Trump anuncia su propio bloqueo naval del estrecho de Ormuz y las negociaciones quedan en el aire
El presidente de Estados Unidos asegura que sus fuerzas evitarán el paso de cualquier buque y dispararán contra los barcos iraníes que ataquen a “embarcaciones pacíficas”
La suspensión de las negociaciones de paz entre Irán y Estados Unidos, tras 21 horas de conversaciones cara a cara el sábado en Islamabad (Pakistán), dejó ayer en el aire el frágil alto el fuego de dos semanas alcanzado después de 40 días de conflicto a gran escala en Oriente Próximo. En un órdago con ecos de tambores de guerra, el presidente estadounidense, Donald Trump, ordenó horas después a la Armada que bloquee de inmediato el estrecho de Ormuz, el corredor marítimo clave para el mercado energético mundial. Un bloqueo que, en caso de materializarse, se sumaría al que ya impone Irán en la misma zona desde hace mes y medio.
Trump ha resumido en su red social, Truth, los principales escollos para alcanzar un acuerdo con Irán, tras el parón de las negociaciones que comenzaron la víspera. El presidente de EE UU ha confirmado que el estrecho de Ormuz sigue bloqueado por los iraníes y ha exigido que se reabra esa vía navegable por la que pasa el 20% del flujo global de hidrocarburos, sometida a “extorsión mundial” por el régimen de los ayatolás.
A continuación, ha anunciado su propio bloqueo de Ormuz: las fuerzas estadounidenses, ha escrito, “iniciarán de inmediato el proceso de BLOQUEO de cualquier buque —sin excepción— que intente entrar o salir del estrecho de Ormuz”. El republicano ha amenazado con hacer saltar por los aires “a cualquier [fuerza] iraní” que “dispare” contra estadounidenses o contra “embarcaciones pacíficas”. La Armada de EE UU comenzará a interceptar además en aguas internacionales a los buques que hayan pagado un peaje a Teherán por cruzar el estrecho. “Nadie que pague un peaje ilegal tendrá paso seguro en alta mar”, ha escrito Trump. También destruirá las minas submarinas colocadas en las aguas de Ormuz.
Unas horas después, la Guardia Revolucionaria de Irán ha afirmado que considerará una violación del alto el fuego que haya buques militares que se acerquen al estrecho de Ormuz, y ha asegurado que responderá con contundencia.
Con ese bloqueo naval de Ormuz, si finalmente lo lleva a cabo, la Casa Blanca trata de reducir al máximo las exportaciones de petróleo y gas de Irán, que se canalizan casi íntegramente a través de la isla de Jarg y que puede quedar aislada por el bloqueo de la Armada, informa Ignacio Fariza.
Dos de los seis mayores puertos del país —Imam Jameneí y Bandar Abbas— quedarían también fuera de juego. Al mismo, tiempo, Trump quiere evitar que Teherán aumente sus ingresos con el peaje a los buques petroleros y metaneros que cruzan el Estrecho. Para países que en los últimos días habían llegado a acuerdos bilaterales de suministro de hidrocarburos con Irán —como Malasia, Tailandia o Filipinas y, sobre todo, China— el nuevo escenario representa también un serio revés.
Trump apuntó además al segundo gran desacuerdo: la exigencia estadounidense de que Teherán renuncie a su programa nuclear. “La reunión [del sábado] transcurrió bien, se acordó la mayoría de los puntos, pero el único punto que realmente importaba —el NUCLEAR— no se acordó”, escribió en la red Truth.
Sus palabras recogen los “avances sustantivos” que según el vicepresidente J. D. Vance se produjeron durante las conversaciones. Pero esos dos escollos insalvables, el bloqueo del estrecho de Ormuz —la mayor baza negociadora de Teherán— y el destino de los 400 kilos de uranio enriquecido de su programa nuclear, han devuelto las negociaciones de paz a la casilla de salida.
El tercer punto de fricción fue la exigencia iraní de recuperar los 27.000 millones de dólares (unos 23.000 millones de euros) de ingresos del petróleo congelados en bancos internacionales a causa de las sanciones impuestas a Teherán, para destinarlos a la reconstrucción posbélica.
Ambas partes han cruzado acusaciones de intransigencia negociadora ante un conflicto que se ha cobrado miles de vidas, que todavía colea con los bombardeos israelíes de Líbano y que ha torpedeado la línea de flotación de la economía global.
