Brasil se moviliza en protesta por el asesinato de un perro callejero y clama justicia
Tres adolescentes son sospechosos de propinar la mortal paliza a Orelha, que vivía en una playa de Florianópolis y era cuidado por el vecindario


El cruel asesinato de un perro llamado Orelha ha generado una gran ola de indignación en Brasil y el fin de semana llevó a miles de ciudadanos a manifestarse en varias ciudades al grito de “Justiça por Orelha” (oreja, en portugués). El can, un mil leches de pelo negro y castaño, vivía hace una década en una playa de Florianópolis, al cuidado del vecindario. Una fórmula extendida en Brasil. Tres adolescentes son investigados por propinar la mortal paliza al animal a principios de mes; y los padres de dos de ellos y un tío han sido formalmente acusados de coaccionar a un testigo. El caso ha tocado una fibra, movilizado políticos y artistas, e impulsado demandas variadas: los animalistas exigen leyes más duras contra el maltratato animal y cunde el temor a la impunidad porque las familias de los sospechosos son influyentes en la ciudad. Mientras, los partidarios de reducir la edad penal a los 16 años han aprovechado para colocar su demanda en las protestas por Orelha.
Ciudades de todos los rincones de Brasil acogieron manifestaciones en las que cientos o incluso miles de personas marcharon para exigir justicia para el perro Orelha con pancartas como una que decía: “No es una broma de adolescentes, ¿es un asesinato!" Salía así a la calle una ola de indignación que fue engordando en redes sociales. La de São Paulo fue probablemente de las más concurridas. Prontito, antes de que apretara el calor y estallaran las tormentas del verano tropical, una multitud marchó por la principal avenida de la metrópoli, la Paulista, escenario tradicional de protestas.
“Los tienen que castigar como si hubiera arrancado una vida humana porque en este país las penas de maltrato animal son levísimas”, dijo Tatyane Campos, de 28 años, acompañada de Camomila, la perra a la que adoptó hace un año. “No se consideran vidas importantes. Exijo justicia, como haría si le pasara a mi madre o a mi novio”.
Orelha vivía en la calle, merodeando en torno a Praia Brava, una playa en una zona rica de Florianópolis, un popular destino turístico en el sur de Brasil. Era lo que en Brasil llaman un perro comunitario. No tenía un dueño, los vecinos lo alimentaban y cuidaban. Tenía caseta y cariño. Es una fórmula que las autoridades brasileñas impulsan para que los perros callejeros estén bajo control. Las redes se han llenado estos días de vídeos caseros en los que aparecía, curioseando en una boda o rondando la pesca del día.
Tras la paliza, una vecina lo llevó al veterinario. Pero, agonizando por las graves heridas sufridas, sobre todo en el ojo izquierdo, murió allí mismo.
La crueldad de la paliza, que la víctima fuera un can comunitario y que los adolescentes pertenezcan a familias influyentes han contribuido a que este caso alcanzara una repercusión muy superior a cualquier maltrato animal reciente. El pasado diciembre, Brasil vivió una onda similar a causa de los feminicidios, cuando varios sucesos especialmente crueles se tradujeron en marchas de protesta contra la violencia machista, que mata cuatro mujeres al día, y abrieron un debate político que persiste.
La Policía Civil investiga a tres adolescentes tras descartar la participación de un cuarto en la agresión, según reveló el programa Fantástico, o show da vida, de Globo. Que tras el episodio, dos de los sospechosos viajaran a Disneylandia, en Florida, Estados Unidos, en un viaje de fin de curso contribuyó a alimentar la indignación popular. “El dia de mañana Estos chavales van a ser médicos, abogados, los novios de nuestras hijas. Si con 16 años han hecho esto, ¿qué será de nosotras?”, avisaba Campos en la marcha.
Antes de la paliza a Orelha, grupos de adolescentes desplegaban amenazas y violencia en la zona. El portero de un edificio denunció en un grupo vecinal los desmanes de los niñatos, que lo mismo le lanzaban amenazas o insultos clasistas, como “asalariado”, que vandalizaban los bares de la playa. La misma noche de la agresión, un grupo distinto al de los sospechosos, golpeó a otro can, Caramelo, y lo lanzó al mar. Logró zafarse y sobrevivir.
La descomunal ola de solidaridad con Orelha ha dado vuelo a múltiples falsedades. La policía ha negado que existan vídeos o testigos de la mortal agresión. También descarta que la paliza fuera fruto de uno de esos desafíos violentos que se gestan en redes. Y los vecinos han desmentido que el animal fuera sometido a una eutanasia.
El Código Penal castiga el maltrato a perros y gatos con penas hasta de cinco años que pueden suponer la entrada en prisión. Pero eso no afecta a los menores de 18, a los que la ley brasileña trata siempre como infractores, no como delincuentes. El Gobierno lanzó una campaña en redes para recordar que pueden ser condenados a medidas socioeducativas, seguimiento sicológico y lo que llama medidas proporcionales. Es decir, reclusión en centros de reinserción en los casos más graves, pero jamás en una cárcel.
Ana Martins, de 26 años, llegó a la manifestación en São Paulo con Hope, una perrita víctima de malos tratos a la que adoptó hace siete años. A la protesta la llevó vestida con un traje de ballet rosa. “Queremos que la ley sea más dura para los delincuentes menores”, explicó y recordó el caso de un guarda de un supermercado que también mató a un perro. “Perdió el empleo, pero nunca fue preso. No queremos que se repita”. Muchos de los presentes, llevaban pegatinas con el lema “cárcel para los maltratadores de animales”, una campaña creada por el comisario de policía Bruno Lima, diputado en Brasilia y con un hermano concejal en São Paulo.
“Esto no se resuelve con castigos más severos, el cambio tiene que ir mucho más allá. Necesitamos más solidaridad y humanismo”, apuntaba por su parte Renato Sintra, de 56 años, que acudió a protestar con su pareja y los perros Gina y Lenin. Al gato Trotski lo dejaron en casa.
A medida que se acercan las elecciones presidenciales y legislativas de octubre se multiplican los llamamientos a endurecer las leyes para todo tipo de delitos en este país donde el 2025 hubo 34.000 asesinatos y la peor matanza policial del país. La seguridad pública se perfil como el tema estrella de los comicios.
También en Brasil se da la ola de humanización de las mascotas que recorre medio planeta. Los 212 millones de brasileños conviven con 160 millones de animales domésticos, incluidos unos 60 millones de perros, que alimentan una colosal industria: hipermercados abiertos 24 horas, seguros médicos para animales, manicura y tinte para perros… Y en ciudades como São Paulo, con varios hospitales veterinarios municipales.
La furia por la muerte de Orelha y sus circunstancias ha devuelto a la actualidad el caso de de Galdino Pataxó, un indígena al que cinco jóvenes quemaron vivo en Brasilia en 1997. Dijeron que pretendían hacer una broma. Dos eran hijos de jueces. Con los años, los cinco obtuvieron plazas de funcionario en instituciones como el Senado, la policía de tránsito o el poder judicial.
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