Trump anuncia un alto el fuego de 10 días en Líbano a partir de esta noche
Netanyahu subraya que las tropas israelíes permanecerán hasta 10 kilómetros dentro de suelo libanés durante la tregua. Hezbolá defiende su “derecho a la resistencia” mientras dure la ocupación

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado un alto el fuego de 10 días en Líbano que entrará en vigor este jueves a las 23.00 (hora peninsular española; medianoche en Israel y Líbano). El presidente libanés, Joseph Aoun, y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, acordaron el cese de las hostilidades, según Trump, que no aportó detalles. Los dio Netanyahu poco después: subrayó que mantendrá las tropas en una zona de hasta 10 kilómetros dentro del sur de Líbano y dio a entender que su aviación seguirá bombardeando, al señalar que rechazó la exigencia de Hezbolá de “calma a cambio de calma”. La milicia chií defiende su “derecho a la resistencia” mientras dure la ocupación.
La jornada ha estado marcada desde primera hora por el diálogo hacia una tregua en Líbano, donde las tropas israelíes han seguido durante la jornada avanzando y demoliendo aldeas. Irán la exigía para llevar a buen puerto el diálogo con EE UU y el país mediador, Pakistán, incluyó Líbano en el alto el fuego global de 15 días que concluye el próximo miércoles. Pero Israel hizo caso omiso —con la luz verde de Trump— y el asunto ha embarrado tanto las negociaciones con Teherán que el republicano se ha visto obligado a cambiar el paso e imponérsela, aunque sea de manera temporal, a su gran aliado en Oriente Próximo.
Tras anunciar el alto el fuego, Trump ha añadido que invitará a la Casa Blanca a Netanyahu y a Aoun para mantener “conversaciones de calado”. “¡Ambos quieren la paz y creo que llegará rápido!”, ha escrito.
Son los “líderes” de Israel y Líbano que Trump auguró que hablarían este jueves, haciendo historia. También lo dijo una ministra de Netanyahu, Gila Gamliel, antes del anuncio de alto el fuego. Pero no sucedió. Con Israel matando diariamente decenas de libaneses, entre ellos paramédicos, y Hezbolá acusando al Gobierno de traición por negociar directamente con el enemigo histórico sin obtener nada, Aoun rechazó la conversación, precipitadamente anunciada.
En su lugar habló con el secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio, e insistió en que Israel debe cesar las hostilidades en Líbano si quiere negociaciones directas, iniciadas el martes en Washington con un contacto entre embajadores. Lo ha logrado, aunque sea de momento para 10 días.
El presidente de Líbano describió el alto el fuego como “el punto de partida natural para las negociaciones directas entre ambos países” y señaló su “compromiso” con “detener la escalada israelí”. Las bombas israelíes han causado otros 29 muertos en el país en 24 horas, según han informado este jueves las autoridades sanitarias.
Ya desde primera hora crecían las señales de la inminencia de un alto el fuego en Líbano, con el ejército israelí destruyendo el último puente sobre el río Litani, moviéndose hacia el Golán sirio y apretando para tomar Bint Jbeil, una localidad simbólica para Hezbolá.
Netanyahu no deseaba esta tregua. No la mencionó en su discurso en vídeo de la víspera, en el que habló de avances y logros militares como si la negociación de un alto el fuego no fuese ya vox populi. Este jueves la ha justificado en la “oportunidad histórica de alcanzar un acuerdo de paz con Líbano” que se abre tras “haber cambiado completamente el equilibrio de fuerzas con Hezbolá” desde la guerra que mantuvieron en 2024. Es, a priori, una decisión impopular en año electoral, tras haber prometido hace apenas un mes la nunca lograda derrota —esta vez sí, definitiva— de Hezbolá. En las localidades del norte de Israel y los platós de televisión, el ambiente es de enfado y escepticismo.
La tregua, de todos modos, es temporal. Y funcionará sin repliegue de tropas del sur de Líbano. A tenor de las palabras de Netanyahu y las filtraciones, Israel pretende actuar como en el alto el fuego que siguió a la guerra de 2024, con bombardeos aéreos, casi diarios, en distintas partes del país que causaron más de 400 muertos, sin que la milicia chií lanzase un solo cohete. El Gobierno de Netanyahu acusaba a Hezbolá de ser la que incumplía la tregua reforzándose en secreto.
El 2 de marzo, la milicia lanzó sus primeros proyectiles contra Israel desde 2024, reprochándole las vulneraciones previas y haber matado a Ali Jameneí, líder supremo de su apoyo armamentístico y referente ideológico, Irán. Netanyahu reaccionó ordenando potentes bombardeos en distintas partes del país y una invasión del sur en la que las tropas han ido expulsando a la población y explotando casas, fábricas y puentes, como en Gaza. El símil lo usó el propio ministro de Defensa, Israel Katz.
Mérito
El runrún sobre un posible cese de las hostilidades ha abierto en Líbano una disputa entre el Gobierno libanés y la milicia Hezbolá por atribuirse su mérito. El Ejecutivo lo vincula con su valiente —por lo impopular que resulta entre muchos nacionales— decisión de iniciar el primer contacto de alto nivel con Israel en décadas. Irán y su aliado Hezbolá, en cambio, lo ven fruto de la presión a Estados Unidos en las negociaciones por una tregua regional, del bloqueo de Teherán del estrecho de Ormuz y de la acción armada de Hezbolá para frenar la invasión israelí del sur de Líbano, matando a 13 soldados.
Así se ha expresado a la agencia Reuters Ibrahim Moussawi, diputado del bloque parlamentario de Hezbolá. También Nabih Berri, presidente del Parlamento libanés y dirigente de la formación chií Amal, aliada de Hezbolá, y Mohamad Bagher Ghalibaf, líder iraní al mando de las negociaciones con Washington.

