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Rubio aplaude la primera reunión diplomática directa en décadas entre Israel y Líbano: “Es el principio de un proceso”

El representante de Israel celebra el resultado del encuentro, de unas dos horas, y habla de delimitar la frontera común, mientras que la libanesa insiste en la aplicación real del alto el fuego de 2024

Reunión en el Departamento de Estado en Washington, este martes.Jacquelyn Martin (AP)

Los embajadores de Israel y Líbano en Estados Unidos se han reunido este martes durante dos horas en la sede del Departamento de Estado en Washington. El encuentro, al que asistió el secretario de Estado, Marco Rubio, junto con otros miembros de su equipo, tenía más carga simbólica que posibilidades reales de producir un resultado: eran las primeras conversaciones directas en décadas entre ambos países, que carecen de relaciones diplomáticas desde la fundación del Estado judío en 1948. Tras la reunión, EE UU expresó su deseo de que el diálogo acabe derivando en un acuerdo de paz global y citó a ambos países a un encuentro directo en una fecha y lugar por definir. Israel vio una mirada similar hacia Hezbolá y Beirut insistió en la aplicación real del alto el fuego de 2024. El contacto —que ambas partes calificaron de “histórico”— no evitó que Israel lanzase nuevos ataques en el sur del Líbano, matando a al menos 35 personas, como parte de su campaña militar contra Hezbolá, que no ha aflojado, pese al alto el fuego acordado entre Estados Unidos e Irán.

“Entendemos que nos enfrentamos a décadas de compleja historia que no se resolverá rápidamente”, dijo Rubio antes de la reunión de este martes, a la que Hezbolá se opone. “Pero podemos empezar a avanzar con un marco que permita que algo suceda, algo muy positivo, algo muy permanente, para que el pueblo del Líbano pueda tener el futuro que merece y para que el pueblo de Israel pueda vivir sin miedo”, añadió el secretario de Estado. “No es algo puntual, se trata del principio de un proceso. Todas las complejidades de este asunto no se van a resolver en las próximas seis horas”.

La reunión era a un nivel bajo (solo de embajadores), comenzó con foto conjunta (aunque sin apretón de manos) y concluyó dos horas más tarde sin rueda de prensa conjunta.

El embajador israelí, Yechiel Leiter, salió contento. Aseguró a la prensa que la representante del Gobierno libanés fue clara en que su país ya no desea ser “ocupado” por Hezbolá y que conversaron sobre una visión a largo plazo para una frontera claramente delimitada. Los dos países carecen de divisoria formal y Beirut empuja desde hace tiempo para definirla: tiene reservas sobre algunos puntos de la línea de retirada israelí, legitimada por la ONU. Israel ha venido haciendo oídos sordos. “Hoy descubrimos que estamos del mismo lado. Eso es lo más positivo que podemos sacar de esta reunión”, señaló.

Por parte libanesa, su embajadora, Nada Hamadeh Moawad, hizo “hincapié en la urgente necesidad de que se aplique plenamente el acuerdo de cese de hostilidades de noviembre de 2024″, que Israel ya vulneraba, con bombardeos casi diarios, antes incluso de la actual campaña, y en “la integridad y plena soberanía del Estado sobre todo el territorio libanés”. También pidió “medidas concretas para paliar la grave crisis humanitaria que el país sigue sufriendo como consecuencia del conflicto en curso”.

En su intervención, Rubio puso el foco en Hezbolá como principal problema. Describió el proceso de diálogo iniciado este martes como una oportunidad histórica de lograr “algo muy positivo, algo muy permanente”, con el objetivo de “una paz permanente y duradera”, poniendo fin “de manera permanente a 20 o 30 años de influencia de Hezbolá en esta parte del mundo; y no solo al daño que ha infligido a Israel, sino también al daño que ha infligido al pueblo libanés”. “Debemos recordar que el pueblo libanés es víctima de Hezbolá, de la agresión iraní. Y esto tiene que terminar”, ha añadido.

Beirut reclama un cese inmediato de las hostilidades y la concesión de tiempo para desmantelar a la milicia chií apoyada por Irán. El Gobierno libanés ha prohibido sus actividades militares, pero corre el riesgo de desencadenar una guerra civil si aprieta demasiado, como pretenden Israel y EE UU.

Reconocimiento

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que accedió la semana pasada a la petición de Trump de un encuentro inédito ante la amenaza de que sus ataques tirasen por la borda el alto el fuego entre Irán y Estados Unidos, insiste en mantener los bombardeos y centrar el diálogo en el desarme de Hezbolá y el improbable reconocimiento del Líbano de su país, a la manera de los de Marruecos, Bahréin y Emiratos Árabes Unidos en 2020.

