¿Qué busca Trump con el doble bloqueo de Ormuz? Un órdago con muchas limitaciones
Estados Unidos tensa la cuerda negociadora, debilitando la posición iraní y elevando la presión de China sobre los ayatolás. Pero llevarlo a la práctica no será fácil

¿Tiene sentido bloquear un estrecho que ya lleva seis semanas bloqueado? Esa pregunta, aparentemente contradictoria, cobra tintes bien distintos en la siempre complicada cabeza del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que el lunes concretó la amenaza aireada horas antes. Un nuevo órdago que ha desconcertado a analistas e inversores. El estrecho de Ormuz tendría ―tiene ya, según el Pentágono― un doble candado: el de Teherán, consciente de que es su mayor herramienta de defensa frente a la agresión estadounidense e israelí; y el de Washington, por ahora tan inconcreto como potencialmente desestabilizador. Un órdago difícil de llevar a la práctica.
Las intenciones finales de Trump son casi siempre un misterio. Una nebulosa a la que contribuye, y de qué manera, la ausencia de explicaciones claras sobre el objetivo final de este segundo bloqueo de Ormuz. Sí subyacen algunas pistas sobre sus intenciones: quiere debilitar aún más la economía iraní y quiere complicarle las cosas a China para que obligue a Teherán a negociar. Pero no será fácil, y sí caro: si el bloqueo es efectivo ―algo ni mucho menos claro: este martes cruzaron tres petroleros―, el grifo de Ormuz pasará a una situación de peligroso cerrojazo total.
Un bloqueo que es todo menos fácil. La ofensiva sobre Irán está siendo un gran baño de realidad para la Casa Blanca. Pese al asesinato de su líder supremo, Alí Jameneí, el régimen sigue operando sin grandes cambios. Las llamadas de EE UU e Israel a la sublevación de la población iraní ―“es el momento de tomar el control de su destino”, dijeron sus mandatarios― han caído, por ahora, en saco roto: de haber logrado algo, ha sido exactamente todo lo contrario: unir a la sociedad frente al enemigo común.
Trump ha amenazado con bombardear todos los barcos y lanchas iraníes que traten de cruzar el paso estratégico. Pero Irán no es Venezuela, donde la Marina estadounidense aplicó en diciembre pasado un bloqueo total sobre los barcos que trataban de abandonar el país con petróleo para la exportación. “Lo tenemos muy reciente en la memoria, pero no tiene nada que ver con aquello”, explica Gonzalo Escribano, del Real Instituto Elcano. “Hay dos grandes limitaciones: dudo mucho que quieran bombardear un petrolero o un metanero con destino a China o la India, por poner dos ejemplos, porque eso llevaría a una escalada mucho mayor del conflicto. Y, segundo: si interceptan una de estas embarcaciones en alta mar, ¿a qué puerto la van a llevar? ¿A Yemen? ¿A Pakistán? Está muy lejos de EE UU, y la mayoría de sus aliados en la región están en el golfo Pérsico, no fuera”, remarca.
“La gran incógnita sigue siendo hasta qué punto EE UU aplicará el bloqueo de forma estricta”, escriben Henning Gloystein y Gregory Brew, especialistas de la consultora Eurasia, en un análisis para clientes. “Una aplicación total podría implicar la incautación de buques de propiedad china, así como de barcos de países aliados de Asia y Europa”.
Asfixia a Irán. La economía iraní llegó a la guerra en una situación de lo más complicada, con inflación disparada, protestas en las calles y actividad claramente a la baja. Ahora, las cosas se le complican aún más: sus exportaciones energéticas, que habían seguido fluyendo con alegría estas últimas semanas, tenderán a prácticamente cero. Entrarán casi 200 millones de euros menos cada día, que se dice pronto, en una economía tan baqueteada como necesitada de divisas.
La isla de Jarg, por donde sale el 90% del petróleo que exporta Irán, queda completamente aislada si la Marina estadounidense logra establecer un tapón a la entrada de Ormuz. Como fuera de juego quedan, también, dos de los seis mayores puertos del país (Imam Jameneí y Bandar Abbas), reduciendo las grandes vías de importación y exportación de insumos a Chabahar, en el golfo de Omán, y al mar Caspio.
