Razones a favor y en contra de visitar a un recién nacido en el hospital
Lo mejor es preguntar a los padres qué prefieren antes del parto, cuando pueden contestar con tiempo de reflexión si su opción es retrasar las visitas pasadas unas semanas


Cuando nace un bebé, sobre todo si es el primero de una pareja o ha sido largo tiempo esperado, la familia y los amigos lo consideran casi el concierto de la estrella de moda y se matan por ser los primeros en contemplar a la criatura. Muchas veces hay una afición tremenda por quedar bien con los recién paridos y demostrarles en persona que su nueva situación familiar te importa muchísimo. Pero, a veces, la gente piensa más en lo que les interesa o necesitan ellos que en la comodidad o la calma del recién nacido y de los padres agotados. Por eso hay visitas al hospital que causan una gran alegría y otras que son un auténtico engorro y fuente de conflictos familiares.
No importa si los visitantes han sido padres antes y ya han pasado por la experiencia, porque a veces se les ha olvidado el tiempo que pasaron en el hospital o simplemente piensan “es que a mí me viene bien ahora”. Lo más rápido para salir de dudas sería preguntar directamente a los padres, especialmente antes del parto, cuando pueden contestar, con energía y tiempo de reflexión, si prefieren que las visitas sean en el hospital o en casa pasadas unas semanas. De esta manera, ya muestras tu buena disposición e interés por ellos y les das margen de maniobra para que se organicen.
De todos modos, en esta columna expongo los motivos para retrasar un poco la visita hasta que el bebé tenga unos cuantos meses o, por el contrario, por si quieres hacer cola en el mismo momento de recibir el WhatsApp con la foto y el peso.
A favor de ir al hospital
- No obligas a los padres a adecentar el piso o preparar un vermutillo. Ya sabemos que hay una cierta confianza, pero habrá progenitores que querrán ser buenos anfitriones y eso les estresará. En cambio, en el hospital como mucho podrán ofrecer una butaca dura.
- Es posible que unos padres prácticos prefieran una visita rápida en el hospital y todo concentrado de golpe antes que el goteo incesante de amigos y familiares durante semanas.
- Tu visita sirve de relevo a la pareja o acompañante para que salga a tomar el aire o un lomo queso caliente en el bar del hospital.
- Puedes llevar regalos útiles y deseados, como sushi o jamón, que harán mucha ilusión, sobre todo a la madre.
- Puedes ayudar a los padres con gestiones, como papeleo, llevarte cosas del hospital a casa o traerles algunas de las veinte cosas que no tenían preparadas o se han olvidado.
- Ya lo tienes hecho y te lo sacas de encima. Si vas solo para cumplir el protocolo y quedar bien, en el hospital puedes estar 10 minutos y ya convalida.

Espérate a que estén en casa
- Por respeto a la madre, que en el mejor de los casos acaba de vivir un parto natural y estará totalmente agotada. Seguramente, ella no disfrutará de la visita y según las pintas con que la veas te sentirás incómodo y confirmarás que no habías tenido que ir.
- El nacimiento de la criatura es un momento mágico y muy especial, que deberían disfrutar los padres a su ritmo y sin presiones ni intromisiones de ningún tipo. Cualquier visita, por bienintencionada que sea, perturbará esta paz inicial.
- No olvidemos que el bebé acaba de nacer y sus defensas son más débiles que la wifi en abierto de una cafetería. Lo que menos necesita es que le llenéis la habitación de posibles virus.
- El niño se está acostumbrando a la vida. Aún no sabe comunicarse bien, pero seguramente te diría que tampoco necesita que se lo vayan pasando de brazo en brazo, achuchándolo, sacándolo de la cuna y olfateándolo como si fuera las velas de incienso de un bazar.
- Recordemos que en algunos hospitales y clínicas toca compartir habitación, o que las habitaciones no son suites de un hotel cinco estrellas. Así que hay el espacio que hay, y si llegan visitas toca que alguien salga, y normalmente le toca al padre porque es el que no está en camisón en la cama dando la teta. Y al padre ya le puede gustar la vida social, pero si piensa que le están echando del lado de su hijo y que encima tiene que poner buena cara cuando está cansado y nervioso y estresado, tampoco recibirá con mucha alegría tu presencia.
- La novedad hace mucha ilusión, pero el bebé es para toda la vida. O sea, que habrá tiempo de sobra para ir a visitarlo. Y quizá en tres meses, cuando la madre esté aburrida y superada por su rutina, agradecerá mucho más un rato de compañía que la sobredosis inicial en el hospital.
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