Las autoridades israelíes anunciaron hace semanas su voluntad de controlar una franja fronteriza que se adentre al menos una decena de kilómetros en territorio libanés, y aseguran que permanecerán en la zona de manera indefinida e independiente a la tregua.
Con este horizonte, los mandos militares israelíes hicieron tres peticiones al ámbito político encargado de negociarlas, según informa este jueves el diario Yediot Aharonot. La primera es establecer una “zona de amortiguación” en el sur de Líbano hasta el río Litani, que puede llegar hasta a 30 kilómetros de la frontera. No implica necesariamente la presencia de tropas, ya que podría ejercerla con medios electrónicos, pero sí una limpieza étnica y devastación al estilo de Gaza, al menos en los primeros kilómetros de la frontera, donde Israel ya ha borrado algunas aldeas de la faz de la tierra.

Las otras dos son el inicio de un proceso a largo plazo para desarmar a Hezbolá bajo un mecanismo de supervisión estadounidense, y manos libres al ejército para “eliminar amenazas, incluso al norte del río Litani”, como venía haciendo desde 2024 en vulneración del alto el fuego.
Israel obtuvo entonces de la Casa Blanca libertad de acción para atacar lo que considere amenazas y quiere retenerla. Esa carta blanca llevó a los residentes del sur de Líbano a sentir que la guerra nunca había terminado. Y permitió a Israel mantener vacía una franja fronteriza que ahora ocupa de nuevo y donde un grupo de expertos de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU denunció el miércoles indicios de una limpieza étnica contra la población musulmana chií, en la que Hezbolá tiene su principal apoyo.
El ejército israelí, de hecho, ha multiplicado su actividad en el sur de Líbano en las últimas horas. Las tropas han bombardeado el puente de Qasmiye, el único operativo sobre el Litani, desconectando el sur del resto del país. Es la tercera vez que lo hace desde primeros de marzo, cuando empezó a derruir los pasos. Israel lo presenta como una operación militar para impedir el movimiento de las fuerzas de Hezbolá hacia la región fronteriza bajo ocupación, pero los grupos humanitarios vaticinan una catástrofe para la población en la parte meridional, donde Naciones Unidas estima que permanecen más de 100.000 civiles.
También se han multiplicado los vídeos de explosiones controladas de infraestructura civil, lo que puede constituir un crimen de guerra, según el derecho internacional humanitario. Algunos, difundidos por los propios soldados.
Las tropas israelíes luchan además con milicianos de Hezbolá por hacerse con el control de Dibbine, un municipio en el camino que les señaló Netanyahu. El primer ministro israelí ordenó el martes al ejército expandir la ocupación hacia las faldas del monte Hermón, en dirección a los territorios sirios que Israel ocupó, primero en la Guerra de los Seis Días de 1967, y luego en 2024, aprovechando la confusión tras la caída del Gobierno de Bachar El Asad.
Como suele suceder antes de un alto el fuego, se esperan horas intensas de combate. Más aún cuando el horizonte es, de momento, solo de 10 días de pausa.
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