo estuvo asociado a una zona insegura y desordenada, a la que muchos extranjeros preferían no llegar, según explica Vásquez. “Ahora se ven turistas solos caminando, eso hace 10 años era impensable”, dice.
Surquillo tiene un carácter popular y diverso, donde conviven familias de varias generaciones, comerciantes, talleres, restaurantes de todo tipo y un crecimiento urbano acentuado. Aquí hay comida para todos los gustos y bolsillos. Pero todavía quedan retos. La gastronomía ha sido una manera de poner en valor “un distrito olvidado”, dice Vásquez, pero la gentrificación también tiene sus contras. “Empiezan a subir precios, se le compra barato la casa a una viejita y luego se saca provecho”, lamenta.

La Municipalidad de Surquillo también está involucrada en esta apuesta por un distrito gastronómico y turístico. Desde gestiones pasadas hasta la actual, el municipio ha estado en constante conversación con los restaurantes con la idea de crear una gran manzana culinaria, según explica Patricia Talavera, gerente de Desarrollo Económico de la Municipalidad, y están en contacto con las entidades públicas vinculadas al turismo para seguir posicionando a Surquillo como un nuevo destino.
Los turistas que lo escogen pueden elegir entre la variedad de restaurantes por la calle de Santa Rosa y sentarse en alguna terraza a tomar un pisco sour. Pueden pasar por los mercados clásicos y sentir esa vida cálida callejera característica del distrito. En Surquillo se encuentra de todo, una Lima más real, un buen plato de comida a buen precio, un ceviche bien servido, una cerveza helada y las experiencias más innovadoras de la cocina peruana. Claro que hay otros lugares en Lima que también lo tienen, pero, como dice Sugobono, para el turista, “por la ubicación y variedad de formatos, Surquillo se lleva el primer puesto”.
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