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Petro: “Trump me dijo que estaba pensando hacer cosas malas en Colombia, una operación militar”

El presidente colombiano, en entrevista en exclusiva con EL PAÍS, reconoce que temió ser capturado igual que Maduro, pero cree que la llamada con el magnate “congeló” la amenaza

Gustavo Petro en la Casa de Nariño, en Bogotá, este jueves.Foto: chelo camacho | Vídeo: Daniel Angarita

Gustavo Petro pensaba esta semana que en cualquier momento una fuerza de asalto podía aterrizar en la azotea de la Casa de Nariño, la residencia presidencial colombiana, y llegar hasta su despacho. En el Palacio no tiene un búnker al que correr a esconderse, como intentó hace una semana Nicolás Maduro antes de que lo capturaran y lo subieran a un helicóptero que cruzó la noche de Caracas, rumbo a Estados Unidos. El presidente de Colombia, de 65 años, se sentía en peligro por las insinuaciones de Donald Trump de que a él le podría ocurrir algo parecido. El republicano lo ha llamado drogadicto, matón, narcotraficante y testaferro de Maduro. Lo ha incluido en la lista Clinton [el listado de las personas u organizaciones sancionadas por supuestos vínculos con el narcotráfico o el crimen organizado] y le ha retirado el visado. Petro, mientras tanto, dice, se aferraba “al pueblo” como escudo frente al ejército con mayor capacidad de fuego de la historia y a la espada de Simón Bolívar, guardada como una reliquia cerca de él.

Una llamada de teléfono lo ha cambiado todo. Petro y Trump hablaron el miércoles durante una hora y al acabar se mostraron satisfechos por la conversación y se despidieron de forma amigable. Con ese talante llega Gustavo Petro a la entrevista el jueves, a última hora de la tarde, en uno de los salones de Nariño. Una asistente le acomoda el pelo antes de sentarse en la silla y otra le trae colirio para los ojos.

Hoy, su retórica antiimperialista se ha rebajado. Llega a decir que sus posiciones respecto a la lucha contra el narcotráfico o la necesidad de una transición en Venezuela que culmine con unas elecciones no se alejan tanto de las de Trump. Petro, incluso, encuentra algunas similitudes entre ambos. “Hace lo que piensa, como yo. También es pragmático, aunque más que yo. A mí me gusta hablar”, bromea. Petro no quiere más conflictos con él, por ahora.

No le queda mucho como presidente, solo ocho meses. La coyuntura internacional, en la que se siente más cómodo, lo aleja de los problemas de casa. Su presidencia también ha estado marcada por algunos casos de corrupción que han salpicado a dos de sus exministros, que se encuentran encarcelados, y la violencia continúa pese a su intento de traer la paz al país. En Navidad decretó la emergencia económica para cubrir un hueco de 16,3 billones de pesos (unos 4.350 millones de dólares) en el presupuesto de 2026, una decisión excepcional que refleja la fragilidad del momento político y económico a cinco meses de las elecciones.

Pregunta. ¿Temió de verdad correr la misma suerte de Maduro?

Respuesta. Indudablemente. Nicolás Maduro o cualquier presidente en el mundo puede ser extraído si no concuerda con ciertos intereses.

P. ¿Reforzó su seguridad de alguna manera?

R. Aquí ni siquiera hay defensa antiaérea. Nunca se compró porque la lucha es interna. La guerrilla no tiene aviones de combate F-16 y el Ejército no cuenta con ese tipo de defensa.

P. ¿Sus servicios de inteligencia le advirtieron de algún peligro real?

R. No ha hecho falta. Trump lo lleva diciendo meses. Pero lo que aquí usamos es la defensa popular y por eso convoqué el miércoles a la resistencia popular [en concentraciones que llenaron plazas de todo Colombia].

P. ¿Se ha diluido la amenaza?

R. Creo que se congeló, pero puedo equivocarme. No supimos qué acción militar se planificaba, solo que había una en curso.

P. ¿Cómo lo sabe?

R. Trump me dijo en la llamada que estaba pensando en hacer cosas malas en Colombia. El mensaje era que estaban preparando algo ya, planificándolo, una operación militar.

P. ¿Cómo fue ese diálogo?

R. La conversación consistió en que yo pudiera exponer mi opinión. Él solo había recibido informaciones de la oposición vía el Estado de Florida —donde se encuentra el ala republicana más radical—. Esa oposición miente sobre nuestra lucha contra el narcotráfico. Usted lee lo que dice Álvaro Uribe [expresidente colombiano] y prácticamente viene a defender que nos ataquen.

P. ¿Qué impresión le dejó Trump como persona?

R. Hace lo que piensa, como yo. También es pragmático, aunque más que yo. A mí me gusta hablar. Su visión en muchas materias es muy distinta a la mía. Pero por ejemplo, en el narcotráfico, no tenemos ninguna distancia. Me dijo algo que me gustó: ‘Sé que se han inventado muchas mentiras alrededor de usted, igual que sobre mí’.

