Gustavo Petro se juega su legado en una visita a Donald Trump cargada de incertidumbre
El presidente de Colombia llega sin visa, descertificado y sancionado al encuentro de este martes con el republicano en la Casa Blanca


En el ocaso de su Gobierno, Gustavo Petro volverá a caminar por los pasillos de la Casa Blanca, esta vez para reunirse por primera vez cara a cara con Donald Trump. Las expectativas son enormes. La cita de este martes será en el Despacho Oval, donde lo recibió el demócrata Joe Biden en abril de 2023. Hay un abismo de diferencias con respecto a ese entonces. El primer presidente de izquierdas de la Colombia contemporánea regresa a Washington sin visa, descertificado en la lucha antidrogas y sancionado por el Tesoro de Estados Unidos, después de casi un año en colisión permanente con el magnate republicano, una personalidad tan explosiva e impredecible como la suya.
El encuentro entre dos líderes en las antípodas ideológicas puede sellar la anhelada distensión entre Bogotá y Washington, dos capitales con una estrecha relación histórica, a pocos meses de las elecciones para definir el sucesor de Petro. Es una tregua inesperada que acordaron durante la llamada que mantuvieron el 7 de enero. Fue un giro bienvenido, luego de las insistentes amenazas del republicano, quien, envalentonado por su intervención en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro, llegó a insinuar que Colombia podía ser la próxima en la lista. Un desenlace favorable, sin embargo, no está garantizado.
Petro, con su habitual grandilocuencia, no ha hecho ningún esfuerzo por rebajar las expectativas. “Esta es una reunión clave, fundamental, no solo en mi vida personal, sino de la vida de la humanidad”, afirmó en una semana de discursos maratónicos y erráticos. También reactivó, tras varias semanas de moderación, su faceta más antiimperialista, lo que ha reflotado los temores de que el encuentro pueda terminar siendo contraproducente para los intereses de la diplomacia colombiana. “Deben devolver a Maduro, y que lo juzgue un tribunal venezolano”, dijo en un acto público en Bogotá, uno de los puntos que más lo ha distanciado de Trump. Eso a pesar de que tanto la Cancillería como el Departamento de Estado han fijado los temas que abordarán los dos presidentes: lucha contra el crimen organizado trasnacional, seguridad regional y oportunidades comerciales. “No queremos misiles sobre Caracas, ni sobre ningún país de América”, se reafirmó Petro durante el Foro Económico Internacional de América Latina y el Caribe, que congregó a siete jefes de Estado en Panamá.
El embajador en Estados Unidos, Daniel García-Peña, ha preparado el terreno para limar todas las asperezas posibles, con la ayuda de otras figuras. El excanciller Luis Gilberto Murillo, quien hace un año desactivó la primera crisis diplomática con un Trump recién posesionado –en la que fue su última gestión como ministro de Exteriores–, lleva un par de semanas en Washington con el propósito de crear un ambiente favorable, por pedido del propio Petro. “Es una oportunidad única y hay que aprovecharla. Las declaraciones inoportunas no ayudan en absolutamente nada, y menos cuando perdemos el eje central, que es el apoyo a una agenda de cooperación, que beneficie a la gente y proteja los intereses de Colombia”, ha advertido Murillo, también exembajador y ahora candidato presidencial, en la antesala del encuentro. “Por ahí andan los cizañeros, apostándole a que salga todo mal... Colombia necesita tener unas relaciones internacionales tranquilas, que fortalezcan el poder de Colombia como una fuente de estabilidad”, ha añadido desde la capital norteamericana, gélida por estos días.
Es mucho lo que está en juego, pues Washington es, por mucho, el principal socio comercial y militar de Bogotá. El 30% de las exportaciones colombianas tiene como destino el país del norte. La amenaza arancelaria de Trump en aquella primera crisis asomó su economía al precipicio. El narcotráfico ha sido el principal foco de fricción, pero no es el único. Un análisis de la Cámara de Comercio Colombo Americana, AmCham Colombia, identifica cinco prioridades en la relación binacional para 2026: seguridad, lucha contra el narcotráfico y el crimen trasnacional; migración; el papel de Colombia frente a la vecina Venezuela; su relación con China y la infraestructura crítica; y el comercio y la inversión. “Si esta relación se encarece o se fricciona, el impacto no se queda en titulares; se siente en el empleo, la caja diaria de las empresas y el bienestar de los colombianos”, señala la exministra de Comercio María Claudia Lacouture, presidenta del gremio, quien hace un llamado para preservar los canales diplomáticos aún en medio de la incertidumbre.
“No es fácil saber qué esperar porque son dos señores muy impredecibles; puede haber dos desenlaces muy distintos”, advierte Adam Isacson, uno de los directivos de la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés). Uno, que muchos temen en Colombia, es que Petro viva lo que sufrió el presidente ucranio Volodímir Zelenski, “donde le dan muy duro a Petro y lo humillan durante la visita”. Pero también podría haber un desenlace similar al primer encuentro de Trump con Zohran Mamdani, el alcalde demócrata y socialista de Nueva York, “donde, pese a sus desacuerdos, hay una sintonía personal y les va bien”. El colombiano debe ser amable pero firme, añade Isacson, al estilo de la mexicana Claudia Sheinbaum o el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, manifestando sus líneas rojas, pero sin entrar en provocaciones.
Un escenario posible es que las personalidades, egos y proclividad a la teatralidad de ambos generen una tensión que trascienda su mutua antipatía y dañe la relación bilateral, afectando los negocios, el turismo y la alianza, apunta Sergio Guzmán, de la consultora Colombia Risk Analysis. Otro escenario es que Trump presente exigencias a Colombia –como fumigar con glifosato o renunciar a su adhesión a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China– para restablecer la buena relación bilateral, y retirar a Petro y algunos de sus allegados de la lista de sanciones de la OFAC, conocida como Lista Clinton. “Lo que más le pide la gente al presidente Petro es que sea prudente, que no se le salga el ‘último Aureliano’”, apunta Guzmán en referencia a los acostumbrados excesos retóricos del colombiano. “Si se le sale, puede tener consecuencias muy negativas para el país, por ejemplo en materia de aranceles o de visas. Esa es la naturaleza de Trump”.
La internacionalista Sandra Borda señala que, en plena campaña, Petro tiene incentivos en tensión. Por un lado, sus bases de izquierda esperan de él lo que les ha venido dando en este último año, una actitud mucho más recia, resistente, de pronto hasta insultante y agresiva frente a Estados Unidos. Pero al mismo tiempo quiere apelar a un electorado indeciso o moderado, al que debe demostrarle que puede manejar responsablemente las relaciones exteriores, e incluso tener una relación constructiva con Trump. “En esa reunión va a tener el reto de demostrar que son capaces de hacer eso sin lucir obsecuentes, sin lucir arrodillados, como dicen los de la derecha”, apunta la académica de la Universidad de Los Andes, en Bogotá.
El propio Petro ha llegado a destacar sus puntos en común con Trump, en un esfuerzo por saltar el abismo que los separa. “Hace lo que piensa, como yo. También es pragmático, aunque más que yo. A mí me gusta hablar”, concedía hace un par de semanas en una entrevista con EL PAÍS, en la que detalló la llamada en la que acordaron esa tregua pendiente de concretar en sus detalles más espinosos. Dijo que la oposición miente sobre sus esfuerzos antinarcóticos. “Su visión en muchas materias es muy distinta a la mía. Pero, por ejemplo, en el narcotráfico, no tenemos ninguna distancia”, aseguraba entonces.
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