Presión a Xi. El movimiento llega justo cuando Teherán y Pekín, junto con otra media docena de países amigos, empezaban a restablecer poco a poco el tránsito energético. Aunque China lleva meses, o quizá años, preparándose para una crisis de este calado ―con acopio a gran escala de crudo y gas―, la salida de Irán de su ecuación de suministro le obliga a buscar nuevos proveedores en un momento de lucha entre potencias por los cargamentos energéticos.
Trump intenta, así, obligar a Xi Jinping a aumentar la presión sobre Teherán. Si alguien puede convencer a Irán de la necesidad de llegar a un acuerdo de paz, pensará el magnate inmobiliario, ese es su homólogo chino. Con lo que quizá no cuente Washington es con las altísimas tasas de penetración de las energías renovables en el gigante asiático, con su enorme capacidad de sustituir el gas por el carbón para generar electricidad y con que las altísimas tasas de penetración del coche eléctrico está reduciendo ―y a una velocidad cada vez mayor― su demanda de hidrocarburos.
Aún menos oferta en el mercado. La cotización del crudo y el gas respondió el lunes a la confirmación del bloqueo con una fuerte subida, dejando atrás buena parte del alivio con que había saludado el alto el fuego. No es para menos: una de las pocas cosas nítidas a corto plazo es que, de tener éxito, la disponibilidad de materias primas energéticas procedentes del Golfo será aún menor, que ya es decir. Los pocos petroleros y metaneros que, fruto de los acuerdos entre Irán y un ramillete de países que habían tratado de asegurarse un mínimo suministro, salían con cuentagotas hacia el océano Índico, deberían dejar de hacerlo en las próximas horas o días.
Que EE UU, fruto de la revolución del fracking, cuente con una autonomía de suministro impensable hace no tanto, no quiere decir que no tenga exposición vía precios. Los conductores pagan hoy mucho más por repostar sus vehículos que a finales de marzo, cuando Trump se lanzó a una aventura de final muy dudoso. Y eso, con las elecciones de medio mandato a la vuelta de la esquina, es material altamente inflamable para unas filas republicanas en claras horas bajas. El neoyorquino llegó a la Casa Blanca con la promesa de abaratar el coste de la vida y un año y tres meses después, su hoja de servicios es exigua.
Las contradicciones de Trump. El mandatario estadounidense es pura contradicción. Casi al mismo tiempo que anuncia el bloqueo del petróleo por el golfo Pérsico, escribe en su red social: “34 barcos cruzaron ayer el estrecho de Ormuz, la cifra más alta desde que comenzó este absurdo cierre”.
Tan pronto acusa a Irán de incumplir las leyes internacionales por bloquear el estrecho de Ormuz, que decide ordenar a la marina estadounidense que interrumpa el tráfico por la vía fluvial. “Irán prometió abrir el estrecho de Ormuz y, a sabiendas, incumplió su promesa. Esto provocó ansiedad, desestabilización y sufrimiento a muchas personas y países de todo el mundo....¡más les vale comenzar de inmediato el proceso para reabrir esta VÍA NAVEGABLE INTERNACIONAL, Y HACERLO CON RAPIDEZ! Están violando todas y cada una de las leyes existentes", escribió en su red social Truth este mismo fin de semana.
Mientras anima a los antiguos socios a comprar petróleo estadounidense como alternativa al crudo iraní a precios elevados por la crisis, envía un mensaje a Reino Unido y Noruega para que abandonen las energías renovables y abran nuevos pozos petrolíferos. “Europa está desesperada por energía y, sin embargo, el Reino Unido se niega a explotar el petróleo del Mar del Norte, uno de los yacimientos más grandes del mundo. ¡¡¡Trágico!!! Aberdeen debería estar en pleno auge. Noruega vende su petróleo del Mar del Norte al Reino Unido al doble de precio. Se están haciendo una fortuna. El Reino Unido, que está mejor situado en el Mar del Norte —a efectos energéticos— que Noruega, debería: ¡¡¡PERFORAR, BABY, PERFORAR!!! Es una auténtica locura que no lo hagan". Trump en estado puro.
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