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Sara Noguera, maestra: “La manera más sana de trabajar la autoestima es que los hijos vean a sus padres aceptarse tal y como son”

La experta en crianza positiva publica ‘La cara perfecta’, un cuento que explica que la perfección no está en el color de los ojos, sino en aquello que nos hace disfrutar de la vida. Defiende que trabajar la inteligencia emocional y el autoconcepto permite devolver a los niños el espacio de ser personas con derecho propio

Sara Noguera, maestra, explica que la perfección no tiene nada que ver con lo que ven los demás, tiene que ver con lo que somos.

En un mundo en el que cada vez resulta más difícil encajar en los cánones de belleza —una presión que no solo afecta a los adultos, sino que resulta especialmente dañina en la infancia—, trabajar la autoestima y el respeto por uno mismo desde edades tempranas se vuelve esencial. Hacerlo ayuda a que los menores de hoy cuenten con más herramientas para cuestionar lo estipulado y lo que se considera normal cuando lleguen a la adultez. Con la intención de ofrecer recursos en este sentido, nace el nuevo cuento La cara perfecta (La Cuentería Respetuosa, 2026), escrito por Sara Noguera (Madrid, 35 años), maestra y asesora especializada en crianza respetuosa, e ilustrado por Lirios Bou. Este álbum, el sexto título para la experta, trata sobre la idea de perfección estética que se está difundiendo peligrosamente en la población infantil y adolescente y demuestra con humor que lo perfecto no está en un color de ojos o en el tamaño de las orejas, sino en todo lo que nos permite hacer para disfrutar de la vida.

“Como sociedad hemos desvirtuado el concepto de perfección que creímos importante; a través de un cuento, quería volver al origen de lo que significa ser perfecto, que al final pasa por normalizar lo normal”, explica por teléfono a EL PAÍS la también experta en musicoterapia y cuentoterapia. “Entender que todos somos diferentes nos permite mirar la vida con más indulgencia y aceptar nuestras imperfecciones —y las de los demás— no como una carga, sino como algo que nos enriquece como sociedad”, señala la divulgadora y fundadora de Kimudi, espacio dedicado al acompañamiento familiar y que en Instagram cuenta con 112.000 seguidores. “También facilita que nos relacionemos desde el respeto, sabiendo que cada persona tiene algo valioso que aportar”, añade esta madre de cuatro hijos.

P. ¿Trabajar la autoestima es una cuenta pendiente de la crianza actual?

R. Trabajar la autoestima no es una cuenta pendiente de la crianza actual, pero sí que tenemos que darle un giro de tuerca porque nos hemos centrado demasiado en trabajar la autoestima desde lo que te dicen los demás y no desde lo que entiendes tú de ti mismo y en lo que nos tenemos que centrar como sociedad, como familias, es en trabajarla desde el autoconcepto, no desde lo que te dicen que eres, sino desde lo que sabes que eres.

P. ¿Y cuál crees que es la manera más sana —o más honesta— de trabajarla con los hijos?

R. La manera más sana de trabajar la autoestima con los hijos es que vean primero a sus padres aceptarse tal y como son. Y que descubran que a nosotros no nos gusta todo de nosotros, pero sabemos que lo que no nos gusta no nos tiene que condicionar de cara a la relación con los demás. También es muy importante que nos vean disfrutar de la vida más allá de aquellas cosas que consideramos complejos o aquellas cosas que nos gustaría cambiar de nosotros mismos. Es muy importante ser honestos con nosotros mismos para que los niños sean capaces de serlo con ellos. Y aun con esa honestidad, aceptar con cariño lo que somos, cómo somos y seguir creciendo a través de ello.

P. ¿Qué papel juega la inteligencia emocional en la construcción de la autoestima?

R. La inteligencia emocional juega un papel fundamental en el autoconcepto y en la propia expresión emocional, porque cuando soy capaz de entender lo que siento y de cómo estoy mostrando aquello que siento, facilito mucho que el entorno pueda reconocer mis necesidades. Si yo las reconozco y las muestro, permito al entorno que las reciba y actúe en consecuencia. Si además esto se acompaña de límites, el impacto es enorme. Trabajar la inteligencia emocional, el autoconcepto y acompañarlos con límites nos ayuda, como sociedad, a devolver a los niños el espacio de ser personas con derecho propio, con necesidades, emociones y límites que deben ser respetados.

P. En el libro se huye de etiquetas. ¿Por qué son tan dañinas, especialmente en la infancia?

R. Las etiquetas condicionan y sugestionan la propiocepción de una persona, independientemente de su edad. Lo que ocurre es que, cuanto más pequeño se es, más se confía en lo que dicen los demás y, al estar el cerebro en pleno desarrollo, se nutre de la información que recibe, especialmente de los adultos. Cuantas más etiquetas se le imponen a una persona, más acaba creyendo que realmente le definen. Por eso, salir de las etiquetas y entender que alguien no es malo, sino que puede haber hecho algo malo, facilita que las personas —sobre todo los niños— no se sientan representadas por una etiqueta que normalmente es negativa y, además, contribuye a que tampoco se las impongan a sus iguales.

P. Aunque es un libro infantil, interpela mucho al adulto que acompaña la lectura. ¿Eso estaba previsto desde el inicio?

R. Sí, estaba previsto desde el principio. Una de las maneras que tengo de comunicarme como profesional es acercarme a los niños a través de la lectura, pero también conectar con los adultos, para que entiendan que todo lo que tiene que ver con el acompañamiento emocional y con la crianza respetuosa parte de que nosotros seamos capaces de comprenderlo y de reaccionar ante ello. La lectura está pensada para disfrutarla en familia: para que los niños se lo pasen fenomenal y conecten con la historia de una manera natural, pero también para que, posteriormente, a los adultos nos sirva como una guía. Es una herramienta que nos ayuda a reforzar esa información y a acompañar correctamente a los niños en todo ese proceso.

P. Si una niña o un niño se llevara una sola idea de La cara perfecta, ¿cuál te gustaría que fuera?

R. Si solo pudiera llevarse un mensaje, yo diría que se es perfecto solo por el hecho de existir, que la perfección no tiene nada que ver con lo que ven los demás, tiene que ver con lo que somos y que ya es bastante difícil existir como para complicarnos con comparaciones, con sobreexigencias y con culpas.

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