La atención sanitaria irrespetuosa durante el parto aumenta el riesgo de depresión posparto
Un estudio francés elaborado con más de 7.000 mujeres concluye que una de cada cuatro madres reportó haber experimentado atención materna inapropiada, lo que dificulta su recuperación emocional y afecta a procesos clave como el vínculo con el bebé o la lactancia


Los eventos vitales estresantes durante el embarazo, así como los antecedentes personales de trastornos psicológicos y psiquiátricos, se han señalado habitualmente como los principales factores de riesgo asociados con la depresión posparto. Sin embargo, un estudio francés de noviembre de 2025, titulado Atención materna irrespetuosa y depresión posparto a los 2 meses: un estudio poblacional, y elaborado con más de 7.000 mujeres, concluye que la atención que reciben estas durante el parto y el posparto puede ser un factor de riesgo igualmente importante. Según los resultados de la investigación, una atención materna por parte de los profesionales sanitarios sentida por la madre como irrespetuosa aumenta el riesgo de depresión posparto en un 37%.
Se trata de un estudio observacional, de forma que sus resultados no permiten establecer una relación causal directa entre la atención materna irrespetuosa y la depresión posparto, pero para Patricia Catalá, profesora titular del área de Psicología Social de la Universidad Rey Juan Carlos e investigadora principal del proyecto MdMadre, dedicado a la salud perinatal, eso “no resta valor” al hallazgo. “El incremento del 37% en el riesgo de síntomas de depresión posparto sitúa la calidad relacional de la atención sanitaria como un factor con impacto clínico real y, además, potencialmente modificable”. Su opinión la comparte la psiquiatra Ibone Olza, directora del Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal. “Tradicionalmente se ha subestimado el impacto que la atención que reciben las madres puede tener sobre su salud mental, pero estudios como este nos ayudan a visibilizarlo con claridad”, reflexiona.
La relación entre la atención inapropiada e irrespetuosa y la depresión posparto se explica, según Olza, porque el parto y el posparto son momentos de máxima vulnerabilidad emocional para la mujer. “Desde el punto de vista psicofisiológico, se trata de etapas en las que los sistemas de respuesta al estrés están especialmente activados y el cerebro materno es muy sensible a las señales de amenaza o seguridad”, argumenta por su parte Catalá. “En ese contexto”, prosigue esta experta, “una atención vivida como irrespetuosa puede tener un impacto desproporcionado, dificultando la recuperación emocional y afectando a procesos clave como el vínculo con el bebé, la lactancia o la confianza en el propio cuerpo”.
Según los datos del mencionado estudio, una de cada cuatro mujeres reportó haber experimentado atención materna irrespetuosa. Es decir, que fueron objeto de palabras, gestos o actitudes que las impactaron, ofendieron o incomodaron y que abarcan una amplia gama de abusos: violencia física, verbal o sexual, intervenciones médicas no consensuadas, violaciones de la confidencialidad, negligencia, rechazo de atención, infantilización, chantaje o falta de participación en la toma de decisiones.

De entre las mujeres que reportaron una atención materna irrespetuosa, el 38% señaló que la sufrió durante el parto y el 72% durante su estancia posparto. “Cuando una mujer ya sale mal del parto, por ejemplo, por la necesidad de una cesárea, necesita mucha ayuda, mucho cuidado. Muchas madres no encuentran esto en los profesionales, a veces por una falta de formación. Ahí son clave el acompañamiento, la ayuda en la lactancia inicial, el tratamiento del dolor, la no separación…“, explica Olza. La psiquiatra señala que es conocido que todas estas prácticas facilitan la satisfacción de las mujeres con su experiencia de dar a luz: ”Y al revés, una atención irrespetuosa, el no sentirse cuidadas y sostenidas en el proceso, va a quedar muy grabado".
Para Catalá, los resultados del estudio, más allá de un llamamiento a evitar conductas claramente inapropiadas, invitan a una reflexión sobre la necesidad de aprender a acompañar y a sostener a las mujeres durante el embarazo, el parto y el puerperio: “Acompañar no consiste solo en informar o aplicar procedimientos, sino en estar presentes, escuchar y respetar los tiempos emocionales de cada mujer. Sostener implica ofrecer una sensación de seguridad emocional, especialmente en momentos de miedo, dolor, incertidumbre o pérdida de control, que son frecuentes en estos procesos”.
Más formación y menos fragmentación de la atención
Las dos expertas consultadas coinciden en apuntar que existe una toma de conciencia creciente por parte de los profesionales sanitarios sobre el impacto que tiene el trato que dispensan a las madres. También un mayor interés de algunos de ellos por revisar prácticas, mejorar la comunicación y ofrecer un acompañamiento más respetuoso y centrado en la mujer. Sin embargo, para Olza, la fragmentación de la atención y la poca comunicación entre la atención hospitalaria y la atención primaria resulta en ocasiones un hándicap. “En muchos casos, los profesionales que atienden el parto se quedan con la sensación de que la mujer se ha ido a casa bien, cuando, en realidad, como se ve en este estudio, dos meses después esa mujer está en casa con una depresión y, además, sintiendo que no fue nada bien tratada en su parto”, apunta la psiquiatra, que considera que esta fragmentación provoca que muchos profesionales de la atención hospitalaria “no sean de todo conscientes” del impacto que tienen sus cuidados en la salud mental de la madre durante el posparto. En ese sentido, destaca la importancia de que exista una mayor comunicación y seguimiento entre los profesionales de atención hospitalaria y primaria. “El papel de la matrona aquí es fundamental”, sostiene.
Olza añade también la necesidad de cuidar la salud mental de los profesionales sanitarios: “Hay que hablar de salud laboral, de turnos, etcétera. Para preocuparse de la salud mental de las madres, estos profesionales necesitan ellos mismos tener una buena salud mental”.
Un objetivo claro para Catalá debe ser consolidar un cambio de modelo que ya está en marcha. “En los últimos años, se ha avanzado hacia un enfoque más biopsicosocial, en el que la dimensión emocional y relacional del cuidado tiene un papel central”, argumenta. Para ello, según afirma, es clave seguir reforzando la formación en salud mental perinatal, enfoque de trauma y habilidades de acompañamiento; “así como mejorar condiciones organizativas como los tiempos asistenciales y la estabilidad de los equipos, que faciliten una atención más personalizada”. Por último, apunta que reconocer la atención respetuosa como un indicador de calidad asistencial ayudaría a extender y sostener este cambio sin señalar a los profesionales, sino apoyando una transformación cultural ya en curso.
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