Ir al contenido
_
_
_
_

Javier Rodríguez, escritor: “Hay una cuestión política en poner la voz de un perro en una novela”

El también editor literario y periodista chileno publica Huracán, novela cuyo protagonista homónimo es un galgo a través de cuyos ojos los lectores se asoman al mundo que le tocó vivir

Javier Rodríguez Álvarez en Santiago, Chile, el 7 de abril. Cristian Soto Quiroz

El también editor literario y periodista chileno publica Huracán, novela cuyo protagonista homónimo es un galgo a través de cuyos ojos los lectores se asoman al mundo que le tocó vivir

“Era valiente y, al mismo tiempo, sensato; canino, sí, pero a la vez extremadamente sensible a las emociones humanas”.

Así, con alguna distancia, se describe a Flush, el perro cocker spaniel que protagoniza el libro homónimo de Virginia Woolf publicado en 1933. Después de eso y hasta hoy, acaso más que nunca antes, los animales han sido objeto de escrutinio literario y filosófico: cómo entenderlos, cómo pensarlos, cómo no creernos más o mejores que ellos.

Uno que sabe de ese escrutinio es el editor y periodista Javier Rodríguez, que en 2024 publicó el volumen de cuentos No todo lo que vuela es pájaro, donde invitaba a “levantar la vista del suelo –o del propio ombligo– y a mirar alrededor, no como un observador superior, sino como parte del mismo tejido vivo que componen los animales, las plantas, el viento”.

Ahora, a través del sello español AdN, presenta su segunda novela, Huracán, que lleva por título el nombre de un galgo negro con un manchón blanco en el pecho. Un animal cuyo dueño infame lucra con su velocidad en una pista de carrera de la localidad de Paine (próxima a la capital chilena) y que, yendo más lejos que Flush, derechamente conmina al lector a mirar el mundo con sus ojos, a sentirlo con sus sentidos:

“Desperté muerto de Sed y con alguien olfateándome el culo. Me quedé rígido, pensando que podía ser uno de los perros de la noche anterior. La garganta seca, dura como una alfombra polvorienta”.

No toda la novela es narrada por el animal, que cuando escribe lo hace con altas si se trata de lo esencial (Sed, Agua, Comida). No toda, pero sí buena parte, más que suficiente para recordarnos en boca de un médico que “somos todos animales” y, en la voz del señalado Huracán, que hay humanos menos infames que el propietario del que huyó, pero que son “lobos con piel de oveja”. Otro, un joven enfrentado a este “galguito de los chiquititos”, celebra una supuesta “ley nueva” que prohibirá las carreras de galgos (el proyecto existe, pero los diputados chilenos no llegaron a votarlo en el período parlamentario que terminó el 11 de marzo).

En tanto ciudadano animalista con inquietudes medioambientales, Rodríguez rechaza las corridas de toros, los zoológicos y, ciertamente, las carreras de galgos. Pero como escritor -y como el periodista que cierta vez viajó “a la mala” en un bus con pinochetistas que conmemoraban la muerte del dictador- no pudo hacer menos que asistir y conocer el mundo que gira en torno a ellas y así alimentar la ficción, para mayor abundamiento en las tierras de José Antonio Kast.

Lo que no es ficción, o no lo es completamente, es la imagen que aparece cuando quedan 30 de las 196 páginas de la novela: una foto bajo la cual se lee, “Galguito paseándose por sector de Aculeo. Amistoso. Se necesita urgente hogar temporal o definitivo”.

Si se sigue la ficción, el fotografiado es Huracán, el perro arrancado de su dueño que anda suelto por ahí. Pero en la realidad la fotografiada se llama Olimpia, una mestiza de galgo que tiene seis años, que fue rescatada desde un criadero y que hace unos días recibió a EL PAÍS en el departamento de Rodríguez, donde también vive Pina, una salchicha bastante mayor.

En un tercer piso de la calle Ricardo Lyon, en la comuna capitalina de Providencia, posa el autor para el lente junto a Pina y Olimpia, y luego se detiene a conversar, entre otras cosas, de las paradojas de una escritura que se quiere desafiante del antropocentrismo. De “la necesidad y, al mismo tiempo, la imposibilidad de escribir desde la experiencia de un animal”.

Porque entrar en ese territorio, piensa el autor, “implica también rozar algo incómodo: la continuidad entre la violencia ejercida sobre los animales y la que se ejerce entre los propios humanos. No como equivalencia fácil, sino como una zona de contacto que la literatura puede explorar sin resolver del todo”. Y como la ciencia no logra aún dar cuenta plena de la mente animal, “el arte sigue siendo el espacio más propicio para imaginar esa experiencia ajena, para ensayar formas de percepción que no son las nuestras”. Todo, en el entendido de que “hay una cuestión política en poner una novela en la voz de un perro, precisamente porque quiero poner el punto de vista ahí: quería mostrar cómo es la vida de esos perros y creía que, estilísticamente, podía ser un desafío interesante”. Asumiendo, eso sí, “las contradicciones y la finitud de mis herramientas”.

Ataviado con una camisa manga corta con motivos de renos, rodeado de diversas plantas de interior, se detiene Rodríguez en lo de “cuestionarnos el antropocentrismo”. Pero no, según parece, para caer en antiespecismos o igualitarismos a todo evento, sino para ver si es posible modificar costumbres, especialmente algunas tan arraigadas en Chile como la del rodeo: declarado deporte nacional por Augusto Pinochet, implica crueldad y sufrimiento a los vacunos que participan en ella, según acusan sostenidamente organizaciones animalistas, pero es defendido por el nuevo presidente del país, quien a fines de marzo se apersonó en la Medialuna Monumental de la ciudad de Rancagua con motivo del 77° Campeonato Nacional de Rodeo.

“No digo que humanos y no humanos seamos todos iguales, que tengamos los mismos derechos, pero creo mucho en el concepto de Peter Singer de la igual consideración de intereses”, añade. “Si un animal es sintiente, merece la misma consideración, y no por un beneficio para mí me voy a comer una vaca, por ejemplo”.

Por eso, “cuando el presidente Kast va al rodeo, está validando una expresión que puede tener raigambre, peso cultural, pero ahí yo no me pierdo y vuelvo a lo de la igual consideración: el animal sufre y entonces, para mí, toda esta tradición, toda esta cuestión cultural, no tiene sentido cuando otro ser está sufriendo y el espectáculo es precisamente su sufrimiento”.

Dicho lo anterior, confidencia que lleva unos cuatro meses de vegetariano y que lo empezó hacer, no por un beneficio para su organismo, sino como “una decisión ideológica en el justo sentido de la palabra”. Sin embargo, aclara que no se le dan bien el veganismo o el vegetarianismo muy militantes: “Es como un signo de los tiempos, algo que no te permite conversar”.

Por último, y para marcar un punto, cita de memoria algo que le escuchó decir al exministro del Medio Ambiente Marcelo Mena: que el Gobierno de Gabriel Boric se había “equivocado en hacer del ambientalismo y el animalismo temas identitarios, cuando tendrían que ser temas para todos”. Podemos cuestionar las categorías, dice, “pero tenemos que entrar en una discusión. Al final, esto no puede ser un tema en el que te abanderes como progresista o conservador”.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_