Sánchez consolida su relación con Xi Jinping y apuesta por China como potencia estabilizadora frente a Trump
La guerra marca la cuarta visita del presidente, que pretende que su fluida interlocución allane las inversiones chinas en España y la negociación comercial de la UE


Pedro Sánchez vuelve a estar en China. Vuelve a desplegar a partir de este lunes una agenda al máximo nivel que no es nueva, que ha repetido cuatro veces desde 2023. Los Reyes también estuvieron en noviembre pasado, lo que completa una secuencia reiterada de visitas y reuniones que expresan la apuesta española por priorizar los lazos con la segunda potencia del mundo en plena tensión con Estados Unidos. En ese marco ha situado la visita la prensa china, que destaca que “Madrid necesita ampliar su red de asociaciones para contrarrestar a Washington”. Sánchez regresa a los lugares e interlocutores de otros años, pero en un contexto diferente.
Con el mundo pendiente de si queda algún margen para el diálogo entre Estados Unidos e Irán y el presidente español como referente europeo del “no a la guerra”, el jefe del Ejecutivo volverá a intercambiar impresiones con el líder de la superpotencia, el presidente Xi Jinping, a quien ya le pidió en una anterior visita una mayor implicación para acabar con la de Ucrania. La República Popular no ha tenido públicamente un papel activo en la mediación en el conflicto de Oriente Próximo, pero la Moncloa sí valora su actuación en la sombra para facilitar la frágil tregua, al lado de Pakistán, y defiende que China ha de jugar un papel importante como potencia estabilizadora frente al papel de la Administración Trump.
Las crónicas chinas que han relatado este fin de semana el aterrizaje del presidente en la capital sitúan al país asiático como una suerte de alternativa para Sánchez que, en cualquier caso, sigue considerando a Estados Unidos como un aliado. “Son socios distintos”, decía al respecto el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, en una entrevista en Eldiario.es. “Pekín defiende firmemente el multilateralismo, es una opción evidente”, escriben en China Daily, un periódico controlado por el Gobierno chino, que se recrea además en destacar que el dirigente español es uno de los líderes europeos que viajan al país con más frecuencia. De los movimientos de Sánchez y su esposa dentro de su agenda privada —todavía no han empezado los actos oficiales convocados— circulan ya por las redes sociales algunas imágenes grabadas por usuarios locales. Entre otras, unas tomadas el sábado por la tarde en un hutong, un tradicional barrio de Pekín, visitando la Torre del Tambor y la Torre de la Campana.

También en la relación con otros mandatarios occidentales con China, el contexto de 2026 ha cambiado con respecto al de visitas anteriores. Cuando Sánchez participó en abril del año pasado en un almuerzo de tres horas con el presidente Xi, no había tantos socios europeos haciéndose la foto en el Gran Salón del Pueblo. “Sería como cortarse el cuello”, dijo entonces el secretario del Tesoro de EE UU, Scott Bessent, a cuenta del acercamiento entre España y China en plena batalla comercial. Ahora la situación es distinta. Para dirimir sus diferencias, Donald Trump tiene previsto viajar a Pekín a mediados de mayo y en los últimos meses han desfilado por las alfombras rojas de Pekín destacados líderes, desde el presidente francés, Emmanuel Macron, al canciller alemán, Friedrich Merz, pasando por el británico Keir Starmer o el canadiense Mark Carney.
Es el cuarto viaje pero, según desliza la Moncloa como prueba de la madurez de la relación, es el primero con naturaleza “oficial”, estatus más elevado en la jerga diplomática y que justifica que a Sánchez le acompañe su esposa, Begoña Gómez, invitada por las autoridades chinas al banquete con el que les agasajan el martes, el día de más intensidad de contactos. Además de la reunión con el presidente Xi, hay citas previstas con el presidente del comité permanente de la Asamblea Popular y el primer ministro, reuniones de carácter institucional que el Gobierno considera que tienen impacto directo en la economía española: las inversiones públicas y privadas del gigante industrial dependen del visto bueno de las autoridades.
La delegación española tiene también el propósito de desenredar nudos que complican el acceso al mercado chino de las exportaciones españolas, sobre todo productos agrícolas y manufacturas. Es el trabajo que han hecho en otras ocasiones y que la Moncloa sostiene que, pese a las dificultades y las cifras del déficit comercial, ha dado frutos. De hecho, defienden que gracias a la buena interlocución, China no cerró las puertas a todo el porcino español tras el foco de peste detectado en Cataluña. Pese a todo, la balanza comercial sigue siendo negativa, agravada ahora por las barreras arancelarias introducidas por Estados Unidos, que han mejorado las posiciones de China en Europa. La losa del déficit comercial supera los 40.000 millones de euros a pesar de que las exportaciones españolas han crecido un 7%.
Engrasar las negociaciones con la UE
En el Gobierno presumen de tener una importante capacidad de interlocución con China, de que sus autoridades les escuchan y de que esto es relevante para facilitar la negociación comercial con la Unión Europea con la que trabajan, subrayan, de forma coordinada. Por mucho que Sánchez busque perfil propio en Bruselas, las grandes pautas comerciales se deciden en el marco europeo.
Con la preocupación por la brutal competencia de China con el vehículo eléctrico, hay especial interés en centrar las conversaciones de estos días en la tecnología y la innovación; de hecho, han incluido una visita a la fábrica de la compañía Xiaomi. Insisten en la Moncloa en que quieren fomentar alianzas y consorcios con empresas chinas, pero siempre bajo la premisa de que las inversiones tienen que generar valor añadido y empleo local en España. Ahí está la madre del cordero en las negociaciones para la instalación de empresas en España, que aparece retratada en la prensa local de este domingo como un país con una estructura industrial “complementaria” a la china.
Distintas empresas del sector de la innovación van a participar en un evento con el presidente que, en esta ocasión, no ha viajado acompañado en el avión oficial por representantes de compañías. Tampoco por ningún ministro económico. Solo José Manuel Albares, el titular de Exteriores, va a participar con Sánchez en las citas de carácter institucional.
Cuerpo se estrena en Madrid
Hasta el miércoles, China va a acaparar la agenda del presidente, así que será Carlos Cuerpo, flamante vicepresidente primero, quien presida por primera vez la reunión del Consejo de Ministros y se estrene como principal miembro del Gobierno de la sesión de control del Congreso en una sesión que la oposición querrá centrar en la corrupción, porque esta será la segunda semana del juicio en el Tribunal Supremo del primer caso de corrupción que afecta al PSOE de Pedro Sánchez.
La estrategia china alejará de todo esto al presidente, que a su regreso a España también se volcará en la agenda internacional, la faceta en la que se encuentra más cómodo y que coloca un marco en el que Alberto Núñez Feijóo no le resta protagonismo. Sánchez, en cambio, encadena una cumbre con otra. El viernes, participa en una bilateral con el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, el sábado ejerce de anfitrión de los líderes progresistas en Barcelona y la semana que viene viaja a Chipre a una cumbre informal de la Unión Europea. Y la guerra de Irán, donde la posición de Sánchez se reconoce sin matices en la escena internacional, volverá a ser el asunto en el que converjan los discursos en todos estos foros.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.


























































