Ir al contenido
_
_
_
_

Radiografía del poder hoy en Irán: la Guardia Revolucionaria toma el mando

Los Pasdarán despliegan su poder militar y dirigen el régimen en la guerra. La consolidación de la línea dura y el debilitamiento de las funciones del presidente son el resultado de un proceso desarrollado durante décadas

Un agente de las fuerzas de seguridad iraníes vigila durante el funeral del portavoz de la Guardia Revolucionria, Ali Mohammad Naini, el 21 de marzo en Teherán.ABEDIN TAHERKENAREH (EFE)

Antes de la guerra de 12 días mantenida el pasado junio entre Irán e Israel, cuando el programa nuclear de Teherán fue bombardeado, los comandantes de la Guardia Revolucionaria (Pasdarán), puntal de las fuerzas armadas iraníes, mantenían su influencia sobre la toma de decisiones oculta tras un entramado de instituciones que simulaban una democracia que pretendía legitimar al régimen. Ese velo se ha desvanecido: en el actual conflicto contra Estados Unidos e Israel, el control militar de la Guardia Revolucionaria sobre todas las ramas del Estado se ha vuelto más visible y decisivo que nunca.

Al inicio de la ofensiva contra el régimen, algunos analistas anticipaban que los ataques sostenidos contra las infraestructuras militares y de seguridad iraníes podrían derribar rápidamente al Gobierno. Pero los expertos en la compleja estructura de poder de Irán advertían que esas predicciones eran simplistas. Ahora, tras cuatro semanas de guerra, aunque la fuerza militar del país se ha visto mermada, Irán sigue siendo capaz de amenazar los intereses de Washington y sus aliados, mantener cerrado el estrecho de Ormuz al tránsito de buques y generar tensiones en los mercados energéticos internacionales. El desgaste de la cúpula militar y política de la República Islámica resulta, no obstante, innegable.

El foco de atención se ha desplazado hacia la Guardia Revolucionaria, que no solo han reemplazado con rapidez a sus comandantes muertos en los ataques, sino que también han ocupado cargos que antes estaban en manos de civiles, como Ali Lariyaní, secretario del Consejo de Seguridad Nacional alcanzado en un ataque israelí el pasado día 17, reforzando así su posición dentro de la estructura de gobierno y preparando el terreno para una reconfiguración del poder que evidencia las rivalidades internas del ala dura del régimen.

Con la elección como líder supremo de Mojtaba Jameneí, 10 días después de la muerte de su padre, Ali Jameneí, se materializó lo que el periodista y activista Ruhollah Zam, ejecutado en 2020, calificó como “golpe de Estado de los Pasdarán”. En este escenario, el denominado Círculo Habib, una red liderada por Hossein Taeb, clérigo y exjefe de inteligencia de la Guardia Revolucionaria, a quien le debe Mojtaba su elección, se ha convertido en uno de los núcleos centrales del poder en Irán.

Paralelamente, reaparece la influencia del Círculo Mansourun, un grupo con antecedentes de lucha armada contra la monarquía de shah, antes de la revolución de 1979. Entre sus miembros destaca Mohsen Rezaei, excomandante de la Guardia Revolucionaria, que tras un periodo de marginación política fue nombrado asesor militar de Mojtaba Jameiní. Además, Mohammad Bagher Zolghadr, también de alto rango en los Pasdarán, asumió la presidencia del Consejo Supremo de Seguridad Nacional tras la muerte de Lariyaní con el respaldo de Taeb.

Estos nombramientos han dejado en evidencia la limitada autoridad del presidente, Masud Pezeshkián, cuya función se ha reducido a firmar las órdenes escritas por los demás como el caso del nombramiento de Zolghadr. En este contexto, Hessamodin Ashna, exasesor de seguridad del expresidente Hasan Rohaní y exviceministro de inteligencia, cuestionó en la red social X el alcance de las responsabilidades de Taeb, aunque sus comentarios fueron posteriormente eliminados. Con Zolghadr al frente de Seguridad Nacional, se ha consolidado un equipo de seguridad de línea dura, que podría intensificar la represión de actores políticos internos una vez concluya la guerra.

