Vali Nasr, antiguo asesor para Irán de la Administración de Obama: “Teherán tiene ahora más influencia que antes de la guerra”
El profesor de la Universidad Johns Hopkins cree que el conflicto ha puesto límite a la asunción de Trump de que todo puede lograrse por la fuerza de las armas


La voz del politólogo Vali Nasr (Teherán, 65 años), profesor de la universidad estadounidense Johns Hopkins, se considera una de las más autorizadas del mundo sobre Irán, el chiísmo, la República Islámica y la política exterior de Estados Unidos en Oriente Próximo. Autor de obras de referencia sobre su país natal, su trabajo trasciende lo académico: entre 2009 y 2011, ejerció como asesor principal de Richard Holbrooke, representante especial de Washington para Afganistán y Pakistán. En ese periodo asesoró también sobre Irán al Departamento de Estado y al propio presidente Barack Obama. Por videollamada el martes desde EE UU, este especialista muestra un cauto optimismo sobre las negociaciones que empezaron el sábado en Pakistán entre Teherán y Washington. También describe cómo esta guerra ha mostrado los límites de la creencia de Donald Trump de que todo se puede conseguir por la fuerza militar. Tras 40 días de bombardeos, que el presidente Donald Trump se haya avenido a negociar con su enemigo es, a sus ojos, la asunción de un fracaso.
Pregunta. ¿En qué punto está la negociación de paz que empezó en Pakistán?
Respuesta. Creo que se lograron avances significativos en la reunión de Islamabad. No habrían estado hablando durante 21 horas hasta las tres de la mañana si no hubieran progresado. La cuestión más importante es que tras 40 días de lucha, ambas partes no quieren volver a la guerra, aunque sus posiciones estén aún alejadas.
P. ¿Cuáles son los principales obstáculos?
R. La falta de confianza es crucial. No se negocia solo con un país, sino también con su líder. Si este es narcisista, quiere la victoria total, que el otro bando capitule y ha demostrado que no es digno de confianza porque fue él quien abandonó el acuerdo nuclear de 2015, la consecuencia es pensar que ese líder puede romper un nuevo acuerdo. Estados Unidos, además, bombardeó Irán en medio de sendas negociaciones [en junio de 2025 y en febrero]. No se trata solo de si Irán puede confiar en Estados Unidos, sino de si puede confiar en este presidente. Los cálculos de Trump en esta guerra se han demostrado erróneos: que sería rápida, que Irán se rendiría y que habría una rebelión masiva. Tampoco previó que Irán fuera capaz de ampliar la guerra para amenazar la economía mundial. Los iraníes no fueron a Islamabad solo para firmar sobre una línea de puntos y rendirse.
P. ¿Cuál es el objetivo del bloqueo estadounidense del estrecho de Ormuz?
R. Es una manera de aumentar la presión sobre Irán, pero también la aumenta sobre la comunidad internacional. China, Arabia Saudí y otros países se están dando cuenta de la forma en la que Trump aborda el bloqueo, que se basa en la suposición de que Irán se derrumbará rápidamente, un cálculo que puede ser también erróneo. ¿Qué pasará si los iraníes están dispuestos a sobrevivir comiendo hierba? ¿Y si el petróleo llega a 200 dólares el barril? ¿Y si los iraníes también cierran el mar Rojo [con ataques de su aliado, la milicia Huthi]?
P. ¿Qué le parece la postura de España sobre este conflicto?
R. La forma en que España ha manejado no solo la guerra de Irán, sino también la de Gaza, ha elevado su posición global, mientras que Estados Unidos y [el resto de] Europa occidental están en el lado perdedor.
P. ¿La guerra está destruyendo la hegemonía estadounidense?
R. Yo no diría que la ha destruido, pero sí reducido de forma estratégica. La suposición de Trump de que Estados Unidos puede salirse con la suya mediante la guerra, la intimidación o los aranceles ha llegado a su límite en Irán. Lleva 40 días luchando y no se sale con la suya. Lo único que puede hacer es tratar de convertirlo en algo mucho más grande, como borrar la civilización de Irán o en una campaña aérea masiva, o bien optar por la única alternativa: un acuerdo. Estar de acuerdo no equivale a dictar; significa que Estados Unidos pidió negociar, lo que sugiere que, tras 40 días de guerra, ha perdido. También Israel está llegando a los límites de lo que sus fuerzas armadas pueden hacer. Salió de la guerra de Gaza partiendo de la suposición de que sus fuerzas armadas podían resolver todo en su beneficio. Ahora esos dos países juntos no han podido ganar esta guerra de la manera que querían: Irán ha sobrevivido.
P. ¿Irán ha ganado influencia?
R. Sí. Ha obtenido influencia al frustrar los planes estadounidenses e israelíes y demostrarse a sí mismo que es un hueso duro de roer. También ha aprovechado el haber tomado por sorpresa a Israel y, en particular, a Estados Unidos, al librar una guerra contra los países árabes, las bases estadounidenses, la infraestructura energética y cerrar el estrecho de Ormuz, lo que se ha convertido en un nuevo frente del que Estados Unidos no puede defenderse. Pueden hundir los barcos iraníes, pero eso no importa. Irán puede mantener el bloqueo desde el aire con drones, minas y armamento barato. Lo extraño es que la única respuesta de Washington para el cierre iraní del estrecho de Ormuz sea cerrarlo aún más.
