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Sheinbaum busca un golpe de efecto ante un Trump con mil frentes abiertos

El viaje relámpago de la mandataria mexicana a la cumbre de gobiernos progresistas en España coloca a México de vuelta al primer plano internacional, sella las paces con España y envía una señal de firmeza hacia Estados Unidos

Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional, en Ciudad de México, este miércoles.Mario Guzmán (EFE)

Los equilibrios de la política internacional, tan dados a las metáforas sobre juegos de estrategia, suelen interpretarse por ejemplo como una partida de billar. Cada movimiento, cada golpe a una bola precipita otra jugada cambiando el orden del resto de bolas sobre el tapete. La lectura del fulgurante anuncio del viaje de Claudia Sheinbaum a España sigue ese patrón. Con el primer golpe sella las paces diplomáticas con España y, de rebote, alinea a México con el eje de países progresistas en el turbulento escenario internacional, mandando a su vez una señal de firmeza a Donald Trump, que atraviesa uno de sus momentos más delicados. Y como jugada defensiva, desactiva la respuesta interna de la oposición, a favor de la paz con España y cada vez más críticos con Trump. Esas son las carambolas de la presidenta de México con su asistencia relámpago a la Cumbre de Defensa de la Democracia de este fin de semana en Barcelona.

Todo ha sido muy rápido. La mandataria anunció la visita el viernes pasado en su conferencia mañanera. Ya esta semana lo notificó al Senado y este jueves estará volando hacia España, para atender a la cumbre el sábado y regresar el domingo. En la escueta agenda comunicada por Presidencia destacan “reuniones bilaterales”, además de descartar una reunión con el rey Felipe VI. La presidenta ha hablado de “mensajes de paz” al aceptar la invitación del anfitrión del encuentro, el presidente español Pedro Sánchez. El tono medido habitual de Sheinbaum detrás de un movimiento cargado de simbolismo.

No solo significa el deshielo con España tras años de tensión diplomática a vueltas con la herencia colonial y un reguero de gestos de acercamiento por parte de autoridades españolas, incluido el rey. Es el primer viaje de un presidente mexicano a España desde 2018 y, aun más, el primer viaje de un presidente de Morena a Europa, con el simbolismo añadido de que sea a España. La cumbre de Barcelona lleva ya tres ediciones. En ninguna estuvo presente Sheinbaum, que envió a su canciller. Ahora dice sí a la organizada por Sánchez, la némesis en ascenso de Trump durante las últimas semanas tras su oposición a la guerra de Irán. Una cita donde también estarán presentes aliados ideológicos en la mira del presidente estadounidense: los mandatarios de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; Colombia, Gustavo Petro; o Uruguay, Yamandú Orsi.

“La presidenta es muy cuidadosa, su estilo no es bombástico y entiende bien el valor de las señales, sobre todo, en la política internacional”, señala el internacionalista Gabriel Guerra Castellanos, que apunta también a los cambios recientes en la Secretaría de Exteriores, con el ascenso como nuevo canciller de Roberto Velasco, especialista en las relaciones con Estados Unidos y Canadá. El académico resalta, por ejemplo, que en su llamada la semana pasada con el secretario de Estado, Marco Rubio, “no salió a escena el tema del narcotráfico. Con un Trump volcado en la guerra de Irán, es el momento idóneo para mandar una señal de que México está de regreso en el plano internacional buscando alianzas y espacios políticos”. La guerra le está pasando factura a la Administración Trump, con las encuestas mostrando el declive de su popularidad a meses de afrontar las elecciones intermedias. Y con la economía calentándose -inflación, petróleo- a medida que se prolonga un conflicto que se acerca a los dos meses de duración.

Una guerra que ya ha servido para medir los primeros movimientos de esa especie de eje regional progresista que forman México, Colombia y Brasil, todos presentes en la cumbre de Barcelona. Los tres firmaron hace un mes un comunicado conjunto pidiendo el “cese al fuego inmediato”. Ya el año pasado, Sheinbaum, Lula y Petro buscaron una mayor unión latinoamericana durante la cumbre de la Celac celebrada en Honduras, marcada en ese momento por la guerra comercial de Trump. Pero no se llegó a ningún acuerdo concreto, aparte de una posible candidatura latinoamericana en consenso, impulsada por Brasil, para la Secretaría General de la ONU, que se renueva este año.

La llamada Cumbre de Defensa de la Democracia es un evento partidista, pero el año pasado recibió el respaldo de la Asamblea General de la ONU para “combatir el extremismo y promover cooperación frente a la desinformación y la desigualdad”. La politóloga de la UNAM Mariana Aparicio Ramírez opina que “Sheinbaum busca también el respaldo internacional a su propia política, muy centrada en la lucha contra la desigualdad, como reza el lema de la 4T, ‘primero los pobres’, en un momento en que ya se está negociando el Tratado de Libre Comercio (TMEC) con Estados Unidos y Canadá. El resultado de esas negociaciones será determinante para la política comercial y económica de México”.

La cumbre a celebrar este fin de semana en Barcelona llega además casi a modo de respuesta a otra cumbre, impulsada hace un mes por Trump en uno de sus campos de golf en Miami. El llamado Escudo de las Américas reunió a 12 gobiernos ultras latinoamericanos, ideológicamente afines al trumpismo. Un nuevo giro de tuerca a la estrategia de la Casa Blanca, que ha desempolvado una vieja doctrina de finales del siglo XIX que justifica el intervencionismo sobre el resto del continente. “Frente a esta reunión auspiciada por Trump se erige el aval democrático de los gobiernos de México o Brasil, que además son las dos potencias demográficas y económicas. Si a esto añades los últimos ataques de Trump al Papa, que han sido criticados hasta por la derecha mexicana, consigues desactivar gran parte de las posibles críticas de la oposición al movimiento de Sheinbaum”, apunta el internacionalista Guerra Castellanos.

La fórmula de aprovechar el contexto internacional para apretar las filas dentro de casa recuerda a la frase con la que el expresidente Andrés Manuel López Obrador explicaba su proverbial reserva: “La mejor política exterior es una buena política interior”. Durante sus dos primeros años, el exmandatario no salió de México, y cuando lo hizo fue para viajar a Washington o a Centroamérica. Sheinbaum no ha llegado todavía a sus dos primeros años y ya ha salido a la cumbre del G20 en Brasil, a Estados Unidos, Canadá, Honduras y Guatemala. La mandataria va marcando su propia línea, apartándose de la herencia de su antecesor y padrino político. “Todos los días, la presidenta va ganando un milímetro más de espacio frente a su predecesor”, añade el internacionalista. “El poder no se transfiere por arte de magia, se va ganando poco a poco con decisiones decisivas. El viaje de la cumbre a España es uno de esos momentos”.

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