Israel anuncia que demolerá “todas las viviendas” en las localidades libanesas fronterizas “siguiendo el modelo de Gaza”
Los centenares de miles de desplazados del sur de Líbano tendrán “absolutamente prohibido” volver a sus hogares, según el ministro de Defensa

El ministro israelí de Defensa, Israel Katz, ha anunciado que demolerá “todas las viviendas” en las localidades libanesas fronterizas con Israel, “siguiendo el modelo de Rafah y Beit Hanoun en Gaza”, en el marco de la ocupación que ha iniciado, de aproximadamente el 10% del país, entre la divisoria y el río Litani. Rafah y Beit Hanun, en el norte y sur de la Franja palestina, son hoy un manto de ruinas.
El ministro ha reiterado que las tropas “mantendrán el control de seguridad sobre toda la zona hasta el Litani”, que llega hasta 30 kilómetros de la frontera entre los dos países, y que “más de 600.000 residentes del sur del Líbano”, que han sido desplazados a la fuerza de la zona, tendrán “absolutamente prohibido” regresar a sus hogares “hasta que se garantice la seguridad de los residentes del norte” de Israel.
Es, en esencia y en palabras, la aplicación del modelo de Gaza a Líbano. Es decir, tomar el control militar ―en operaciones que a menudo se comienzan definiendo como “limitadas”― de zonas limítrofes para posteriormente ocuparlas e ir demoliendo todos los edificios, en explosiones controladas y con excavadoras, tanto militares como de contratistas, hasta dejar solo escombros, como en el 52% de la Franja palestina que controla el ejército israelí.
La semana pasada, al dejar claro que las Fuerzas Armadas controlarán hasta el Litani y que sus cientos de miles de desplazados (hoy desperdigados por el país, en ocasiones sin techo y en condiciones lamentables), Katz ya dejó clara la estrategia, a diferencia de la última guerra con Hezbolá, en 2024, que acabó con una retirada casi completa a las fronteras y la destrucción de algunas aldeas. Ahora, la idea es no dejar nada en pie. “El principio es claro: donde haya terrorismo y misiles no habrá casas ni residentes, y estará dentro el ejército”, aseveró el ministro entonces. También afirmó en la ocasión que las viviendas en el sur de Líbano, de mayoría chií y una de las áreas con más popularidad e implantación de Hezbolá, “funcionan en la práctica como puestos de avanzada terrorista”.

Desde el 2 de marzo, cuando Hezbolá reinició la guerra abierta con Israel, las tropas israelíes luchan contra esa milicia proiraní para extender la ocupación terrestre en el sur de Líbano, en lo que el Gobierno israelí aspira a que sea la última guerra contra la organización. El Ministerio de Sanidad libanés registra 1.247 víctimas mortales en cinco semanas, entre ellas más de 170 niños o trabajadores sanitarios, además de un millón de desplazados de manera forzosa. Muchos de ellos son originarios del sur, la región limítrofe con Israel, donde Katz afirma que impedirán el regreso de los residentes de manera indefinida.
Según medios israelíes, la idea de las autoridades pasa por establecer en la zona mecanismos de vigilancia electrónica para no tener que controlar toda la zona con soldados, expuestos a emboscadas de Hezbolá. Este marzo, 10 uniformados han muerto a manos de la milicia, lo que en Israel recuerda al empantanamiento que sus tropas padecieron durante los 18 años que ocupó el territorio entre 1982 y 2000. También construirá bases militares, además de los cinco puestos que mantiene (en vulneración de los términos del alto el fuego que firmó semanas antes) desde finales de 2024.
Más allá de la primera línea
La destrucción que Katz anticipa este martes en las aldeas fronterizas impulsa un proyecto de devastación generalizada que Israel ya inició en 2024. La tregua firmada ese año exigía a las tropas israelíes una retirada total de Líbano en un plazo de 60 días, pero eso nunca sucedió. Mientras abrían fuego contra los residentes libaneses que querían llegar a la zona, matando a más de 20 personas en unos incidentes que Israel presentó como necesarios para impedir el retorno de Hezbolá a la frontera, los uniformados israelíes utilizaron esos dos meses de repliegue para avanzar en la destrucción del paisaje urbano.
Lo hicieron especialmente en las aldeas en la primera línea fronteriza, donde posteriormente retuvieron presencia militar en bases a lo largo de la frontera ―una de ellas, cercana a la sede de la misión de paz de las Naciones Unidas en Líbano, que hoy se encuentra, de nuevo, rodeada de tropas israelíes―. En esa ocasión, el ejército israelí llevó a cabo detonaciones controladas en numerosas aldeas, muchas de las cuales terminaron con la mayoría de edificaciones aplastadas y con un aspecto irreconocible, aunque idéntico al comúnmente asociado a Gaza desde 2023.
En Líbano, los vídeos que los portavoces castrenses israelíes publicaban de esas operaciones causaron consternación. Ahora, los sucesivos anuncios de Katz hacen temer que el ejército israelí traslade la misma destrucción a los municipios de una segunda y tercera línea de separación de la Línea Azul, la demarcación provisional que hace de frontera entre ambos países sin relaciones diplomáticas.
Esos municipios algo más apartados han sido duramente golpeados por parte de la aviación israelí durante la reciente escalada, lo que sugiere un cambio de estrategia con respecto a la ofensiva de 2024, cuando algunas aldeas —por ejemplo, las de mayoría cristiana— pasaron moderadamente de perfil. Un perfil que Israel parece negar en esta ocasión.
Este martes, el portavoz de las tropas israelíes en árabe, Avichay Adraee, ha emitido uno de los comunicados periódicos en los que urge a toda la población al sur del río Zahrani a huir hacia el norte. Esa vía de agua se encuentra una decena de kilómetros por encima del Litani, hasta donde Israel se ha puesto como objetivo extender su ocupación. Pero el disparo de proyectiles de Hezbolá desde posiciones al norte de ese río ha propiciado la expansión de las órdenes de desalojo israelíes, que persiguen el desplazamiento forzoso de centenares de miles de residentes meridionales para facilitar la toma del territorio y dificultar la presencia de oposición.
Aunque la población civil desconoce los sitios donde Hezbolá se reúne o tiene armamento, Israel lanza una advertencia general contra cualquiera que se encuentre en el 10% de Líbano cercano a Israel: “Estar cerca de esas posiciones pone vuestra vida en peligro”, ha concluido Adraee en su comunicado.
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