Las negociaciones con Israel son un tabú con pocos precedentes que los actuales dirigentes libaneses tratan de vencer. El secretario general de Hezbolá, Naim Qasem, afirmó el domingo que supone “apuñalar a la resistencia [armada] por la espalda”, y muchos libaneses rechazan acercarse a un Estado que ha causado estragos en el país. Solo desde el 2 de marzo, la ofensiva israelí ha matado a más de 2.100 personas, entre ellas, 168 niños y 88 paramédicos, según el ministerio de Sanidad libanés. Ha desplazado forzosamente a más de un millón y ha destruido 38.000 viviendas de manera parcial o total, de acuerdo al Consejo Nacional de Investigación Científica del Líbano, una institución pública libanesa.

En medio del escepticismo general sobre estas negociaciones, el presidente libanés, Joseph Aoun, se aferra a una vía diplomática que defiende como alternativa al ciclo de violencia. “Espero que la reunión en Washington marque el principio del fin del sufrimiento del pueblo libanés en general, y de los residentes del sur en particular”, ha dicho el presidente, cuya familia es originaria del sur, este martes en un comunicado.

Tras el fracaso de las conversaciones entre Washington y Teherán del fin de semana pasado en Islamabad (Pakistán) —también históricas; eran las primeras desde la fundación en 1979 de la República Islámica—, la ofensiva militar israelí en Líbano es una de las grietas más profundas en la frágil tregua mientras ambas capitales deshojan la margarita sobre una segunda cumbre, que el presidente Donald Trump, con su habitual imprecisión, prometió este martes al diario New York Post que “podría llegar en el próximo par de días”.

Las otras dos fuentes de desacuerdo son el futuro del programa nuclear iraní (y las diferencias entre una moratoria de 20 años, como quiere Estados Unidos, o cinco, como pretende la República Islámica) y el control del estrecho de Ormuz, actualmente taponado por dos bloqueos simultáneos: el de Teherán, impuesto de facto desde el principio de la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán, y el decretado por Trump, que entró en vigor el lunes.

El diálogo en el Departamento de Estado va vinculado a lo que suceda sobre el terreno en el sur de Líbano, donde el ejército israelí mantiene las operaciones militares y ha penetrado hasta diez kilómetros más allá de la frontera. Las tropas israelíes rodean estos días el municipio de Bint Jbeil y levantan nuevos puestos de control con la intención de consolidar el dominio de una franja fronteriza. Los dirigentes políticos y militares de Israel insisten en que no contemplan un cese de las hostilidades hasta establecer sine die lo que llaman una “zona de seguridad” que aleje la amenaza de los proyectiles antitanque de Hezbolá. La milicia combate estos días a las tropas israelíes dentro de Líbano y lanza cohetes contra las localidades del norte,

El Ejecutivo de Netanyahu ha reorientado el diálogo desde que Trump le ordenó dialogar con Beirut. Por ejemplo, incurrió en una contradicción al argumentar que Líbano queda fuera del alto el fuego con Irán cuando lleva años presentando a Hezbolá como una mera marioneta de Teherán. Ahora, lo plantea justo como una oportunidad para aislar a Teherán del grupo chií que ha armado y financiado desde su nacimiento en 1982, en una anterior ocupación militar israelí del país.

Aquella invasión durante la guerra civil libanesa dio lugar a las primeras negociaciones de alto nivel entre Líbano e Israel. En un Líbano bajo ocupación militar tanto israelí como siria, el presidente libanés, Amin Gemayel, alcanzó un acuerdo para la retirada del ejército israelí de Líbano y el marco para establecer relaciones bilaterales. Pero el régimen de Hafez el Asad en Siria, que tenía presencia en el país desde 1976, lo vetó y nunca se aplicó. Luego, en 1993, un Líbano bajo tutela siria mantuvo —también con mediación de Washington— un breve canal directo de diálogo con Israel, en una derivada de la Conferencia de Paz de Madrid, dos años antes.

Hoy, la desaparición del clan de los El Asad en Damasco, el debilitamiento de las autoridades iraníes y el dolor que las sucesivas guerras israelíes han provocado en Líbano propician un momento distinto. Incluso algunos pesos pesados de la política libanesa, que en su día presionaron contra el diálogo con Israel a raíz de su alianza con Siria, han cambiado de postura, según se especula en diarios libaneses de distinto signo político y confesional. Entre ellos, Walid Jumblatt, líder tradicional druso y miembro del Partido Socialista Progresista, y Nabih Berri, presidente del parlamento libanés desde 1992, máxima autoridad política chií en el Líbano actual y punto de contacto entre su aliado Hezbolá y la comunidad internacional.

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