En este tablero de poder, Mohammad Bagher Ghalibaf, el actual presidente del Parlamento iraní y excomandante de la Fuerza Aeroespacial de la Guardia Revolucionaria, desempeña un papel clave. Tras la muerte de otro de los miembros del Círculo Mansourun, Ali Shamjaní, comandante militar y político influyente y cercano al antiguo líder y a Lariyaní, Ghalibaf se ha convertido en un nodo central que conecta a las fuerzas militares, las de seguridad y las administrativas.

Varios nuevos comandantes, como Ali Abdolahí, al frente de la Comandancia Jatam al Anbiya, y Seyed Mayid Mousaví, jefe de la Fuerza Aeroespacial de la Guardia, habían servido previamente bajo su mando, reforzando así su influencia dentro del aparato militar. Aún así, quedan aún figuras que pueden cuestionar su dominio como el actual jefe de la Guardia Revolucionaria, Ahmad Vahidí, con una larga trayectoria militar, sancionado por Estados Unidos y que Argentina culpa de ser autor intelectual de los atentados en Buenos Aires del AMIA en 1994.

En este contexto, Ata Mohamad Tabriz, experto en Ciencias Políticas y Derecho internacional, cuestiona el monopolio de poder de Ghalibaf y explica que “una parte de los militares y políticos no lo acepta”, aunque reconoce que “tiene más posibilidades que los demás y una gran influencia”. No obstante, este analista sostiene que “todavía no ha surgido un líder central”.

No puede atribuirse el control del país por los Pasdarán solo a la reciente escalada bélica. “El régimen islámico lleva años preparado para esta guerra”, asegura Mohamed Tabriz, que explica que “ha descentralizado al máximo las estructuras defensivas, económicas y políticas”. Esta estrategia no surge únicamente como respuesta al giro de Israel, a la ofensiva tras el ataque terrorista de Hamás del 7 de octubre de 2023, sino que hunde sus raíces en experiencias previas, como la Operación Mantis Religiosa de 1988, en la que Estados Unidos atacó la fuerza naval iraní, y, posteriormente, las intervenciones militares estadounidenses en Irak y Afganistán, que reforzaron y consolidaron este enfoque, hasta el punto de que la gestión no oficial del país quedó bajo el control de la Guardia Revolucionaria.

Uno de los comandantes pasdarán, que pidió mantener el anonimato, afirmó en 2015 a EL PAÍS: “Irán y Estados Unidos son como dos trenes en vías opuestas; tarde o temprano colisionarán”. Según explicó, “el cambio de gobierno en Teherán o Washington” solo modifica “el momento de la colisión” y calificó el enfrentamiento de “inevitable”.

La presencia de la Guardia Revolucionaria en la economía iraní se incrementó de manera notable tras la guerra entre Irán e Irak de los años ochenta, un proceso potenciado por la ausencia de un mercado competitivo real debido a las sanciones internacionales y por las controvertidas privatizaciones de 2005 impulsadas por Ali Jameneí, entonces líder supremo.

Al mismo tiempo, la presidencia del país vio disminuido su poder de forma progresiva. Esta tendencia se aceleró tras la represión de las protestas de 2009, con la participación activa de la Guardia Revolucionaria y la fuerza paramilitar Basij, y se consolidó con la llegada de Ebrahim Raisí al poder en 2019, apoyado por círculos próximos a la Guardia Revolucionaria y al líder supremo.

Luciano Zaccara, profesor visitante en la Universidad de Georgetown en Qatar, señala que “la presidencia ejerce algún tipo de control de la gestión diaria del país”, pero advierte que el control sobre “los ministros encargados de seguridad e inteligencia” escapa a su autoridad. En palabras de Zaccara, “la estrategia militar en esta guerra no está siendo decidida por la cúpula política, sino por la militar, con escasa coordinación y sin aprobación del poder Ejecutivo”. El académico también señala el debilitamiento del papel del clero y del liderazgo supremo: “Tampoco está claro hasta ahora si el nuevo líder, Mojtaba Jameneí, es un decisor final, un árbitro, o simplemente una pieza bajo el control de la Guardia Revolucionaria”.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_