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Italia intercepta más de 1.000 toneladas de residuos ilegales, principalmente textiles, que iban rumbo a África y Asia

Una operación mundial de la Organización Mundial de Aduanas prioriza por primera vez los residuos de tejidos

Trabajadores informales del sector de residuos recogen materiales para reciclar en el vertedero de Gioto, en Nakuru, Kenia, en junio de 2025.SOPA Images (SOPA Images/LightRocket via Getty Images)

Italia ha asestado un golpe importante al tráfico de residuos ilegales, sobre todo de desechos textiles. En el marco de la operación internacional JCO Demeter XI, impulsada por la Organización Mundial de Aduanas (OMA), se interceptaron un total de 1.176 toneladas de residuos textiles en 25 países, de las cuales más de 900 toneladas correspondieron a Italia. En el país transalpino, la Guardia de Finanza incautó principalmente tejidos que se intentaban exportar de forma fraudulenta como ropa de segunda mano hacia Asia y África. De las 1.030 toneladas interceptadas en Italia, aproximadamente 905 toneladas eran desechos textiles clasificados falsamente como ropa usada.

La mercancía viajaba con un rumbo conocido tanto por las autoridades como por quienes operan en este negocio ilícito: Tailandia, Pakistán y Túnez, convertidos desde hace años en destinos habituales de la ropa usada y de los residuos textiles que Europa y América del Norte eliminan de sus circuitos de consumo.

Los agentes italianos localizaron la mayor parte de los cargamentos irregulares en enclaves estratégicos para el comercio exterior, como los puertos de Génova, Livorno y Venecia, puertas de salida habituales de estas mercancías. También registraron expediciones procedentes de grandes polos de la industria textil, entre ellos Prato y Milán.

Las autoridades advierten de que estas incautaciones evidencian el auge del comercio irregular de mercancías que se hacen pasar por ropa de segunda mano, cuando en realidad deberían ser tratadas como residuos textiles. Este negocio al alza refleja “una situación muy crítica”, en palabras de la Guardia de Finanza, estrechamente vinculada a la expansión de la moda rápida, caracterizada por la producción masiva de prendas de bajo coste y vida útil corta, un modelo que supera la capacidad de la economía circular para gestionar los excedentes.

Desde enero de 2025, una directiva obliga a los países a recoger los residuos textiles de manera separada, lo que hace prever a la AEMA que aumentará el volumen de desechos textiles recolectados y enviados a otros países

Según los últimos datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), correspondientes a 2022, cada ciudadano de la Unión Europea (UE) adquiere una media anual de 19 kilos de ropa. Además, los Estados miembros generaron en conjunto 6,94 millones de toneladas de residuos textiles, que equivalen a unos 16 kilogramos por persona. Desde enero de 2025, una directiva obliga a los países a recoger los residuos textiles de manera separada, lo que hace prever a la AEMA que aumentará el volumen de desechos textiles recolectados y enviados a otros países.

A pesar de los esfuerzos de recogida selectiva, solo una pequeña parte de la ropa usada en Europa se recicla realmente. Según la AEMA, antes de 2025, apenas un 28% de la ropa y el calzado usados se recogían por separado. De los casi siete millones de toneladas de residuos textiles generados en la UE en 2022 (el último año con datos consolidados), solo el 15% se recicló, mientras que el resto acabó en vertederos, incinerado o exportado.

Una preocupación “emergente”

La operación, en la que han participado 120 administraciones aduaneras de todo el mundo con el objetivo de detectar y frenar el comercio ilícito de desechos, ha dado prioridad por primera vez en 11 años a los residuos textiles. La OMA ha detectado que grandes cantidades de ropa supuestamente usada eran en realidad basura textil no autorizada. Según este organismo, esta atención “refleja las preocupaciones mundiales emergentes relacionadas con la moda rápida y los retos de la circularidad”.

La OMA también ha alertado de un vacío legal general en la regulación de los textiles usados que permite que la ropa usada y los residuos de prendas y tejidos se confundan en la frontera, una carencia normativa que numerosas administraciones aduaneras han puesto de manifiesto durante la operación. La institución ha subrayado que uno de los principales problemas es la “ausencia de criterios nacionales claros que distingan los textiles usados de los residuos textiles”. Según la organización, este problema “es especialmente pronunciado en los países en desarrollo y menos avanzados, donde la demanda de ropa de segunda mano sigue siendo elevada y los fardos de ropa importada pueden variar considerablemente en cuanto a calidad y utilidad”.

Muchos países del Sur Global que importan ropa usada acaban gestionando grandes volúmenes de prendas inservibles que terminan en vertederos o quemadas al aire libre, provocando un enorme problema ambiental.

Los fardos de ropa, grandes paquetes compactados de materiales de vestir, prensados y atados para facilitar su almacenamiento, transporte y comercio, son el principal vehículo para camuflar residuos como mercancía reutilizable.

En ellos se transportan prendas usadas de todo tipo, y la calidad puede variar mucho, ya que suelen contener una amalgama de vestimentas reutilizables y, en muchos casos, ropa dañada o inservible que no debería comercializarse como segunda mano. El contenido de estos fardos no es visible si no se abren, lo que facilita que se mezclen prendas reutilizables con residuos.

Muchos países del Sur Global que importan ropa usada acaban gestionando grandes volúmenes de prendas inservibles que terminan en vertederos o quemadas al aire libre, provocando un enorme problema ambiental.

Durante los controles aduaneros, las autoridades también detectaron un incremento en el tráfico ilícito de componentes de vehículos y desechos de acero en comparación con años anteriores. En total, la operación global permitió la confiscación de 15.509 toneladas de residuos, entre ellos 168 toneladas de gases nocivos para la capa de ozono y más de 30.000 productos químicos peligrosos, como pesticidas.

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