Diana Oliver, escritora: “La sensación de aislamiento emocional en la maternidad es muy común”
En su nuevo libro, ‘Deberías alegrarte’, la autora y periodista especializada en maternidad analiza la depresión posparto, una enfermedad infradiagnosticada; subraya la importancia de cuidar la salud mental de las mujeres y cuestiona el modelo de madre perfecta y profesionalizada que ha sustituido al mito tradicional


Las mujeres somos las que tenemos hijos. Y muchas veces, una vez nos quedamos embarazadas, la sociedad y nuestro entorno nos ignoran: ignoran nuestras necesidades físicas y, sobre todo, las mentales, las grandes olvidadas. Y cuando damos a luz, la cosa no mejora; puede ocurrir un parto difícil, puede sufrirse violencia obstétrica y, en más ocasiones de las que se reconocen, la nueva madre sufre depresión posparto.
De este cúmulo de vivencias, realidades y emociones surge el nuevo libro de Diana Oliver (Madrid, 45 años), Deberías alegrarte. Lo que no se cuenta de la depresión posparto (Altamarea, 2026), un ensayo periodístico, cultural y social sobre esta enfermedad y la salud mental perinatal en su conjunto. Este es el cuarto libro de Oliver, que ya había abordado la maternidad en una obra anterior y ha publicado también dos libros de cuentos. El libro analiza cómo la depresión posparto está ampliamente infradiagnosticada —hasta el 75% de los casos—, que afecta a entre el 10% y el 20% de las mujeres tras el parto y que, pese a su gravedad, sigue rodeada de estigma, silencio y falta de recursos.
“El libro surge de una curiosidad muy profunda. Siempre me ha interesado muchísimo todo lo relacionado con maternidad, crianza, embarazo y posparto. Dentro de todo eso, la salud mental de las madres me parecía un punto absolutamente clave y también el más vulnerable”, relata esta madre de dos hijos y que ha sido colaboradora de Mamas & Papas durante casi una década. “Yo quería entender cuántas mujeres sufren depresión posparto, qué cifras existen, desde cuándo se habla de ello y cómo se ha dibujado este problema a lo largo del tiempo”, señala.
PREGUNTA. Tras averiguar todo eso, ¿llegó a alguna conclusión sobre la depresión posparto?
RESPUESTA. Sí, que hablamos de un problema que afecta a muchísimas mujeres y que, sin embargo, ha permanecido sin nombre durante siglos.
P. ¿El estigma sobre la depresión posparto ocupa un lugar central en todo ese análisis?
R. Sí, porque hay un doble estigma muy fuerte. Por un lado, el estigma de la salud mental en general: decir que estás mal, reconocer una vulnerabilidad, sigue estando muy mal visto y asociado a debilidad. Y en el caso de la maternidad, ese estigma se duplica. Cuando una mujer se convierte en madre, parece que no puede permitirse estar mal. Socialmente se espera que esté feliz, agradecida y que viva ese momento como algo plenamente gozoso. Entonces, ¿cómo vas a decir que estás mal si tienes un bebé al que cuidar? ¿Cómo te vas a permitir reconocer que no estás bien si se presupone que deberías estar feliz? Todo esto genera una culpa enorme y un malestar muy difícil de sostener.
P. A menudo se habla de la depresión posparto como algo que aparece después del nacimiento, pero usted amplía esa mirada.
R. Claro, porque no empieza necesariamente después del parto. Hay muchos estudios que muestran que si una mujer sufre ansiedad o depresión durante el embarazo, la probabilidad de arrastrar ese malestar al posparto es muy alta. Ahí hay un factor preventivo clave. Si durante el embarazo se detecta que una mujer está sufriendo y se le hace un seguimiento adecuado, se pueden evitar cuadros más graves o que la depresión se cronifique. El problema es que muchas veces ese acompañamiento no existe o es insuficiente.
P. Las cifras que se suelen manejar hablan de un 10% de mujeres afectadas. ¿Es una estimación realista?
R. Probablemente no. Aunque tradicionalmente se habla de un 10%, hay numerosos estudios que indican que la cifra es mayor. Algunos hablan de un 18% a nivel global, otros incluso de un 27%. En España, por ejemplo, hay un estudio muy interesante del Consejo General de la Psicología de 2023 que encontró que un 15% de las mujeres sufrían depresión durante el embarazo y un 27% en el posparto. Además, ese estudio incluía no solo depresiones mayores, sino también síntomas depresivos.

