El dato que alarma a las librerías de España: la mitad de los títulos que tienen disponibles no vende nada
La multiplicación de novedades, la concentración en grandes grupos y los riesgos para la bibliodiversidad preocupan a Cegal, la confederación del sector, cuyo estudio más reciente concluye que solo el 4,5% de las obras supera los 100 ejemplares


Se supone que un libro quiere ser leído. Igual que una película necesita espectadores. Y un disco, oyentes. Incluso El libro que no quería ser leído, texto infantil del sueco David Sundin, busca lo mismo que cualquier creación cultural: público. Aunque sea una persona. Sin embargo, a cada vez más obras literarias les cuesta hasta eso: el 49,4% de los títulos impresos disponibles en las librerías de España vende cero ejemplares a lo largo de un año. La cifra abarca novelas, ensayos o cómics, incluye novedades y fondo, también de autoedición, en establecimientos independientes, así como en grandes cadenas. No se contabilizan, eso sí, manuales de texto ni Amazon. El dato se reveló hace pocas semanas en el último Congreso de Librerías. Y lleva años subiendo, según Cegal, la confederación de los libreros que organiza el evento. Tanto que la entidad ya ha puesto su foco en analizarlo, desglosarlo y, a ser posible, solucionarlo. Las respuestas llegarán en futuras ediciones de la cita. Pero, mientras tanto, da para unas cuantas preguntas.
“En España se venden muchos libros: unos 76 millones de obras impresas en 2025, un 4% más respecto al año anterior, según la consultora GfK. Pero estamos ante un mercado sobresaturado. Salen más novedades de las que se venden y de las que un librero es capaz de seleccionar. Se dejó de velar por la calidad y se decidió apostar por la cantidad”, reflexiona Pilar Asuero, escritora de Las cabras (Altamarea) y editora en Siglo XXI. La facturación de la industria editorial vive tiempos de subida consecutiva, igual que los lanzamientos: más de 90.000 libros al año, en cálculos del sector. Si se criban solo obras literarias con enfoque comercial, la cifra baja: hasta 30.000 o 10.000, en la estimación más conservadora. Significa mínimo 27 novedades al día. Y eso a falta de los miles de títulos del fondo. ¿Hay lector para tanto libro?
“Una clave está en el espacio. Hay títulos que no salen para vender, sino para ocupar sitio en las estanterías, sobre todo por parte de los grandes grupos. A menudo tienen alta rotación, a la semana siguiente les sustituye otro”, tercia Enrique Redel, editor del sello independiente Impedimenta. “No se trata de que quien quiera escribir no pueda. Pero nadie es capaz de asimilar este volumen. Y no tiene sentido meter en el canal un libro que genera cero ventas”, agrega Javier Cámara, encargado del establecimiento en Bilbao que lleva su apellido, y de la exposición donde se abordó el asunto en el congreso. El librero descubrió hace poco el caso de una editorial que bajó el ritmo para centrarse en la calidad, pero reculó a los dos años, porque estaba perdiendo superficie de exposición. Aunque Redel asegura que esa es su apuesta: “Intentamos reducir la producción. Sacamos 25 libros al año, clavados. Queremos arroparlos con la promoción, que las librerías los mantengan y cuidar nuestro nicho fiel de lectores”.

Tanto librero como editor recurren al mismo símil: la aplicación de citas Tinder. Porque cada semana Cámara hojea 300 o más títulos y debe escoger unos 120 para sus estanterías. Dice que algunos los tiene claros, pero la mayoría de la selección se va pareciendo al célebre match sentimental: sí o no, en pocos segundos, y a lo siguiente. El amor literario también va deprisa: flechazo o hasta nunca. Y por más que Impedimenta avise de que no acepta manuscritos, igual que muchas editoriales, recibe unos 10 al día. Por la mesa de Redel pasan entre 600 y 1.000 al año, de los cuales lee 100 y publica una cuarta parte. Así, por ejemplo, se le escapó La temporada de las frutas envenenadas, de Vera Bogdanova: cuando pudo verlo y quiso pujar, tras adorarlo, estaba adjudicado. Las plantillas habitualmente pequeñas de editoriales y librerías independientes tampoco dan para más. Y desde Cegal añaden otra tendencia: aumenta la desaparición de títulos. Demasiado libro hay ya, como para cuidar las viejas perlas. Así puede darse la paradoja de no hallar lo que se busca en un catálogo desmesurado.
“Si como editores disponemos de más tiempo para leer y trabajar los textos, salen mejores obras. Si los y las libreras lo tienen para leer y seleccionar, se construyen escaparates con sentido. Si los lectores reciben una propuesta abarcable, cuentan con más herramientas a la hora de escoger. Aunque parezca contraintuitivo, una oferta exacerbada atenta contra la bibliodiversidad. Se vuelve puro ruido: comienzas a ver siempre los mismos libros en la mesa de novedades y en los suplementos culturales. Y todos leemos lo mismo”, señala Asuero. Otros datos de Cegal lo refuerzan: en librerías, únicamente el 4,5% de los títulos despacha más de 100 ejemplares al año. Y más del 40% de las copias vendidas corresponde a dos grupos, Penguin Random House y Planeta. Los establecimientos independientes duplican a las cadenas en variedad: más de 525.000 títulos, frente a 229.633. Sin embargo, los grandes espacios acaban de adelantarse por primera vez en ejemplares vendidos: el 52% del total. Así, solo unas pocas obras logran un lugar al sol. El resto navega sepultado en el fondo del iceberg. A priori, las oportunidades se han multiplicado. La práctica dice algo distinto. O contrario.
