Michel Mayor, Nobel de Física: “La gente piensa que la humanidad es eterna, pero somos animales y nos extinguiremos”
El descubridor del primer exoplaneta habla con EL PAÍS sobre el próximo gran hallazgo que espera: el primer planeta con vida fuera del sistema solar


La vida de Michel Mayor pudo acabar con una de las peores muertes imaginables. En 1968, este suizo aficionado a la escalada se cayó por la grieta de un glaciar en los Alpes. Una posibilidad era que quedase encajado entre dos asfixiantes paredes de hielo que se lo hubiesen ido tragando poco a poco, con cada grito de auxilio, con cada movimiento para intentar salir. Al final tuvo suerte y le sacaron sus compañeros, ensangrentado, pero vivo.
Gracias a eso, Mayor pudo convertirse en astrofísico y descubrir el primer exoplaneta conocido, en 1995. El hallazgo del primer mundo fuera de nuestro sistema solar fue una revolución que continúa en la actualidad, con más de 6.000 exoplanetas identificados, muchos de ellos en otros sistemas solares, a cada cual más diferente.
En 2019, Mayor recibió el Premio Nobel de Física por aclarar cuál es “el papel de la Tierra en el cosmos”, un planeta entre miles de millones. Mayor está de visita en España para participar este martes en un coloquio sobre exoplanetas en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid. En esta entrevista con EL PAÍS realizada un día antes en un hotel de la capital, Mayor, de 84 años y profesor emérito de la Universidad de Ginebra, habla con la pasión de un joven sobre un nuevo gran reto científico: encontrar el primer exoplaneta donde haya vida.
Pregunta. En 1968, usted se cayó a un glaciar, y la humanidad orbitó la Luna por primera vez con la misión Apolo 8. ¿Qué le parece que se haya vuelto al satélite ahora, más de medio siglo después?
Respuesta. La explicación de aquel hito fue la competición de Estados Unidos con la entonces Rusia soviética. Ahora es igual, pero con China. Las misiones Apolo fueron interesantes porque nos dieron información geológica de la Luna, como los isótopos presentes en sus rocas. Ahora el sueño es tener una estación en la cara oculta donde haya un radiotelescopio. ¿Es una buena idea, teniendo en cuenta el enorme coste que tendrá? No estoy seguro. Es algo más político que científico.
P. ¿Qué le parece la idea que preconizan los nuevos magnates del espacio como Elon Musk, que tenemos que convertirnos ya en una especie multiplanetaria?
R. Soy muy crítico. Musk dice que su sueño es que haya un millón de personas viviendo en Marte en el próximo siglo, todos emigrados de la Tierra. No puedo compartirlo. Marte apenas tiene atmósfera. Es imposible terraformarlo para generar tanto oxígeno como sería necesario. Es completamente irreal. El lugar más infernal de la Tierra es un paraíso comparado con Marte. Y el cambio climático, por fuerte que sea, no cambiará eso.
P. ¿Y la excusa de ir allí para después ir más lejos?
R. Imagínate que encontramos un planeta gemelo de la Tierra a unos 30 años luz. A escala galáctica, esto es muy cerca. Los astronautas [de Artemis 2] tardaron unos tres días en llegar a la Luna. A esa velocidad tardaríamos millones de años en llegar a esa segunda Tierra. La energía que sería necesaria para acelerar y después frenar cerca de nuestro destino es imposible de alcanzar para nosotros. El sueño de colonizar un exoplaneta es imposible.
P. Sin embargo, sabemos que hay muchos exoplanetas como el nuestro, ¿no?
R. Muchísimos. Solo en nuestra galaxia puede haber más de un millón. Pero todos están demasiado lejos. Y luego, ¿hay vida? Determinar esto es el gran reto del futuro. Crear los instrumentos y la química para detectar los llamados biomarcadores: una mezcla de moléculas que probablemente solo puedan producir seres vivos.
