Motivos a favor y en contra de que un niño de 10 años vaya solo al colegio
Mi hija lleva un tiempo pidiendo no ir acompañada a la escuela, y yo me muevo entre que al hacerlo será más responsable y el miedo a que en el camino haya riesgos


Mi hija de 10 años lleva meses pidiendo ir sola al colegio. Y cuando digo pedir, me refiero más bien a una exigencia indignada porque, según dice, todas sus amigas van solas. Pero a la que te pones a investigar, quizás son solo un par las que van sin sus padres, y es porque viven solo a dos calles de distancia y esto implica un único semáforo sin coches que giren.
Por estadística y recomendaciones de expertos, entre ellos la Asociación Española de Pediatría, la media de edad con la que empiezan a ir sin padres al centro escolar es de 10 u 11 años. Pero claro, por mucho que la educación vial sea la misma, la situación cambia mucho dependiendo de la madurez de la criatura, su nivel de atención al entorno, o lo complicado que pueda ser ese entorno. Alguien que viva en un pueblo y cerca del colegio, en principio, lo tendrá más fácil que quien deba caminar media hora, atravesando calles poco habitadas o con mucha circulación.
Y claro, entre el padre hiperprotector y el descerebrado que le dice que sí a todo a un menor que aún no está preparado para los retos del día a día hay un término medio, que es el que buscamos la mayoría. Criar sin apretar la mano ni sin abrirla demasiado para que el pájaro salga volando y se salte un semáforo…
Después de debatir, razonar y parlamentar con mi hija con todos los humores posibles, tengo ya una lista de puntos a favor y en contra útil para cualquier padre al que le toque esta charla.
Motivos empoderadores a favor de que el niño camine a su aire
- Convierte a los críos en responsables, porque ahora son ellos los que deben estar pendientes de no dejarse nada en casa, de salir a tiempo, de no despistarse por el camino.
- Ayuda a que los niños se ubiquen y se orienten, tomando decisiones de rutas, atajos, respeto de semáforos o hacer la vista gorda si casi no viene nadie que pueda chivarse a sus padres… Si hasta ahora contigo los niños iban en rebaño y ni se sabían los nombres de las calles, tener que conducirse ellos mismos los convertirá a la fuerza en rastreadores sagaces, pequeños Google Maps humanos.
- Les ayuda a hacer ejercicio si antes tú les llevabas en coche y ahora van a pie o en bicicleta. Si contigo también iban caminando, este punto a favor ya no vale.
- Les da independencia para convertirse en adultos, autoestima y autonomía, porque ahora son literalmente dueños de su destino… siempre y cuando vayan directamente al cole o a casa y no a hacer campana.
- Te da tiempo libre a ti y a tu pareja si ya no tenéis que hacer el recorrido de llevar y recoger cada día.

Motivos objetivos para seguir acompañándoles (porque tú les proteges mejor que ellos mismos)
- Hay un montón de riesgos físicos en el camino acechando a tu querido hijo. Y no quiero ser dramático, simplemente sé que yo como adulto que se fija y que respeta las normas cada día tengo sustos con patinetes, bicicletas, taxis, coches y motos que circulan como si estuvieran jugando al GTA. Un niño se fija menos, confía más y quizá no sabe cómo reaccionar ante situaciones que no salen en las clases de educación vial.
- Te digan lo que te digan en casa, los niños pueden distraerse con el móvil, con la música o con una gaviota devorando a una paloma, y dejar de fijarse en los peligros del entorno. Y hablando de distracciones, es importante que lleguen a destino con todos sus trastos, sin dejarse mochilas, libros o desayuno en el bus…
- Tienes que confiar en el niño, porque quien te dice que no da un rodeo para ir de paseo a donde le apetezca, o se entretiene con otros críos y acaba llegando tarde… Eso sí, como ya no hay salones recreativos, al menos sabes que no estará gastándose la pasta en los arcades.
- La sensación de angustia o intranquilidad de los adultos cada vez que salga de casa hasta que se confirme que el crío ha llegado a su destino. Por mucho que se geolocalice el móvil, tendrás medio cerebro ansioso y pendiente todo el rato.
- Y ya puestos a preocuparnos, con tanta moda del true crime, cómo evitar imaginarnos a los típicos acosadores que siguen a tu niño que va indefenso y solito por la calle, para reírse de él o vejarle de todas las maneras posibles, que para eso el cerebro de un padre angustiado es muy creativo.
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