Irán se prepara para un ataque de Estados Unidos con despliegue militar, amenaza de guerra híbrida y sitios nucleares fortificados
Teherán mantiene también la represión para impedir un resurgimiento de las protestas contra el régimen

“Un buque de guerra es un instrumento poderoso, pero más peligroso aún es el arma que puede enviar a ese barco al fondo del mar”. Ali Jameneí, el clérigo chií que desde 1989 rige el destino de Irán, aludió así el martes al despliegue militar estadounidense en Oriente Próximo en un discurso en Tabriz, en el noroeste de Irán. El líder supremo iraní recordaba así que su país responderá a cualquier ataque militar con todo lo que tiene, especialmente esos misiles a los que se refería al mencionar de forma implícita a los portaaviones estadounidenses. Jameneí admitió luego que Irán tiene enfrente al ejército más poderoso del mundo, pero lo hizo para reiterar ese “no hay enemigo pequeño” con el que la República Islámica trata de disuadir de atacar a la superpotencia.
Estados Unidos y su aliado israelí se miden con Irán desde una superioridad militar abrumadora. En ese contexto, la República Islámica se prepara a marchas forzadas para ese conflicto bélico que, por tercera vez desde enero, se anuncia como inminente y sobre el que Donald Trump se ha dado un plazo de entre 10 y 15 días para decidir. El presidente de Estados Unidos ha confirmado este viernes que sopesa un ataque selectivo contra Irán para presionar a ese país a que acceda a un acuerdo sobre su programa nuclear.
Medios de comunicación israelíes afirman que ya existe coordinación de inteligencia y de defensa entre Israel y el Pentágono con vistas a ese ataque que, según funcionarios israelíes citados por el diario Haaretz, efectivamente podría desencadenarse en días. Incluso antes de que expire el plazo mencionado por Trump y de la visita a Israel a finales de febrero, anunciada por Reuters, del secretario de Estado, Marco Rubio, cuyo fin es abordar la cuestión iraní con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
Ante ese horizonte, la estrategia defensiva y/o disuasoria iraní se declina en una batería de medidas y de amenazas, tanto de ataques convencionales como de guerra híbrida. Entre las primeras, destaca la exhibición de músculo militar mediante el despliegue de fuerzas, estos últimos días navales, para recordar a Washington que su enemigo no es tan irrelevante y minar la percepción de debilidad del régimen iraní que la Casa Blanca demuestra tener. Entre las amenazas híbridas destaca una: el cierre del estrecho de Ormuz.

El lunes, con el portaviones estadounidense USS Abraham Lincoln y su grupo de combate estacionados cerca y el colosal USS Gerald R. Ford de camino, la fuerza naval de la Guardia Revolucionaria iraní inició unas maniobras en ese estrecho, que conecta el golfo Pérsico con el océano Índico. Al día siguiente, la agencia semioficial Fars anunciaba el cierre parcial durante unas horas del tránsito marítimo por esa arteria vital, en teoría para permitir los ejercicios con buques de guerra, helicópteros, drones y misiles. Este jueves, los ejercicios se desplazaron al golfo de Omán y en ellos participaron barcos rusos.
Irán amagaba así con ese posible bloqueo de la arteria marítima por donde transita una cuarta parte del crudo mundial, según la Agencia Internacional de la Energía, y prácticamente toda la producción petrolera de Oriente Próximo. De ser clausurado, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Baréin y Kuwait perderían su única vía para exportar su oro negro, mientras que el mayor vendedor de petróleo del planeta y gran aliado de Trump —y del emporio de su familia—, Arabia Saudí, vería reducidos a la mitad los 10 millones de barriles que exporta diariamente.
Sin embargo, ese cierre —o el minado de las aguas del Estrecho— sería para Irán “pegarse un tiro en el pie”, destaca por teléfono Eldar Mamedov, investigador no residente del centro de estudios basado en Washington Quincy Institute for Responsible Statecraft (Instituto Quincy para una política responsable). Ormuz es también la principal vía por la que Teherán exporta su petróleo, fundamentalmente a China, y esa es la bombona de oxígeno que mantiene con vida su economía.
La principal amenaza convencional que pue puede esgrimir la República Islámica frente a sus enemigo es su arsenal de misiles y de drones. Solo el régimen iraní sabe cuántos de ellos le quedan tras replicar con parte de ellos a los 12 días de bombardeos lanzados por Israel con el pretexto de frenar el programa nuclear iraní, a los que sumó Washington.
Se calcula que dispone de entre un millar y 2.000 misiles balísticos de medio alcance, capaces de alcanzar Israel, según diferentes expertos, y varios miles más de corto alcance con los que podría atacar las bases estadounidenses en la región, a los barcos en el estrecho de Ormuz y también la infraestructura petrolera de los países vecinos. Pero, de nuevo, recuerda Mamedov, esa es un arma de doble filo: Israel y Washington pueden responder bombardeando refinerías iraníes como la de Bandar Abbás, lo que “asestaría un golpe de muerte a la economía de Irán”.
Defensa en mosaico
En realidad, los preparativos frente a un ataque foráneo no son recientes. “Irán lleva anticipando una invasión estadounidense mucho tiempo”, explica por mensajes de texto el experto en cuestiones militares Jesús Pérez Triana. Para prever esa posibilidad, “se ha descentralizado la defensa del país para que, llegado el caso de pérdida de comunicación con los cuarteles generales de Teherán (por interferencias electrónicas, muerte o captura de los líderes), cada comandante regional haga la guerra por su cuenta con los medios a su alcance en un conflicto que produzca un desgaste en el invasor”, afirma este especialista. Es la llamada “defensa en mosaico” que la Guardia Revolucionaria ha anunciado ahora estar fortaleciendo.
Ese modelo complica notablemente la aspiración que Eldar Mamedov cree que deja traducir la impresionante “armada” —así la definió Trump— enviada a Oriente Próximo. La Casa Blanca, considera el investigador, busca “conseguir algo más de lo que obtuvo con los ataques de junio”. A lo que aspira ahora Trump en realidad, asegura, es a “un cambio de régimen” —sobre todo si Irán no capitula tras ese “ataque selectivo” que mencionó este viernes el presidente de EE UU—, algo que “no será sencillo”.
En Irán “no basta con eliminar al líder supremo ni a cinco o seis mandos más”, asegura Mamedov. Para lograr ese fin, “habría que ir eliminando, uno tras otro, los sucesivos estratos del poder en la República Islámica”, lo que probablemente “requeriría una campaña militar prolongada”.