P. ¿Por qué Trump sigue definiendo la cuestión del programa nuclear iraní como “la única que importa”?
R. Porque es algo en lo que puede cantar victoria. También es la cuestión que es más probable que Irán negocie. No va a haber ningún logro respecto a los misiles iraníes ni al bloqueo de Ormuz, por lo que ese tema sigue siendo la forma más fácil de llegar a un acuerdo en el que [Trump] pueda proclamarse vencedor y los iraníes obtener un alivio de las sanciones.
P. ¿Cómo es la situación interna en Irán?
R. Ha habido una serie de suposiciones que han resultado falsas. Una es que la gente se rebela y traiciona a su país en plena guerra. En segundo lugar, la población iraní está muy indignada y en enero se rebeló, pero no está organizada. No hay ningún partido político ni una oposición estructurada y un estallido repentino de ira es algo muy distinto a una organización capaz de llevar a cabo una campaña política. En tercer lugar, cuanto más se prolongaba la guerra, más evidente resultaba que esta se libraba contra el país, no contra sus dirigentes. Cuando Israel bombardea universidades, hospitales y barrios; cuando destruye las infraestructuras, lo deja claro.
P. ¿Hay un repunte del nacionalismo?
R. El nacionalismo ha ido ganando terreno, pero nacionalismo no equivale a apoyo al régimen. Sí significa que no va a haber un levantamiento político ahora mismo, porque mucha gente en Irán entiende que, ya seas de la Guardia Revolucionaria o de la [milicia] Basij o estés en contra del régimen, ahora mismo estás defendiendo a tu país. Eso no significa que cuando termine la guerra, la política no vaya a volver. La República Islámica no se ha vuelto popular de repente.
P. ¿Los iraníes volverán a manifestarse?
R. Estoy seguro, a menos que las cosas cambien drásticamente. Esta guerra está transformando tanto las cosas que no sirve de nada mirar al pasado como modelo para el futuro, pues cambiará a Irán y a su Gobierno de manera profunda y no necesariamente para mejor. Si hay un acuerdo y un alivio significativo de las sanciones, el panorama será muy diferente. Lo que ocurrió en enero sigue ahí: miles y miles de personas asesinadas después de que millones se levantaran. Los problemas que llevaron a los iraníes a rebelarse en enero siguen ahí: la pobreza, el aislamiento, la inflación y la escasez, a lo que se suman ahora los enormes daños causados por esta guerra.
P. Un pronóstico es que Irán será una dictadura de la Guardia Revolucionaria con fachada religiosa.
R. Eso es simplista. El IRGC (siglas en inglés del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica) ya tenía el control y, sin duda, ese dominio se ha vuelto más prominente durante la guerra, pero no es todo el sistema. Irán tiene un sistema multinodal y no se trata solo de los clérigos y del IRGC; también hay oligarcas y una clase política con diferentes facciones.
P. ¿De esta guerra emergerá un hombre fuerte?
R. El líder de Irán se llama Mojtaba Jameneí. Si sobrevivirá a la guerra, si es capaz de gobernar, es un tema diferente, pero, mientras hablamos, él es el principal dirigente de Irán, por la Constitución y por el poder que tiene. El resto están en sus cargos porque él lo ha decidido; desde el comandante del IRGC hasta el asesor de seguridad nacional. Incluso el papel que desempeña [Mohamed Baqer] Qalibaf [el presidente del Parlamento iraní, que encabeza la delegación de su país en Islamabad] se debe a Mojtaba Jameneí.
P. A menudo se le describe como una marioneta de la Guardia Revolucionaria.
R. Él es la Guardia Revolucionaria. La Guardia Revolucionaria que ahora tiene el control ha sido obra suya durante más de 30 años. Todos los comandantes que ha nombrado son las personas más cercanas a él. La verdadera pregunta es: ¿cómo pretende gobernar Irán? Estamos viendo su huella en cómo Irán está llevando a cabo la guerra y las negociaciones, pero no hemos visto cómo pretende gobernar el país en una situación de paz.
P. ¿Cuál es el mejor escenario para Irán? ¿Y el peor?
R. En el peor de los casos, Irán se convertirá en un régimen más aislado, pobre y dictatorial, mucho peor de lo que es ahora, tanto económica como políticamente, y en una amenaza para su región, con el riesgo de que llegue a dotarse de armas nucleares. En el mejor, al resolverse esta guerra mediante un acuerdo, Irán podría tener un interés propio en la estabilidad y la seguridad de la región. En ese escenario, incluso si controla el estrecho de Ormuz, tendría un interés financiero para cooperar con los Estados árabes. Quizá el levantamiento de las sanciones abriría su economía y le daría un incentivo para comportarse correctamente. Irán no va a convertirse de la noche a la mañana en algo completamente diferente; para que siga el camino de China después de Mao o de Vietnam después de la guerra con Estados Unidos, en lugar del de Corea del Norte, tiene que tener incentivos.
P. ¿Descarta un cambio de régimen?
R. No hay nada que me indique que la República Islámica está a punto de derrumbarse o que la población está dispuesta a derrocarla. Lo más probable es que, con su actual liderazgo, siga al frente de Irán durante un tiempo después de la guerra. Lo que yo veo posible es que, en el futuro, la República Islámica se parezca más a Arabia Saudí y a los Emiratos Árabes Unidos y que haya más libertades culturales, pero no políticas, sobre todo porque el grupo que ha tomado el poder impulsa una línea muy dura al respecto.
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