Los iraníes continúan sumidos en una profunda inquietud tras el alto el fuego: “Han destruido el país y nos han abandonado”
Algunos sectores de la población ven con desconfianza el acuerdo con Estados Unidos e Israel y se sienten atrapados por el régimen. Otros consideran que fue una victoria para la República Islámica


El anuncio de un alto el fuego temporal entre Estados Unidos e Irán ha desencadenado una oleada de reacciones contradictorias entre los ciudadanos iraníes. Van desde la esperanza de una paz duradera hasta la indignación por la aceptación de la tregua por parte de Teherán y la preocupación por la continuidad de un sistema debilitado. Algunos ciudadanos se muestran críticos hacia el papel de Washington, en particular hacia su presidente, Donald Trump. Fariba, enfermera, describe el acuerdo como una “traición a las promesas”. “Esperábamos ayuda, porque este régimen ha matado a miles de personas, pero han destruido el país y nos han abandonado”, asegura Fariba, desde Irán. Tanto ella como los demás entrevistados para este reportaje han hablado con EL PAÍS a través de mensajes. Algunos de sus nombres no son reales o están incompletos para evitar represalias.
Shahin, ingeniero de telecomunicaciones, desconfía de la intervención externa. “Me alegra que los represores hayan muerto, pero somos nosotros quienes debemos salvar Irán”, dice.
Mayid, empleado de una empresa publicitaria, califica el alto el fuego como el “comienzo de la desgracia” para la población civil. “Tenemos un gobierno débil e incapaz. No sé qué será de nosotros con esta economía en quiebra y este clima de represión”, lamenta. Según estadísticas oficiales, en los últimos ocho años el poder adquisitivo ha caído más del 90%.
Recuerda, además, que llevan 41 días desconectados de internet. Este ha sido el apagón más prolongado en la historia de un país, de acuerdo con Netblocks, una plataforma especializada en el seguimiento del acceso a la red en zonas de conflicto. “El Gobierno ha cortado la red para silenciar a la población y evitar que nos comuniquemos. No les importa cuántos empleos se pierdan", sostiene Mayid.
Ata Mohamed Tabriz, analista de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en Barcelona, identifica la economía como el principal desafío interno en este contexto. “La situación económica se ha deteriorado aún más, y las primeras estimaciones hablan de cerca de un millón de nuevos desempleados. La República Islámica tendrá que hacer frente a esta crisis”.
Otra de las preocupaciones entre la población es la relación con un régimen que, aunque ha perdido a altos cargos en los bombardeos, se mantiene al mando y llama a continuar la lucha. “Después de las matanzas de enero, entre nosotros y la República Islámica hay un mar de sangre”, sostiene Nazanin, diseñadora gráfica. A su juicio, “no se puede esperar que la gente salga a la calle bajo los bombardeos”, como han instado las autoridades a través de canales estatales. Nazanin cree que si la tregua se mantiene "surgirán nuevas protestas”.

Mohamed Tabriz también alude a un comunicado del Consejo de Seguridad Nacional tras el anuncio del alto el fuego, que llamó a la población a salir a las calles en apoyo al sistema. “Es una señal de la desconfianza del poder hacia la fragilidad social y política. En este contexto, el régimen tratará de mantener el control de la calle”, afirma.
Masud, empresario del sector de componentes informáticos, califica de “gran mentira” la afirmación de Trump sobre un supuesto “cambio de régimen”. “Solo cuando se reabra la embajada estadounidense en Teherán se podrá hablar de algo así”, dice.
El investigador en filosofía y sociología en Londres, Erfan Sabetí, escribió en la red X que Trump tiene “una necesidad urgente de imponer la idea de un cambio de régimen”, lo que ha calificado como “una falsedad evidente de un líder autoritario” que pretende imponer su relato como realidad.
Una sensación de alivio
En contraste, algunos ciudadanos acogen positivamente la tregua. Nasrín, residente en Teherán, espera que todo termine con “una paz duradera”. No obstante, cuestiona las negociaciones que se realizarán en Islamabad, la capital de Pakistán. “Según la ley, el presidente [Masud Pezeshkián] es la segunda figura del país. No entiendo por qué Mohammad Baqer Qalibaf [presidente del Parlamento] va a negociar con Estados Unidos; yo desconfío de él”.
Cirus, médico en Teherán, tampoco está convencido. “Trabajé durante todos los días de la guerra, pero al mismo tiempo estaba preocupado por mi esposa y mis hijos, que estaban solos en casa. Como padre y médico, estoy satisfecho con el alto el fuego, pero no soy optimista respecto a las negociaciones”.
Algunos analistas también apuntan a la falta de experiencia de Qalibaf en negociaciones internacionales, especialmente en el ámbito nuclear. Su perfil, marcado por una larga trayectoria militar, podría reflejar un desplazamiento del poder hacia sectores castrenses.
Mohammadreza, librero, critica la polarización social que reina actualmente. “Si dices que estás en contra de la guerra, te acusan de apoyar al régimen”. “Si el objetivo era castigar a los responsables de la represión, debería haberse detenido en los primeros días”, critica. A su juicio, el lema “la ayuda está en camino”, repetido por Trump, no fue más que una excusa para dar rienda suelta a los intereses de Estados Unidos e Israel.
En el otro extremo, algunos consideran el alto el fuego una victoria para Irán. “Estados Unidos e Israel no lograron doblegar a Irán pese a todos sus esfuerzos”, celebra Saeed, funcionario del Ministerio de Industria.
Sina Azodí, director de estudios de Oriente Próximo en la Universidad George Washington, también interpreta la tregua como un éxito para Teherán. “Irán ha alcanzado sus objetivos políticos, que incluían su supervivencia y evitar una rendición incondicional, mientras que los objetivos de Estados Unidos, como el cambio de régimen, no se cumplieron”, escribió en X. A su vez, sostiene que la opción militar contra Irán “ha perdido credibilidad” como herramienta de presión.
Mientras tanto, los medios oficiales iraníes tratan de proyectar un relato de “victoria prudente”. Sin embargo, entre sectores afines al régimen no faltan voces que califican el alto el fuego de “traición” y sostienen que responde a los sectores conciliadores dentro del poder.
“¿Cómo se puede negociar con los asesinos del líder y de los comandantes del país?”, cuestiona Sadegh, un joven veinteañero que no está de acuerdo con que el Gobierno haya aceptado la tregua y la reapertura del estrecho de Ormuz. En su opinión, la guerra debería haber continuado “hasta la retirada total de Estados Unidos y sus aliados”. “Si Israel no es castigado, volverá a atacar”, advierte.
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