Sánchez reclama a China que “haga más” para que cesen las guerras y que “se abra para que Europa no tenga que cerrarse”
El presidente tilda de “insostenible” el déficit comercial y hace un alegato en favor del multilateralismo en la universidad de Tshingua, uno de esos símbolos de la transformación del gigante asiático
La historia del jesuita italiano Mateo Ricci, que en 1583 entendió en China que el Mediterráneo no era el centro del mundo y corrigió su mapa, le ha servido a Pedro Sánchez esta mañana en Pekín para hilvanar un discurso en la prestigiosa Universidad de Tshingua en defensa del multilateralismo con dos llamadas de atención a Xi Jinping: que China “se abra para que Europa no tenga que cerrarse” y que “haga más, exigiendo que el derecho internacional se cumpla y cesen los conflictos en el Líbano, en Irán, en Gaza, en Cisjordania y también en Ucrania”.
Sánchez ha trenzado en su primera intervención oficial en Pekín un paralelismo de siglos entre China y España, que hace más de 400 años también era un gran imperio que ya cooperaba con la dinastía Ming. Lo ha hecho en “un templo del saber”, como lo ha definido Sánchez, con más de 53.000 alumnos, todos de primerísimo nivel: Tsinghua tiene de forma recurrente la nota de corte más alta del país en el hiperexigente gaokao, el examen de acceso a la universidad. De sus facultades han salido un buen puñado de las élites políticas y económicas del país; en ella estudió ingeniería química el presidente chino, Xi Jinping, e ingeniería hidráulica su predecesor, Hu Jintao.
Ahí, acompañado de su esposa, Begoña Gómez, y ante el rector Li Lumiang, académicos y alumnos, ha explicado Sánchez que la España de hoy también sabe del papel de China. Si supimos prosperar juntos en el pasado, no hay razón para no hacerlo ahora, ha venido a decir, ejerciendo en todo momento de embajador europeo. “La Unión Europea está haciendo su parte”, ha defendido el presidente antes de explicar los acuerdos en materia comercial y los esfuerzos de apertura. “Necesitamos que China haga lo mismo”, ha explicado, para corregir un déficit comercial que creció un 18 por ciento solo el año pasado que resulta “insostenible por los movimientos aislacionistas que alimenta y por los agravios y el dolor social que provoca”.
Europa, ha añadido Sánchez, “puede parecer pequeña en un mapamundi” pero es “un actor clave” de cuya unidad depende un orden internacional estable y un futuro próspero. “Así que no incurran en el error de Mateo Ricci”, ha recomendado el presidente, que de nuevo ha defendido que se replantee la arquitectura de Naciones Unidas. En línea con los intereses de China, ha planteado que “Occidente debe renunciar a parte de sus cuotas de representación” para que “el pasado no asfixie el futuro”.
Guiños a la posición de Xi Jinping de Sánchez que, sin mencionar de forma expresa a Donald Trump, ha criticado a quienes hacen una “lectura equivocada y peligrosa por inmovilista” del mundo actual y no asumen que “el progreso germina en muchos lugares, que no se parecen entre sí, que no tienen la misma cultura ni condiciones sociales”. “Que no necesitan pedir permiso para crecer”, ha sentenciado. Reconocimiento a China como superpotencia y recado para que juegue ese papel en favor de la resolución de los conflictos: hay objetivos que son “inalcanzables” sin China, que tiene que implicarse más en la defensa efectiva del derecho internacional y contribuir a parar las guerras en Oriente Próximo y Ucrania.
En primera fila ha escuchado el discurso Yan Xuetong, uno de los académicos más influyentes de China, con fama internacional. Experto en relaciones internacionales, sus teorías combinan el realismo político con la antigua filosofía política china, proponiendo que la autoridad moral, y no solo la fuerza militar, son claves para que un Estado se convierta en una superpotencia que lidere de forma estable. El año pasado, este profesor se hizo viral en redes con un vídeo en el que le afeaba a un militar israelí la ofensiva de Gaza: “Sus militares deberían disparar a los terroristas. No a los niños. No a las mujeres. [Israel] ha matado a más de 70.000 civiles”.
Como ya hiciera en su visita al presidente Xi en 2023, un año después de la invasión a Ucrania, Sánchez reclama a China que utilice su influencia sobre Rusia e Irán para remar en favor de la solución del conflicto, un planteamiento que previsiblemente haga este martes en su reunión con el presidente chino. “El derecho internacional es la base de todo”, ha proclamado en la universidad, antes de conectar al sabio jesuita de 1583 con los astronautas del Artemis. “Desde allí vieron la tierra como un lo que realmente es: una esfera sin extremos ni fronteras”. “Nuestro deber es entendernos y cooperar para hacer que ese milagro siga prosperando”.
“Me interesa la política internacional. Nos ayuda a comprender mejor el mundo, por eso he venido”, contaba Yang Jiayue, de 21 años, una de las decenas de estudiantes que han llenado el auditorio. “Estoy completamente de acuerdo con lo que ha dicho en el discurso”, confesaba Diego Rodríguez, de 25 años, uno de los pocos españoles (solo 29) que estudian en Tsinghua. Él, que habla un mandarín impecable, ha sido el encargado de abrir el acto. “China tiene que aportar más al orden mundial. Y también económicamente, y en el tema del cambio climático y en inteligencia artificial, China tiene que estar ahí y poner más de su parte”, dice este estudiante de ingeniería de medio ambiente.
Tsinghua es una de las mejores universidades de China, quizá la mejor, según a quién se pregunte; la más puntera a nivel de ciencia y tecnología. Con más de un siglo de vida, funciona como uno de esos símbolos de la transformación del gigante asiático: a medida que ha ido ascendiendo, convirtiéndose en la segunda economía del planeta, Tsinghua se ha colocado también entre las primeras universidades del mundo. Es la número 18, según el ranking de Shanghai; y alcanza el número uno en campos que China se disputa con Estados Unidos, como ingeniería mecánica, ingeniería electrónica y nanotecnología. En ciencias informáticas es la segunda a nivel mundial, solo por detrás del Massachusetts Institute of Technology.
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