Entonces, ¿cómo conseguirlas? Contratar a un agente aumenta las opciones del escritor y garantiza al editor un filtro de confianza. El anuario estadístico del Ministerio de Cultura ofrece más pistas: el tema es la principal razón para escoger un libro, por delante del autor, las opiniones de amigos y familiares o las redes sociales. Ni el 5% de los encuestados dijo tener en cuenta críticas, publicidad y, menos aún, los premios. Aunque Redel propone lo opuesto: “Cuando estalló el fenómeno de Cincuenta sombras de Grey una revista me preguntó: ‘¿Cuántas novedades eróticas sacas este año?’. Pero nosotros, cuando el tema está de moda, huimos”. Las cifras de Cultura dicen también que triunfa sobre todo la novela contemporánea, en particular histórica y de ficción criminal.
Siempre y cuando se lea, eso sí: lo hace al menos una vez al año el 64,9% de la población, frente al 65,8% en 2018/2019. Un tercio de la ciudadanía lo incluye entre sus costumbres semanales. Pero uno de cada 10, por el contrario, asegura que no le gusta leer, porcentaje idéntico al de los hogares con menos de 10 libros. La mitad de la población (48,8%) tiene menos de 50 en casa. A saber cómo lo encajaría el fallecido Umberto Eco, defensor de la acumulación de libros sin leer. Su “antibiblioteca”, como la bautizó, tenía 50.000 títulos.
“Influyen muchos factores en la venta: desde la editorial en que se publica (si pertenece o no a un gran grupo, su prestigio, los recursos para la promoción, el interés en medios, la fidelidad del público), si a las librerías les gusta, el boca a boca. Pero muchas veces juega el azar. Antes de que Altamarea apostara por Las cabras, otras editoriales lo rechazaron alegando que no tenía trama y no creían que podría funcionar de la mano de una autora novel”, relata Asuero. Pero su ópera prima celebra un impacto de ventas positivo. Y se lo agradece también a muchas bookstagramers (prescritoras de libros en redes sociales): “Influyen porque su contenido se dirige a un público muy lector, las mujeres entre 25 y 35 años”.
El libro, además, puede buscar indicios a su alrededor. El volumen de novedades literarias también abruma y preocupa en otros grandes países de la UE. Y, por comparar, el 60% del cine español exhibido en salas en 2025 vendió menos de 500 entradas, en datos de Cultura. Aun así, la cantidad de novedades fílmicas no para de subir, con semanas donde coinciden hasta 14 o 16. Y eso que, desde hace tiempo, apenas una veintena de películas suele concentrar en torno a la mitad de la taquilla anual. En los videojuegos también se habla de saturación: Steam, la principal plataforma para ordenadores, incorporó 21.551 títulos solo en 2025. Aunque un largometraje que nadie haya disfrutado en la gran pantalla siempre tiene la esperanza de resucitar online: en streaming ya se ve tanto cine como en salas, o más. La mayoría de libros, en cambio, se juega (casi) todo en semanas, con suerte pocos meses, en las estanterías. De ahí, vuelta a las editoriales. Y a las sombras. O incluso la eliminación física. No precisamente el epílogo soñado tras meses o años de esfuerzo de un creador.
“Si en una editorial un libro no vende, puede que otro logre un gran alcance y levante los números (aunque no siempre es así, sobre todo en los sellos realmente independientes). Y si en una distribuidora hay una editorial que no vende mucho, otra lo compensa. Cuando eres autor/a, sobre todo novel, eres tú y tu libro. Puedes dar las gracias si aguanta una semana en la mesa de novedades, es fácil que al mes lo devuelvan, al año destruyan la tirada y quede en el olvido”, subraya Asuero. Para definir al sector editorial se han usado muchas metáforas: bicicleta, rueda del hámster, todo o nada. Se refieren a más y más obras para que el sistema siga adelante y un potencial éxito de mañana cubra los eventuales agujeros de ayer. Aunque el modelo reparte al autor cartas con las que cuesta ganar: adelantos cada vez menores, o hasta inexistentes; una tirada media inferior a los 4.000 ejemplares; y apenas un 10% de ingresos sobre el precio de las ventas. “Quien se mete en esta industria sabe que muchas veces lo que va a moverle es el entusiasmo antes que el dinero. Pero no debería sacrificarse una cosa por la otra. Me entusiasma escribir, pero también poder pagar el alquiler”, agrega Asuero.
“Cualquiera puede editar un libro, pero no significa que sea un autor. Igual que tener una cámara no se traduce en ser fotoperiodista”, matiza Cámara. Hay quien publica por su cuenta, o a través de una editorial que solo ejerce de imprenta; despuntan jóvenes narradores que arrasan primero en plataformas online y luego en papel; y están los autores tradicionales, vinculados a sellos reconocidos. Desde Cegal sospechan que justamente el boom de la autoedición explique en parte por qué tantos libros no venden nada. Pero Redel aplaude también a compañeros de otros sellos: Libros del Asteroide, Acantilado, Sexto Piso, Galaxia Gutenberg, Errata Naturae o Nórdica. Javier Cámara afirma: “Si solo me dejo llevar por la corriente, me convierto en un librero de grandes sellos. Hay que hacer una tarea de independencia”. Y Pilar Asuero agrega: “Como lectores debemos creernos el peso que tenemos en la cadena del libro: sin nosotros, se desmorona. Así que elijamos bien a quién le damos nuestro dinero”. Entre tantísimas opciones, debe de haber una perfecta para cada lector. Se trata de encontrarla.
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