Lola Llatas, escritora: “Tenemos que observar a los niños un poco más y ver lo que necesitan”
La autora de literatura infantil aborda el tema de los cambios en su nuevo libro, ‘El jardín de los balones perdidos’, en el que reivindica más tiempo libre para que la infancia disfrute del barrio


La autora de literatura infantil, juvenil y adulta Lola Llatas (Valencia, 49 años) ha afrontado muchas mudanzas a lo largo de su vida. Ha residido en el desierto australiano, en la India, en Londres y los dos últimos años en Arabia, de donde está recién llegada y donde ha vivido, junto a su marido y sus dos hijos, el inicio de la contienda en Oriente Próximo. “Hemos hecho un encaje de bolillos para volver y muy atentos a las noticias, pero ya estamos aquí”, explica la autora, que atiende a EL PAÍS en una cafetería del barrio madrileño de Lavapiés. Esa extensa experiencia de hacer las maletas, y esa evolución que implica empezar en un sitio nuevo, la ha convertido en el tema central de la novela infantil El jardín de los balones perdidos (Edelvives, 2026), con la que ha ganado el Premio Ala Delta 2026.
En El jardín de los balones perdidos, Llatas habla de cómo afrontar esos cambios y de darle espacio a los niños para que asuman la nueva situación, pero también de tejer momentos con la comunidad. De buscar el tiempo para conocer a los vecinos y disfrutar del barrio. “Hay que recordar lo que para nosotros era la infancia, cuando no necesitábamos saber tocar el piano, ni ir a clases de fútbol o de inglés, y reconectar con nosotros”, razona la escritora. Ella lo hace a través de una historia de amistad que comienza cuando Luis Alfonso, un niño de 10 años que se acaba de mudar y al que no le gusta ni el edificio donde vive, ni la tele nueva y, en general, ningún cambio, cuela su balón en el jardín de Violeta, una anciana que lleva años sin salir de su casa porque no quiere que el Ayuntamiento use parte del terreno de su jardín para construir un parque.
La escritora, que estudió Ingeniería de Caminos, decidió apostar por la literatura, su pasión, cuando nacieron sus hijos. Ha publicado novelas infantiles como Los misterios de Sara (Ediciones Diquesí, 2018) o Los intrusos (Pijama Books, 2024) y también historias para adultos como El lugar invisible, (Obscura Editorial, 2023), con la que ganó el Premio Ignotus y el Premio del festival Terramur a la mejor novela en el año 2024.
PREGUNTA. ¿Por qué una novela infantil que habla de los cambios?
RESPUESTA. Porque son algo imprescindible. Los he tratado en muchas otras obras, aunque yo no quiera, por la necesidad de sanarme a mí misma y aceptar ese tipo de situaciones. Y pensé hacerlo a través de una novela infantil porque hablar de este tema desde la mirada de un niño, en una época en la que está descubriendo nuevas cosas y no tiene los prejuicios que tenemos los adultos, me parecía bastante acertado.
P. Trata los cambios que afectan a los niños, pero también las alteraciones que a los adultos les cuesta aceptar. Al final, niños y adultos, en ese aspecto, no somos tan diferentes, ¿no?
R. No, pero los adultos siempre pensamos que para los niños va a ser más fácil. Nosotros tenemos la parte complicada de la logística, pero, en su interior, el cambio va a influir más en la vida de un niño que en la de un adulto. Un adulto lo ve de una manera práctica y sabe cómo dirigir sus cambios. Un niño lo hace transportado del punto A al punto B, no tiene ni idea de lo que es el punto B, y tiene que comenzar a partir de ahí una serie de relaciones que los adultos pensamos que son muy fáciles, que en cuanto llegan al colegio tienen amigos, que si no tienen amigos en el colegio los tienen en el barrio, y a lo mejor no tienen amigos en el colegio ni en el barrio y es complicado hacerlos.
P. ¿Cómo pueden ayudar las familias a que los niños afronten esos momentos en la vida?
R. Hay que acompañarlos, simplemente. La madre, en la novela, lo hace perfectamente, pero también se preocupa demasiado por Luis Alfonso, porque para Luis Alfonso no es importante bajar a la calle, es ella la que quiere que baje. Muchas veces tenemos que aceptar que nuestros hijos simplemente tienen gustos diferentes, o tienen etapas de maduración diferentes o, a lo mejor, un niño que hoy no sale, pasado mañana no va a parar en casa, y viceversa. Creo que tenemos que preocuparnos un poco menos, observarlos un poco más y ver realmente lo que necesitan.
P. Se teje una historia de amistad entre Luis Alfonso, un niño, y Violeta, una anciana. Dos personas que no tienen relación con el barrio. ¿A la infancia le hace falta más comunidad entre las familias y entre los vecinos?
R. Hace falta un poco de tranquilidad mental. Ahora, el mismo niño va a fútbol, inglés y piano y, encima, queremos que esté con sus compañeros. Tenemos un poco que tranquilizarnos en ese sentido y darnos cuenta de que somos comunidad. Es un libro en el que se muestra la empatía hacia los objetos y las personas porque el barrio somos todos. Hay un barrio unido y solamente Violeta está en contra de que haya un parque en ese barrio. Necesitamos estar todos unidos, comunicarnos, comprendernos. Si en lugar de adquirir dos posiciones encontradas todos hiciéramos un poquito de nexo de unión y entendiéramos por qué Violeta no quiere cambiar su jardín o por qué las madres necesitan un jardín, al final todo sería mucho más sencillo.
P. Pero, para eso, las familias también necesitan tiempo.
R. Claro, por eso necesitamos tranquilizarnos y darnos cuenta de que solo se vive la infancia una vez. Recordar un poco lo que era para nosotros esa etapa, cuando éramos pequeños. Ahora, nos hemos hecho mayores y no hace falta que juguemos al fútbol, toquemos al piano y sepamos idiomas a la vez. Vamos a volver a conectarnos con nosotros.
P. ¿Hasta qué punto se tienen que implicar las familias en la lectura de sus hijos?
R. Es una buena idea implicarse si el niño pide implicarse. Cada niño es un mundo. Yo estuve muy a gusto leyendo sola y no entendiendo muchas de las cosas que leía, pero eso me hizo adquirir vocabulario, formas de expresión, intentar buscar otras lecturas. Hay otros momentos en los que sí que apetece que te acompañen. Pero que te acompañen bien acompañado, leyendo el libro. Que te acompañe alguien a quien le interese, porque para acompañarte a medias tintas, mejor que no se involucre. Yo he leído muchísimos libros con mis hijos y cuando llegas a uno en el que los dos estáis implicados es muy divertido. Es una lectura de la que te acuerdas para siempre. Encontrar a alguien que le guste realmente el mismo libro que a ti y poder comentarlo es lo mejor que te puede pasar como lector.
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