La brutalidad de la represión de las protestas en Irán, en cifras: de 3.000 a 30.000 muertos
Varias ONG y expertos estiman que la violencia empleada contra manifestantes iraníes ha causado entre dos y tres veces más decesos que los reconocidos por el Gobierno

El saldo de víctimas de las protestas en Irán todavía es un mar de dudas. El pasado 28 de diciembre, en el Gran Bazar de Teherán, varios comerciantes cerraron sus tiendas para protestar por el deterioro económico del país, que incluye la devaluación del rial iraní —cuyo valor ha alcanzado mínimos históricos— y una inflación persistente. En pocos días, los disturbios se extendieron a las 31 provincias del territorio, transformándose en un claro desafío al régimen dirigido con puño de hierro por el líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí. El Gobierno respondió con un corte total de internet y una violencia extrema, una represión que no se veía en el país desde la Revolución Islámica de 1979. Aunque las autoridades iraníes fijan los muertos en 3.117, varias ONG independientes aseguran que esa cifra oscila entre los 4.000 y 6.500 casos documentados y que se investigan decenas de miles más, lo que elevaría el dato a entre 20.000 y 30.000 fallecidos, según confirman varios medios internacionales y expertos consultados.
La cifra más reciente, recopilada de manera independiente al Gobierno iraní, proviene de la agencia estadounidense Human Rights Activists in Iran (HRANA, por sus siglas en inglés), que afirmó haber documentado 6.854 muertes, el lunes. El desglose proporcionado señala que 6.430 son manifestantes; 152 niños; 214 fuerzas de seguridad; y 58 fueron identificados como “no manifestantes/civiles”. Además, aseguró que otros 11.280 están siendo investigados, lo que dejaría un saldo de unos 18.000 decesos. Esta misma organización destaca que desde que estallaron las manifestaciones, ha registrado 666 protestas en 209 ciudades diferentes. En total, 50.235 personas han sido detenidas, de las que 326 eran menores de edad y 106 estudiantes. También ha contabilizado 11.021 civiles heridos.
Datos proporcionados el 25 de enero por la ONG Iran Human Rights (IHR) apuntaban 3.428 fallecidos documentados, pero estima igualmente que el dato real alcanza los 25.000. En la misma línea, la relatora especial de la ONU en Irán, Mai Sato, aseguró en un comunicado difundido tres días antes que se habían verificado unas 5.000 muertes, pero señaló que fuentes sobre el terreno incrementaban ese número a unos 20.000.
En declaraciones a Euronews el pasado lunes, el doctor Hashim Moazenzadeh, cirujano francés y director del sitio de noticias Palena, subrayó que al menos 22.000 decesos habían sido registrados solo en el ámbito forense, que han pasado por un tanatorio, según las estadísticas generales confirmadas que recibe de fuentes hospitalarias. Otros medios internacionales, entre ellos la revista estadounidense Time y el diario británico The Guardian, calculan que el número de muertos se acercaría a unos 30.000, el primero basado en conversaciones con dos fuentes del Ministerio de Salud iraní. El diario británico cita fuentes médicas en el terreno.
“Es muy difícil hacer una aproximación exacta, pero sí podemos hablar de miles de personas”, asegura Carlos de las Heras, responsable de Europa y Oriente Medio para Amnistía Internacional (AI) en España, en una llamada con EL PAÍS. Este experto afirma que ve como “factible” que los fallecidos lleguen incluso a las decenas de miles, por dos motivos: “Primero, por la opacidad de los iraníes a la hora de permitir la entrada de observadores independientes que puedan llevar a cabo este tipo de investigaciones, y segundo, por el historial que tiene Irán en cuanto a la represión de protestas”, subraya. Ese “historial”, dice, incluye la represión de las protestas de 2017, 2019, 2021, y 2022, estas últimas en respuesta a la muerte de Mahsa Amini, detenida por la policía por llevar mal puesto el velo.
Daniel Bashandeh, analista político especializado en Oriente Medio e Irán, coincide: “Todavía no sabemos la cifra exacta, pero todo apunta a que ha habido una represión mucho mayor que durante la revolución de 1979″. El 17 de enero, Jameneí reconoció públicamente que las protestas se habían saldado con la vida de “miles de personas”. Cuatro días después, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán las cifró en 3.117. Sin embargo, el desglose de este dato es ambiguo. El propio Jameneí declaró a principios del mes que muchos de los fallecidos eran “agitadores” a los que había que “poner en su lugar”, explica el alto cargo de AI.
“El régimen no quiere que se haga eco de lo que está ocurriendo sobre el terreno, sobre todo con estas cifras”, afirma Bashandeh. “El relato no va en términos de reivindicaciones políticas y económicas, sino que ya es algo de supervivencia pura del sistema. Intentan dar una imagen de que no son civiles [asesinados], sino que son vándalos y terroristas que atentan contra el orden constitucional de Irán”, explica el analista por teléfono con este diario.
Javier Gil Guerrero, investigador del Instituto Cultura y Sociedad (ICS) de la Universidad de Navarra especializado en la República Islámica, destaca igualmente una estrategia paralela, en declaraciones a este periódico: “[Las autoridades] publican listas de toda la destrucción que han ocasionado los disturbios de mezquitas, de sucursales bancarias, comisarías de policía y demás para justificar toda la matanza que se ha producido”. También atribuye la gran amplitud de estas protestas a que el régimen se encuentra ahora ante la amenaza real de ser derrotado: “[El Gobierno de Irán] ha aprendido las lecciones que le llevaron a la monarquía a perder el poder en 1979 y está decidido a no repetir los errores que cometió la monarquía”.

De las Heras considera posible que se documente la totalidad de las muertes en estas protestas, pero solo si Irán concede acceso a la misión de investigación de Naciones Unidas. Así lo exigió la organización en el Consejo de Derechos Humanos del pasado día 23, para llevar a cabo estudios independientes, lo cual todavía no ha sido aprobado por el Gobierno del país. Y advierte de que, si bien el nivel de las manifestaciones ha bajado, ha aumentado la intimidación ejercida sobre la población.
“Se están prohibiendo las reuniones, se está acosando a las familias de las víctimas, hay multitud de patrullas armadas por todo el país y existen toques de queda nocturnos que hacen muy difícil el ejercer el derecho a la libre reunión o a la libre expresión por parte de la sociedad iraní”, señala el experto de AI. “Lo que quiere instaurar el régimen es miedo entre la población”, secunda Bashandeh.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.
























































