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El hijo modelo y el hermano de los mil “favores”: los familiares blindan a Ábalos y Koldo García

Los investigadores creen que eran sus testaferros. Ellos lo niegan y aseguran que se limitaron a ayudar a los suyos

03:53
Las declaraciones del hijo de Ábalos y el hermano de Koldo en el juicio
Víctor Ábalos, hijo del exministro José Luis Ábalos, a su llegada al Tribunal Supremo por el juicio de las mascarillas. Foto: SERGIO PÉREZ (EFE) | Vídeo: EPV

Dos estilos muy distintos pero una misma misión: salvar al acusado. Víctor Ábalos y Joseba García no estaban llamados a ser los protagonistas de la jornada (y no lo han sido), pero han tenido su cuota de pantalla. Sentados en una silla, delante del tribunal de siete magistrados que juzga a su padre y a su hermano por las presuntas corruptelas en torno a la compra de mascarillas en plena pandemia, han intentado convencer a sus señorías de que no eran sus testaferros. “Yo no soy el custodio del dinero de nadie”, ha dicho airadamente el primogénito del exministro de Transportes José Luis Ábalos.

El testigo ha optado por una actitud seria, la propia de quien toma la palabra en el Salón de Plenos del Supremo, forrado de rojo sangre. Quizá acusaba el cansancio de tener que levantarse a las 3 de la mañana para acudir directamente desde Valencia, donde vive. Y casi pierde el tren a la altura de Cuenca, según ha contado. Con ese rictus, que acompañaba una indumentaria oscura, casi de luto, ha relatado que todos sus ingresos procedían de su trabajo como consultor, principalmente en Colombia, donde asesoraba en la internacionalización de empresas hasta que estalló el caso Koldo y su facturación cayó “de la noche a la mañana”. Desde entonces ―ha lamentado― hasta ha tenido que hacer algunos platós para pagar la hipoteca y los gastos del economato de su padre.

Víctor Ábalos ha explicado que el exdirigente socialista ejerció de cabeza de familia, de él y de sus otros cuatro hijos, hasta que el divorcio le pasó factura. Le dejó en una situación económica delicada que obligó a su primogénito a echarle una mano. Así, ha declarado que tuvo que pedir un préstamo personal de más de 20.000 euros para dejárselos a su padre.

La generosidad del hijo de Ábalos también se habría extendido a Koldo García. Las acusaciones han reproducido algunos de los mensajes de WhatsApp que se cruzaron al considerar que reflejan claramente que se intercambiaron dinero. Víctor Ábalos, sin embargo, ha negado la mayor y ha replicado que, cuando García se quedó sin trabajo en el Ministerio de Transportes, quiso ayudar al matrimonio dando trabajo a su mujer. Solo llegó a cobrar dos nóminas de unos 900 euros porque empezaron las detenciones.

Tampoco usaban un lenguaje en clave para referirse al trasiego de efectivo. El hijo de Ábalos ha sostenido que, cuando hablaban de “café” no se referían al dinero. “A Koldo le gusta mucho el café”. Y, como a muchas otras personas, se lo traía de Colombia, ha justificado.

Viajes por amor, la estafa del Volkswagen y un club de motos

Tras él, ha tomado la palabra Joseba, hermano de García que está imputado en la rama del caso Koldo que se investiga en la Audiencia Nacional. A eso, y a sus problemas auditivos, ha achacado que no contestara ni al fiscal ni al abogado del PP, que representa a las acusaciones populares. “Me gustaría pero sigo el consejo de mi abogada”, ha repetido una y otra vez en una actitud amigable que por momentos ha desesperado al jefe de la Fiscalía Anticorrupción, Alejandro Luzón.

Sí ha respondido a su letrada y la de su hermano, Leticia de la Hoz, y al abogado de Ábalos, Marino Turiel. En ese mismo tono afable, desenfadado, ha ofrecido una explicación para cada uno de los muchos indicios que apuntan a que se ocupó de recoger y mover el dinero con el que la presunta trama pagaba los favores políticos de su hermano y su jefe.

Ha empezado por desnudar su historia de amor con su actual pareja. Si viajó dos veces a República Dominicana a finales de 2021 no fue para recoger dos sobres con 10.000 euros cada uno (porque el efectivo de Aldama y sus socios se había agotado en España). No, esa es la versión de los investigadores, ha defendido. Fue para hacer negocios ―explorar la rentabilidad de las plantaciones de pitaya y tabaco― y, de paso, conocer a una mujer. Lo primero fue mal, pero lo segundo, impecable. Aún siguen juntos, ha desvelado.

Joseba García ha continuado con el relato de su paso por Ineco, empresa pública dependiente del Ministerio de Transportes en la que trabajó y de la que salió cuando Ábalos cesó en el cargo. Con ello ha intentado neutralizar las sospechas sobre la contratación de Jéssica Rodríguez, entonces pareja del ministro. Los investigadores atribuyen su entrada en Ineco a la influencia de Ábalos y las gestiones de los hermanos García. Ella reconoció que cobró, pero nunca trabajó. “Yo no sabía si trabajaba mucho o poco. Yo no era su superior”, ha zanjado Joseba García. Según él, la conoció ahí y, aunque no llegaron a ser amigos, sí fueron “buenos compañeros de trabajo”. Por eso, la ayudó a rellenar los partes de trabajo, le cuidó al gato y hasta le pagó el alquiler.

De Aldama no guarda tan buen recuerdo porque le vendió un Volkswagen Passat del que se tuvo que desprender “como chatarra”. “Una de las peores compras que he hecho en mi vida”. Por eso, y solo por eso, se vieron hasta ocho veces y hablaron de dinero, ha mantenido. En la misma línea, ha atribuido el efectivo que la Guardia Civil encontró en su casa, más de 5.000 euros, a su club de moteros. Y, si manejaba cierta cantidad de dinero, es porque llegó a cobrar más de 70.000 euros.

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