ERC de Barcelona busca salir del bloqueo a un año de las elecciones municipales
Críticos de Junqueras y sector oficialista se enfrentan en el segundo congreso de la federación en menos de un año

Esquerra Republicana ya tiene candidata a la alcaldía de la capital catalana, la secretaria general del partido y líder de la bancada en el Ayuntamiento, Elisenda Alamany, pero la dirección política en la Federación de Barcelona está vacante. A 13 meses de las elecciones municipales, la regional más combativa e importante del partido votará por segunda vez en menos de un año a una nueva Ejecutiva: la anterior se rompió en noviembre pasado, solo cinco meses después de haber sido elegida. Las dos candidaturas son la crítica con el junquerismo que lidera la concejal Rosa Suriñach (y que cuenta con 160 avales), y la que encabeza el líder del casal de Horta-Guinardó Ricard Farin, de corte oficialista (347 avales).
Los militantes con derecho a voto son algo más de 900 personas de los Casals de Barcelona que votarán virtualmente este viernes de 10 a 19 horas y el resultado está previsto que se conozca de forma inmediata. El sábado, se celebrará un congreso en la biblioteca Jaume Fuster para proclamar oficialmente la candidatura.
La poderosa Federación barcelonesa de los republicanos es clave como dinamizadora de todo el proceso electoral en vistas a las municipales de mayo de 2027 y su comité de campaña es quien tiene la última palabra en el programa electoral y la elaboración de la lista. También capitanearía una eventual consulta a las bases sobre posibles pactos post electorales. Esta es la clave de la estrategia de los críticos con Junqueras. No presentaron batalla en las primarias en las que se eligió a Alamany candidata para 2027, entienden que es un activo electoral. Pero sí quieren plantarla ahora, para controlar la federación y garantizar, dicen, que haya debate. El oficialismo ve el argumento de manera contraria. En su carta de presentación a la militancia, alertaban de que el organismo “no puede ser utilizado como contrapoder de nada ni de ninguno”.
La lista Construïm Esquerra Barcelona, que encabeza Suriñach, tiene al exportavoz del partido en Sarrià Sant Gervasi Nil Font como número dos. Suriñach trabajaba en la agencia de Naciones Unidas especializada en ciudades ONU-Habitat, y fue fichada como independiente en la lista de ERC en 2019. Entró como concejal hace tres años y se afilió al partido en 2024 para mostrar su “compromiso”, explica, dando apoyo Nova Esquerra Nacional (NEN), a candidatura que entonces buscaba evitar que Junqueras fuera reelegido presidente. También están en su candidatura el senador Joan Queralt; la exdirectora general de Presidencia durante el Govern de Pere Aragonès, Núria Cuenca y la ex concejal y ahora diputada en Madrid Pilar Valluguera. Ambas en su día también estuvieron en la lista de NEN. Otro nombre destacado es el de Oriol Carbonell, hijo del expresidente de ERC Jordi Carbonell.
Al otro lado, en Activem Barcelona, el tándem de Farin es Núria Clotet, coordinadora del grupo municipal del Ayuntamiento que pilota Alamany y en el cargo desde la época de Alfred Bosch como jefe de filas. El candidato a la presidencia de la Federación, líder del Casal de Horta-Guinardó, es politólogo de formación y empezó su militancia en las JERC. Actualmente trabaja en un centro de investigación público, después de estar en el mandato pasado en el gabinete de Ester Capella en el Departamento de Territorio. La exregidora Montse Benedí o el también asesor del grupo municipal Jordi Fernández-Cuadrench forman parte de una lista que se precia de no tener altos cargos o políticos en primera línea.
Alinearse ante las municipales o saldar cuentas pendientes
La gran duda de la contienda es si entre la militancia pesará más la necesidad de alinear la maquinaria interna para los comicios o la de saldar cuentas pendientes ente las familias de la formación y con la dirección nacional del partido, al que tradicionalmente se ha acusado de intervencionismo en la Federación. El episodio más claro fue la votación, forzada a toda prisa por Alamany en junio de 2024, para decidir si ERC se integraba en el Gobierno del alcalde Jaume Collboni. Una consulta que se frustró cuando las bases tumbaron, acudiendo a votar en masa y no se llegó a celebrar.
Además de la tensión por ese pacto, en las elecciones de hace un año pesó que el partido aún sangraba tras la ruptura entre Junqueras y Marta Rovira y la crisis por los carteles del Alzheimer de Maragall. Todo eso ayudó a que la lista que encabezaba Creu Camacho se impusiera, al conectar mejor con la sensación de desconexión de las bases. Se impuso sorpresivamente y por tan solo 14 votos a la de Eva Baró, bendecida por el Junqueras y Alamany.
Esa sucesión de cabos irresueltos y vida orgánica del partido es la que hace imposible plantear ahora la votación como un asunto exclusivamente de crítica o apoyo a la cúpula nacional, aunque el tema pesa claramente. La ruptura de la Ejecutiva, en noviembre, llegó justo en el momento en que se decidía el reglamento para la elección del alcaldable. El cisma fue justificado por los nueve dimisionarios de la Ejecutiva de 13 miembros, entre los que estaba el número dos de la Federación Miquel Colomé y la propia Suriñach, por el supuesto alineamiento unilateral de Camacho con los postulados de la dirección nacional.
Aunque ambas campañas apuestan por un mensaje en positivo, ya han saltado algunas chispas. Por ejemplo, la crítica a la cercanía de la candidatura de Farin y Clotet con Alamany y la dirección del partido. Y, del otro lado, que se incluya a concejales, senadores y diputados en activo en una Ejecutiva que decidirá sobre listas electorales. O las suspicacias que genera el hecho de que Suriñach sea una de las dimisionarias de la anterior dirección y se presente de nuevo presentarse ahora. “No es una vuelta de los dimisionarios, es un nuevo proyecto distinto para que la federación sea el espacio de liderazgo político”, insiste Suriñach.
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