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China esquiva los efectos de la guerra en Irán con un crecimiento del 5% en el primer trimestre

Pekín reconoce que “los riesgos geopolíticos están aumentando” y que persisten “algunos problemas” económicos internos

Vista general de unos edificios de apartamentos en Pekín, China.WU HAO (EFE)

A pesar del mundo en llamas, las guerras, disrupciones y las tendencias globales aislacionistas, la locomotora china sigue su ritmo. El Producto Interior Bruto de la segunda economía del planeta ha aumentado un 5% interanual en el primer trimestre de 2026, por encima de las expectativas de varias casas de análisis, y en línea con el objetivo fijado por el Gobierno chino de alcanzar un crecimiento de “en torno al 4,5% o 5%” en 2026. El dato mejora el resultado de los últimos tres meses del año, cuando China registró un aumento del 4,5%, el más débil en tres años.

El arranque deja parcialmente satisfechas a las autoridades, apenas un mes después de que Pekín aprobara el XV plan quinquenal, el programa político y económico para el próximo lustro, con una apuesta reforzada por los sectores tecnológicos punteros y la autosuficiencia.

“La economía de China ha tenido un buen comienzo en el primer trimestre”, ha asegurado en una comparecencia Mao Shengyong, subdirector de la Oficina Nacional de Estadísticas, que ha destacado el empleo “generalmente estable”, el ligero repunte de los precios que esquivan momentáneamente la sombra deflacionista (suben un 0,9%) y el buen desempeño del comercio exterior.

Las exportaciones siguieron al alza, con un 11,9% de incremento interanual, dejando claro que la apuesta de China por el modelo exportador como forma de paliar los problemas de demanda interna no va a cambiar. Las importaciones, en cualquier caso, rebrotaron a un ritmo aún mayor, el 19,6%, lo que podría indicar un ligero reajuste del gigantesco superávit comercial de la potencia asiática ―superó el billón de euros en 2025; seguramente el mayor jamás registrado en la historia―, que es la causa de enormes dolores de muelas para un buen puñado de países.

El alto funcionario Mao Shenyong ha querido destacar “la fuerte resiliencia de la economía de China” en un año en el que “la inestabilidad e incertidumbre externa han aumentado significativamente”. En su opinión, la República Popular ha logrado esquivar el golpe gracias a una mezcla de regulación y políticas económicas acertadas, que han dado apoyo a la cadena de suministro industrial y resuelto las amenazas.

A pesar de las buenas palabras, también ha reconocido que “hay mucha incertidumbre”, y un entorno “volátil”, mientras “los riesgos geopolíticos están aumentando” y que persisten “algunos problemas” en la economía china. “La contradicción de la oferta fuerte y la débil demanda todavía existe”, ha expresado la retórica habitual de las autoridades de Pekín para referirse a la atonía del consumo, que lleva años lastrado en gran medida por el estallido de una gigantesca burbuja inmobiliaria, cuyos efectos siguen coleando.

Las ventas minoristas, indicador de la demanda interna, crecieron un exigüo 2,4% interanual; los servicios rindieron mejor, al 5,5% interanual. Mientras, la inversión sigue muy tocada: creció al 1,7%, aunque la privada disminuyó un 2,2%, especialmente afectada por la vinculada a la promoción inmobiliaria, que cayó un 11,2%.

Los flujos del dinero indican hacia dónde dirige Pekín sus intereses: la inversión en industrias de alta tecnología aumentó un 7,4%. La inversión en la fabricación de equipos informáticos y de oficina, la aviación, la fabricación de naves espaciales y equipos, y la industria de servicios de información aumentaron un 28,3%, 19,0% y 20,9%, respectivamente, siempre según los datos de la ONE.

Mao Shenyong sacó pecho de la capacidad de China frente a la agitación del mundo exterior y del conflicto en Oriente Próximo, destacando “la diversificación” del comercio chino y su capacidad “de hacer frente a los desafíos de riesgo externo”. También ha hecho una defensa encendida del “sistema socialista con características chinas”. “Cuanto más complejo y cambiante es el entorno externo, más obvias son nuestras ventajas institucionales”, ha señalado.

Esta semana, el Fondo Monetario Internacional (FMI) rebajaba la previsión de crecimiento económico mundial, incluida la de China, citando las repercusiones de la guerra entre Estados Unidos e Israel en Irán. En su informe sobre las Perspectivas de la Economía Mundial, publicado el martes, proyectó un crecimiento del PIB mundial del 3,1% este año, 0,2 puntos porcentuales menos que su estimación de enero. China, según sus estimaciones, crecerá al 4,4%, 0,1 puntos porcentuales por debajo de la estimación de enero.

El funcionario chino, en cambio, ha defendido que, mientras los precios internacionales de la energía han aumentado bruscamente en numerosos países, con casos de escasez que han afectado a la vida de las personas, en China el suministro de recursos ha seguido siendo “estable y ordenado”. El Gobierno aprobó en marzo medidas temporales de regulación de precios para la gasolina y el diésel ante la escalada internacional del petróleo. Maoha ha destacado “la autonomía” de la economía de China, la reducción del petróleo en el mix energético y la apuesta por nuevas fuentes de energía, como la electricidad. “El impacto general de las fluctuaciones del mercado internacional del petróleo crudo en el mercado chino es relativamente pequeño”, ha aseverado.

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