La imposibilidad de Vance de lograr las concesiones que EE UU buscaba de Irán no resultó ninguna sorpresa, aunque el vicepresidente reconoció que la suspensión de las conversaciones “es una mala noticia para ambas partes”. Pero el hecho de haberse sentado a negociar —fue la reunión de más alto nivel entre los dos países desde 1979— ha roto un tabú forjado por décadas de hostilidad, durante las que Teherán ha enarbolado la imagen del Gran Satán para EE UU.
Sobre el futuro del diálogo, el primer ministro de Pakistán, Shahbaz Sharif, ha declarado a la cadena CBS que este no ha descarrilado, aunque el sábado entró en punto muerto. “Las conversaciones no están muertas. Hay un estancamiento”, ha declarado este domingo al programa Face the Nation de la emisora estadounidense. Su ministro de Exteriores, Ishaq Dar, considera también imperativo “preservar el alto el fuego de dos semanas”.
El presidente del Parlamento iraní, Mohamed Baquer Qalibaf, contraparte de Vance en Islamabad, responsabilizó a EE UU de no haberse sabido ganar la confianza de Irán a pesar de las “iniciativas con visión de futuro” ofrecidas. La agencia de noticias iraní Tasnim, próxima al régimen islámico, ha tachado de “excesivas” las demandas de Washington. La libertad de paso por Ormuz y la continuidad del programa nuclear son puntos irrenunciables para ambas partes: el primero para Washington, el segundo para Teherán. Irán también reclama el pago de reparaciones de guerra y la extensión del cese de hostilidades a Líbano.
Para Vali Nasr, experto en Irán de la Universidad estadounidense Johns Hopkins, las del sábado fueron “las conversaciones directas más serias y sostenidas entre Estados Unidos e Irán” desde la toma de la embajada norteamericana en Teherán en 1979, y reflejaron la intención de ambas partes de poner fin a la guerra. El pacto nuclear de la Administración del demócrata Barack Obama en 2015, del que EE UU se retiró tres años después durante el primer mandato de Trump, tardó dos años en negociarse, sin que los interlocutores llegaran al nivel de jefes de la diplomacia.
El aparente fiasco de las conversaciones de Islamabad, al menos de momento, deja a la Administración de Trump ante varias opciones poco apetecibles: una larga negociación con Teherán sobre el futuro de su programa nuclear o la reanudación de una guerra que ya ha provocado las mayores perturbaciones en el sector de la energía en tiempos recientes, además de desatar una pugna naval por el control del estrecho de Ormuz.
Trump ha defendido también en la cadena Fox su ultimátum de arrasar la milenaria civilización persa si Irán no abría el estrecho de Ormuz a la navegación. “Me parece bien [lo que dijo]. Eso los llevó a la mesa” de negociación, ha dicho, comparando esa amenaza con la que muchos iraníes profieren contra los estadounidenses. “A ellos se les permite decir ‘muerte a Estados Unidos’. Esa declaración [la que él hizo] los llevó a la mesa de negociaciones, y de allí no se han marchado”, presumió.
En el futuro, Estados Unidos obtendrá “todo” lo que desee de Teherán, sostiene Trump, aunque la falta de acuerdo implique una crisis económica por el cierre de Ormuz en vísperas de las elecciones legislativas de medio mandato, en noviembre. A su juicio, el aumento de los precios del petróleo y el gas por el bloqueo no ha sido tan grave como se preveía y la economía estadounidense es lo suficientemente sólida para resistir un conflicto prolongado. “Tenemos que emprender un pequeño viaje a Irán y debemos impedir que obtengan un arma nuclear”, aseguró haber dicho a sus asesores económicos.
De cara a noviembre, considera que los precios “podrían mantenerse iguales o tal vez subir un poco”, aunque los últimos datos de inflación, los relativos al mes de marzo, muestran la mayor subida en dos años, hasta el 3,3%, por el impacto de la guerra.
La suspensión de las negociaciones ha coincidido con la continuidad de la campaña de bombardeos israelíes sobre Líbano, que se ha rebajado en su escala bélica desde la intensa ofensiva aérea del miércoles, que causó más de 350 muertes. Israel insiste en que el alto el fuego con Irán no afecta su lucha contra la milicia proiraní de Hezbolá. Al menos cinco personas han muerto este domingo y unas 25 resultaron heridas en una ataque contra la ciudad de Qana, en el sur de Líbano.
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