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sucesos

El detenido por matar a un niño de 11 años dejaba mensajes en papel: “No quiero ser una carga, no quiero hacerle daño a mis amigos y que vuelvan a gritarme así”

El detenido se presentó en el hospital y aseguró que había sufrido un brote psicótico, después de cambiarse de ropa

El padre del menor asesinado en Villanueva de la Cañada, durante el minuto de silencio en la plaza del ayuntamiento.Victor Sainz

David P. estaba a una semana de cumplir 12 años. Demasiado pronto para morir. Su entorno todavía está empezando a entender el vacío que deja. Pero probablemente nunca llegue a encontrar una explicación que resulte suficiente a la causa de haberlo perdido tan pronto. En encontrar ese porqué trabaja la Guardia Civil que desde este jueves investiga el homicidio de este pequeño apuñalado por un joven de 23 años llamado Julio B., en Villanueva . El agresor, que acudió horas después del crimen a un hospital donde fue detenido, padece autismo severo, según confirmó su familia en televisión, y solía juntarse con menores porque con ellos es con los que se sentía cómodo. En un lugar de una plaza escondía papeles con mensajes, que ahora tendrán que analizar los investigadores. Uno de ellos decía: “No quiero ser una carga, no quiero hacerle daño a mis amigos y que vuelvan a gritarme así”. Nada podía hacer presagiar que este jueves iba a ser el último día en la vida de David, el mejor de su clase y un guardameta sobresaliente.

El jueves, a última hora de la tarde, David salió de su clase de inglés en el centro cultural de Villanueva y fue al baño. En algún momento de ese recorrido, Julio lo siguió y, cuando estaba llegando a los aseos, le asestó, al menos, tres puñaladas, en el tórax, el cuello y la espalda. La autopsia será determinante para dibujar esos últimos minutos de vida del pequeño a manos de su homicida.

Después, Julio escapó del lugar para, horas más tarde, presentarse en el hospital de Móstoles junto a una familiar que aseguró que el chico había sufrido un brote psicótico, según fuentes cercanas al caso. Estas mismas fuentes apuntan a que el presunto asesino se había cambiado de ropa. Durante todo el viernes permaneció ingresado y custodiado en el ala de psiquiatría del centro hospitalario. La Guardia Civil peinó durante todo el viernes cada palmo de la localidad en busca del arma homicida, y a primera hora de la tarde incorporó a los perros especializados en la detección de restos biológicos.

David sufrió una parada cardiorrespiratoria que el Summa 112 logró revertir, pero su estado era muy débil y falleció camino del hospital 12 de Octubre, en el helicóptero que lo transportaba para tratar de salvar su vida in extremis. El crimen pilló a su madre, Anka, en el coche, camino a buscar a su hijo a la salida de esa clase de inglés y al padre, Gabriel, en la iglesia ortodoxa de Villanueva, celebrando la semana santa. El progenitor formaba parte de la coral y tiene una empresa de construcción. David era el mayor de tres hermanos. Su familia había emigrado de Rumanía hace más de una década. El hombre reunió fuerzas este viernes para estar presente, al lado del alcalde de Villanueva, Luis Manuel Partida, en el homenaje que el pueblo rindió al pequeño, pero a la madre el dolor no le permitió salir de casa.

“Feliz”, “sonriente”, “alegre”, eran los adjetivos que los padres de otros niños decían de David horas después del crimen. Todo lo que se puede decir de un niño de 11 años, que esta empezando a construir su personalidad. El pequeño era portero y había formado parte del equipo de Brunete y ahora jugaba en el del Villanueva. “Los niños están destrozados, les hemos explicado lo que ha pasado como hemos podido. Les hemos dicho que ha pasado una desgracia, pero es que no lo entienden porque para ellos es inconcebible que se vaya un niño”, señala Fernando M., de 50 años, vecino de Villanueva y padre de un niño que conocía a David. El Ayuntamiento asegura que ha puesto un equipo de psicólogos a disposición del centro escolar del pequeño, el Santiago Apóstol.

Este viernes a mediodía, después del multitudinario homenaje en la plaza de España, un niño se acercó a un extremo de la plaza y dijo que allí dejaba Julio, el presunto homicida, algunos de sus papeles. Efectivamente, el pequeño sacó varios legajos, que después entregó a un agente. En uno de ellos se lee: “No quiero ser una carga, no quiero hacerle daño a mis amigos y que vuelvan a gritarme así”. De confirmarse que estos escritos salieron de su puño, supondría un elemento más que prueba su obsesión por las relaciones sociales. Su cuenta de Instagram acumula mensajes sobre el desencanto con la amistad. Sin apenas dudas sobre la autoría, el estado mental del agresor será la piedra angular del futuro judicial de este caso. Si se considera que Julio no tenía afectadas sus capacidades, podría enfrentarse a la prisión permanente revisable; si se considera que un trastorno psíquico ha afectado a su razón, podría ser condenado a un internamiento psiquiátrico.

Horas después del homicidio, los padres de Julio participaron en una emisión de TVE, en la que apenas pudieron pronunciar palabra alguna sin llorar y la madre se puso de rodillas ante la cámara para pedir perdón a Anka, la madre del niño asesinado por su hijo. Víctima y agresor se conocían desde hacía tiempo. Unos amigos de David cuentan que Julio solía juntarse con ellos porque no tenía muchos amigos y que el pequeño fallecido era el que más caso le hacía. Una empatía que pudo ser crucial en que el agresor tuviera una especie de fijación con el menor. Este relato cuadra con la descripción de la madre del detenido, quien aseguró en su encuentro con el reportero de TVE que su hijo se juntaba con los pequeños porque su mentalidad era la de un niño y que había progenitores que no entendían esta circunstancia. Fuentes cercanas al caso apuntan que esto había generado malestar entre algunas de las familias de los menores.

Alina T., de 40 años, recordaba con algunas de sus compatriotas en el homenaje en el centro del municipio que Julio era un habitual de las misas ortodoxas. “Lo hemos visto muchas veces, se juntaba con los niños, pero no nos pareció agresivo. Lo recuerdo también en los ensayos de los villancicos de navidad. Estamos muy afectados porque este es un pueblo en el que los niños van solos”, apunta. También esta mujer ha tenido que trabajar el duelo con su hijo, que conocía a David desde la escuela infantil.

Decenas de amigos de la víctima han dejado este viernes ramos de flores y una cinta con forma de corazón a las puertas del centro cultural en el que falleció el niño. Allí estaba parte de la familia del pequeño, entre ellos Raúl, que aseguraba que no tenían fuerzas para decir nada. Tan solo acertaban a expresar su temor a que el homicida no pague ante la justicia la muerte de su pequeño.

En el césped, reposaba un balón de fútbol con mensajes de recuerdo. “Siempre en nuestro equipo, campeón”, rezaba uno de ellos. Frente al portón, una madre de la comunidad rumana de Villanueva que prefiere no decir su nombre aseguraba que este caso es una pena porque “nosotros le decimos a nuestros hijos que todos son hijos de dios, que si ven a algún niño con una enfermedad, lo acojan, porque podría ser alguien de su familia... Y seguiremos haciéndolo”.

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