P. ¿Cómo de lejos estamos de eso?
R. En la actualidad, el telescopio Espacial James Webb ha detectado muchas moléculas, pero no en planetas rocosos como el nuestro. En esos estamos aún lejos de conseguir biomarcadores. Para llegar al nivel de un gemelo terráqueo necesitamos cosas nuevas, como el telescopio europeo de 39 metros. Pero aún así, no estoy seguro de que pueda hacerlo. Y hay que ser cautos. Hay muchos supuestos descubrimientos de exoplanetas con vida que resultan no ser nada.
P. ¿Podría pasar la próxima década gracias a la próxima generación de observatorios?
R. Sinceramente, no lo sé. Recuerdo que cuando descubrimos el primer exoplaneta, se iban a lanzar dos misiones robóticas, TPF, de la NASA, y Darwin, de la Agencia Espacial Europea, para encontrar planetas terrestres con vida en unos 10 años. Tres décadas después, las dos misiones se cancelaron, y seguimos sin respuestas. En cualquier caso, yo soy optimista y tengo la idea de que la vida existe en muchas partes del universo.

P. ¿Hay alguna otra pregunta importante en este campo que sí podamos responder?
R. Sí. Desde hace unos años podemos hacer imagen directa de exoplanetas, y hemos descubierto algunos así. El problema es que estos mundos son muy grandes y están muy lejos de sus estrellas, a unas 60 unidades astronómicas [60 veces la distancia del Sol a la Tierra]. El mecanismo clásico de formación de planetas no lo puede explicar. Así que ahora sabemos que se pueden formar planetas de otras maneras que antes ni sabíamos.
P. ¿Nuestra visión del universo está sesgada por la tecnología?
R. Siempre lo está. La mayoría de estrellas en el universo son de masa baja, menor que la de nuestro Sol, que no pertenece al tipo más abundante. Los planetas rocosos como la Tierra que hay en los astros de masa baja están mucho más cerca de sus estrellas. Un verdadero gemelo de la Tierra en torno a una estrella como el Sol está mucho más lejos de nosotros y descubrirlo es mucho más difícil. En estrellas de baja masa, los planetas pueden recibir cantidades enormes de radiación: ¿cómo afecta eso a la posibilidad de vida? Estamos rodeados de sesgos, pero solo lo tenemos que tener en cuenta y seguir buscando.
P.¿Cree que existen otras civilizaciones y que llegaremos a saber que existen, en caso de que sean más inteligentes que nosotros?
R. Puede que lo sean, pero se rigen por las mismas reglas de la física que nosotros. 30 años luz es demasiado lejos para cualquiera. Me parecen discusiones poco fructíferas, igual que la de desviar asteroides potencialmente peligrosos. El diámetro de los que realmente pueden generar una catástrofe total es de unos 10 kilómetros o más. Para desviar uno de esos tendríamos que construir la mayor bomba atómica imaginable y tenerla preparada durante unos 1.000 años. No olvidemos que en la Tierra hemos tenido gente muy loca como Hitler, Stalin o algunos más actuales. Los riesgos de que nos dé un asteroide creo que no compensan el riesgo de que usemos esa bomba mal, contra nosotros mismos.
P. ¿No tiene mucha confianza en la supervivencia del ser humano a largo plazo?
R. Hace muchos años me invitaron a dar una charla sobre exoplanetas en la parroquia de un pueblo pequeño. El sacerdote no se quedó contento porque esperaba algo más espiritual, que se acercase más a la existencia de la humanidad a largo plazo. Entonces yo contesté que puede que duremos un millón de años más, como mucho. Lo sabemos por la paleontología. Todas las especies aparecen y desaparecen, tienen el tiempo determinado. En la mente de la gente, sin embargo, los humanos aparecemos y ya nunca dejamos de existir. Somos eternos. Pero la verdad es que somos animales y vamos a extinguirnos. Hay que tener en cuenta la probabilidad de impactos como el que acabó con los dinosaurios hace 67 millones de años. Además, en unos 2.000 millones de años ya no estaremos en la zona habitable del sistema solar. Y eso sin tener en cuenta a los humanos locos y peligrosos. Sabemos que nuestro tiempo como humanidad es limitado.
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