La candidez de la (presunta) testaferro inunda el juicio por el ‘caso Koldo’
Leonor González Pano se reconoce como mujer de paja de uno de los empresarios a los que habría favorecido la ‘trama Koldo’


Rosario en mano, melena al viento y sonrisa casi perpetua. Así se ha presentado ante el Tribunal Supremo Leonor González Pano, a quienes los investigadores señalan como testaferro de uno de los empresarios a los que Víctor de Aldama habría favorecido gracias a sus tejemanejes con el exministro José Luis Ábalos y su exasesor Koldo García. Está imputada en otra causa ―la de hidrocarburos― en la Audiencia Nacional, pero no debe tenerlo claro porque, cuando los magistrados se lo han preguntado, ha tenido que buscar confirmación visual con su jovencísimo y engominado abogado. Tras el asentimiento de rigor, ha reído y contestado con un tímido “sí”. Era la antesala de un testimonio sin desperdicio.
Su voz dulce, suave, aterciopelada, por momentos infantil, aderezada con gestos risueños y, cuando era menester, de absoluta estupefacción, ha conseguido generar un clima cálido, extraño al Salón de Plenos del Supremo, que ha logrado mitigar la dureza de lo que estaba contado. Era la administradora única de Have Got Time, sí. Una empresa que realmente manejaba Claudio Rivas, sí. Y con la que se compró un presunto soborno (en forma de chalé veraniego) para Ábalos, sí. Pero ella no sabía ni cuál era el objeto social (comercializadora de hidrocarburos). “Solo” cobraba una nómina de 3.500 euros. Y “solo” eso. Porque se quejó a su novio por WhatsApp, y se ha vuelto a lamentar este jueves en pleno juicio, de que con todo el dinero que se movía para abrir puertas ―la Guardia Civil calcula que al menos un millón de euros―, nunca recibió nada más que su sueldo.
Mientras pasaba las cuentas del rosario, recordaba que todo comenzó con un amor de juventud. El que vivió con Aldama, que la miraba con ternura. Fue hace “muchos años” pero con el paso del tiempo cultivaron una “relación súper estrecha” que arraigó en el salón de su casa. “Éramos familia”, ha ilustrado. Por eso, cuando “Claudio” intentaba remover obstáculos para obtener la licencia de operadora de hidrocarburos para su nueva empresa, Villafuel, no lo dudó ni un momento. ¿Quién mejor que “Víctor”, que “siempre ha tenido muy buenos contactos”? Y ahora eran con el mismísimo Gobierno. “Para que se llevara otro el dinero, que se lo llevara él”, ha explicado con total naturalidad. El curso normal de los acontecimientos.
“Cosas que se hablan” con amigos y novios
De todas las vicisitudes iba informando a su novio de la época, Natan. Los mensajes entre la pareja reflejan la evolución de las relaciones entre la presunta trama. Empezó por decirle que Ábalos le había ofrecido ser asesora suya por 5.000 euros. En realidad, fue algo que le dijo su “amigo” Aldama. El entonces ministro nunca le transmitió oferta alguna. Y ella no tiene ni idea de cuánto cobra un asesor ministerial, ha admitido. En el banquillo de los acusados estas palabras han causado auténtico estupor. Ábalos se sonreía y revolvía a partes iguales. Su exasesor se indignaba. Los abogados también. Unos y otros intercambiaban papeles y susurros. Pero la joven, ajena a este ajetreo en su flanco derecho, lo ha vuelto a resolver con maestría, y la dosis justa de azúcar. “Son cosas que se hablan entre las parejas. Un comentario”.
A las supuestas ofertas de trabajo, siguieron los insultos al exministro, al que González Pano y su novio se referían como “putero” y “baboso”. La joven tampoco le ha visto mayor trascendencia. “A una persona que no me cae bien le puedo decir idiota o le puedo decir algo más fuerte”, ha espetado, aunque esta vez entonando el mea culpa: “Evidentemente sé que no se tiene que hablar así de las personas".
Estas excusas no la han librado de un incisivo interrogatorio a cargo de la abogada de García, Leticia de la Hoz, y no ha tenido más remedio que reconocer que “puede” que todos esos mensajes “no obedecieran estrictamente a la verdad”. Pero no ha importado. Al tribunal le ha hecho gracia (algún magistrado no ha podido contener la risa). Y su presidente, Andrés Martínez Arrieta, lo ha resumido con la misma sencillez que lo ha planteado la joven. Eran “conversaciones intrascendentes” que respondían a “relaciones de amigos, novios o lo que sea”. Fijado el marco adecuado, no quedaba más que despedirla. “Puede retirarse”, le ha dicho Martínez Arrieta. “Gracias, que tengan buen día”, ha contestado pizpireta, arrancando una última carcajada al respetable. “Igualmente”, ha remachado el magistrado.
La estela de González Pano ha permitido que su madre, que estaba previsto que fuera la última testigo de la jornada, adelantara dos puestos en el organigrama. La razón es que “se vayan juntas, madre e hija, que han venido juntas”, ha justificado el togado. Sin embargo, el candor de Leonor ha salido por la misma puerta por la que ha entrado su madre, mujer dura, de pelo cano, sin aliños. La que departía directamente con Rivas y Aldama. La silla destinada al abogado de la testigo-imputada tampoco era ya la misma. Junto a Carmen Pano se sentaba Javier Gómez Bermúdez, juez del 11-M y abogado de élite. El Salón de Plenos ha recuperado su temperatura habitual.
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