Irán cuenta además con una ventaja frente a Washington: la motivación. Para la República Islámica, lo que está en juego es la supervivencia, describía recientemente el antiguo analista sobre ese país de la inteligencia militar israelí, Danny Citrinowicz. Como este, otros expertos creen que un régimen que ha masacrado a miles de personas para sofocar las últimas protestas—la ONG en el exilio HRANA calcula más de 7.000, según un conteo provisional—hará lo que sea para sobrevivir.
Entre los preparativos para un posible ataque figura precisamente mantener esa represión con el fin de evitar un resurgimiento de las manifestaciones si se desata la arremetida militar, algo que Trump ha declarado esperar.
La Guardia Revolucionaria iraní ha establecido esta semana un centenar de puntos de control en Teherán, según su agencia de prensa Tasnim. Las detenciones masivas prosiguen, confirmó a este diario Mai Sato, relatora especial de la ONU para Irán, y las condenas a muerte de manifestantes son ya al menos 26, según la ONG Iran Human Rights.

Hay otros preparativos. Desde hace meses, imágenes por satélite muestran cómo el país está tratando de reconstruir las instalaciones militares dañadas por los bombardeos de junio, como la base de misiles de Shiraz, en el sur de su territorio. También está fortificando sus instalaciones nucleares en previsión de nuevos ataques.
El martes, el Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional divulgó imágenes por satélite que muestran que Teherán ha construido un sarcófago de hormigón y cubierto con tierra la instalación ”Taleghan 2″, en el complejo militar de Parchin, a 30 kilómetros al sureste de Teherán.
El mismo grupo de expertos basado en Washington informó a principios de febrero de que tres túneles de acceso a las instalaciones nucleares de Isfahán, en el centro del país, bombardeadas por Estados Unidos en el verano, han sido sellados con tierra, lo que les ofrece “una protección significativa contra ataques aéreos”, afirmó en X David Albright, el fundador del grupo. En el mismo mensaje, Albright aludía a cómo la prolongación de las negociaciones con Washington, ha permitido a Irán disponer de “dos o tres semanas más” para esos preparativos.
No todos en el régimen iraní temen lo suficiente esa guerra que la República Islámica afronta desde una debilidad histórica, destaca Eldar Mamedov. Mientras la facción pragmática del sistema negocia un acuerdo con Washington, miembros del ala dura, cuyo núcleo es la camarilla de Jamenei y la Guardia Revolucionaria, creen que si Irán responde a un ataque y logra victorias tácticas como hundir un barco estadounidense , “Trump se echará atrás por el coste político interno”, analiza el experto.
Esos halcones confían en que ese escenario dé a Irán más fuerza para negociar con Washington. Se trata de un “gran error”, que parte del presupuesto de que Trump “actúa racionalmente”, subraya el analista. El mandatario, concluye,“nunca aceptará una derrota” frente a Irán. El profesor Vali Nasr, de la universidad estadounidense Johns Hopkins, coincidía en un artículo en Financial Times este jueves que un régimen como el iraní “entre la espada y la pared es más propenso a asumir riesgos peligrosos”.
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