P. ¿De qué magnitud estamos hablando en ese infradiagnóstico?
R. Se estima que hasta el 75% de los casos de depresión posparto no se diagnostican. Esto ocurre por el estigma, pero también por la falta de formación e información. Muchas veces, cuando una mujer llega a consulta con síntomas, lo que recibe es un “esto es normal”, “son las hormonas”, “ya se te pasará”. Es verdad que el embarazo y el posparto son momentos de descoloque hormonal y vital, pero cuando los síntomas son muy intensos o se prolongan en el tiempo, estamos hablando de otra cosa. Si no hay profesionales formados específicamente en salud mental perinatal, esos casos se minimizan o pasan desapercibidos.
P. Ha descrito, en algún momento, el mapa de la salud mental perinatal en España como un “desierto”. ¿Qué significa eso exactamente?
R. Significa que hay muy pocos recursos y que, además, los que existen suelen ser muy frágiles. Hace unos años se hizo un estudio para analizar cuáles eran los recursos de salud mental perinatal en España y se vio que eran escasos y muy desiguales territorialmente.
P. ¿Cuál es, entonces, el principal problema estructural?
R. Que en España no existe un plan nacional específico de salud mental perinatal. La salud mental perinatal se ha incluido dentro del Plan Nacional de Acción en Salud Mental 2025–2027, lo cual es positivo, pero sigue siendo insuficiente. Hacen falta recursos estables y una estrategia clara centrada en esta etapa de alta vulnerabilidad. Por ejemplo, la prevención es fundamental, el cribado en embarazo, como el que se ha empezado a hacer en Cataluña desde 2024, es un ejemplo muy claro. Detectar problemas de salud mental ya durante la gestación es una medida muy fácil de integrar, muy barata y muy eficaz. Permite intervenir antes de que el malestar se agrave.
P. ¿Por qué es tan importante poner el foco en la salud mental materna?
R. Porque cuidar a una madre es cuidar a toda la sociedad. No somos piezas aisladas. Si una madre está mal, el bebé se ve afectado y el entorno también. Funcionamos de manera ecosistémica: lo que le pasa a una persona repercute en el resto. Cuando no se cuida a la madre, se generan problemas a medio y largo plazo, tanto de salud física como mental, en la madre, en el bebé y en el conjunto de la familia.
P. En ese cuidado, ¿qué papel juega la pareja?
R. Un papel absolutamente central. La pareja es quien, en teoría, sostiene a la diada madre‑bebé. Pero para poder sostener, esa persona también necesita apoyo y recursos. Es cuidar a quien cuida. Además, hay estudios que muestran que cuando la pareja está fuerte mentalmente, la mujer se beneficia mucho más, especialmente en los casos de depresión posparto. Si la pareja no está bien o no entiende lo que está pasando, la situación se complica.
P. En el libro aparece de forma recurrente la sensación de soledad. ¿Es una experiencia generalizada?
R. Sí, completamente. Todas las mujeres con las que hablé compartían esa sensación. No solo una soledad física —estar solas en casa con el bebé—, sino una soledad emocional muy profunda: no sentirse comprendidas por la familia, por las amistades o incluso por la propia pareja. Cuando no hay comprensión ni apoyo, la soledad de la mujer, de la madre, se multiplica y el sufrimiento se agrava. Algunas mujeres estaban algo más sostenidas porque tenían amigas que habían pasado por experiencias similares, pero la sensación de aislamiento emocional en la maternidad es muy común.
P. ¿Cree que las redes sociales influyen en cómo vivimos hoy la maternidad?
R. Muchísimo. Creo que hemos desmontado bastante la maternidad idílica tradicional, pero hemos creado otro estándar igualmente inalcanzable: la maternidad perfecta y profesionalizada. Hay una presión enorme por hacerlo todo bien, por informarse de todo, por cumplir expectativas imposibles. Antes, con los blogs de maternidad, había relatos muy crudos, muy reales, donde se contaban las dificultades, la soledad y el malestar.
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