P. También ha hablado con Delcy Rodríguez, la nueva presidenta de Venezuela en ausencia de Maduro. ¿Cuál es su margen de maniobra teniendo encima a Trump, que dice encontrarse “a cargo” de Venezuela?

R. Soy amigo de ella. Está presionada desde afuera y desde adentro. La acusaron de ser la traidora. Ella ve la necesidad de fortalecer la unidad latinoamericana, pero su tarea central debería ser unir al pueblo de Venezuela. Si el pueblo se divide, habrá colonización. Si se une y busca una salida política al problema evidente que hay, puede avanzar.

P. ¿Ella le ha pedido ayuda? Su ministro [del Interior, Armando] Benedetti ha dicho que cuando usted se ofreció a mediar, Trump cambió de tema.

R. Benedetti fue testigo, pero no sé si oyó las palabras de Trump. No me lo pareció. La conversación consistió básicamente en que yo expuse mis planteamientos durante 40 minutos y él, en 15, habló sobre la forma de comunicarnos. Porque todo esto sucede porque no nos comunicamos.

P. ¿Teme ahora que Diosdado Cabello sea un elemento desestabilizador dentro del propio Gobierno?

R. Todas las fuerzas políticas que hay en Venezuela actualmente deben existir. Eliminar unas por vías violentas traerá más violencia.

P. Entre esas fuerzas está María Corina Machado, la líder de la oposición.

R. Tiene que cambiar su discurso. No debió quitarle el Nobel a Trump.

P. Digamos que usted no es muy partidario de ella, pero, ¿cómo convive también la idea de que no sea ella o Edmundo González quien gobierne cuando son los que ganaron las elecciones?

R. Es que yo no considero que fueran unas elecciones libres.

P. Algo parecido a lo que ha dicho el secretario de Estado, Marco Rubio…

R. La posición de Estados Unidos en relación a Venezuela no se aleja tanto de la mía. La idea de transición hacia unas elecciones libres y la de un gobierno compartido la han planteado otros, como Rubio, y coincide con mi propuesta. Pero no puede imponerse desde afuera, debe surgir del diálogo venezolano. El papel de Estados Unidos debería ser permitir ese diálogo, junto con América Latina. Antes de las elecciones en Venezuela propuse un gobierno compartido, inspirado en la experiencia del Frente Nacional en Colombia. En Venezuela podría aplicarse brevemente para crear condiciones de elecciones realmente libres. También propuse un plebiscito, pero no fue aceptado por Estados Unidos ni por Maduro. Ahora podría retomarse.

P. Dista mucho de lo que al final acabó ocurriendo.

R. Yo fui mediador real, junto a México, Noruega y otros países. Antes de las elecciones buscamos un acuerdo para celebrar elecciones libres. Hablé con [el expresidente Joe] Biden y con Maduro sobre esa opción. En Bogotá se hizo quizá la última reunión con gobiernos de Europa, el de Estados Unidos, varios latinoamericanos y nosotros. La idea era acabar con el bloqueo y cesar la represión, pero Maduro dijo: “¿Cómo puede haber elecciones libres si han puesto precio a mi cabeza?“. Estados Unidos llegó a aceptar, pero ni se desmontó la represión, ni hubo amnistía, ni hubo desbloqueo y todo fracasó.

P. Que Maduro no aceptase irse después de las acusaciones de fraude, ¿ha derivado en todo lo que ha pasado después?

R. Yo no reconocí esas elecciones. Tampoco lo hizo Brasil ni México. Y después de eso yo no podía ir a Venezuela. Y con Trump menos, se acaba cualquier tipo de posibilidad de mediación. El Gobierno Trump quiso hacerlo por su cuenta.

P. ¿Cuál es esa manera?

R. Lo central es que hay un choque de visiones: la ley estadounidense les permite entrar a otro país si hay actividad criminal como el narcotráfico, pero el derecho internacional, no. Si se generaliza, puede llevar a una guerra mundial. El tema no es Venezuela, el tema es chino: Estados Unidos teme la competencia con China y busca energía para competir comercialmente, pero eso va a llevar a la guerra.

P. ¿Cuándo va a venir Delcy Rodríguez a Bogotá?

R. Me ha pedido dos semanas. Necesita ver qué está pasando en su propio país y no equivocarse.

P. ¿Y usted cuándo va a ir a la Casa Blanca?

R. Primero irán los cancilleres a Washington a cuadrar el día.

P. Independientemente de la llamada con Trump, ha habido cesiones y negociaciones en temas de seguridad, como los bombardeos o extradiciones. ¿Trump le ha pedido retirar el estatus político a los grupos criminales que están ahora negociando la paz?

R. En realidad yo no les reconozco ese estatus porque son grupos que se han dedicado a la codicia. Hay algo en lo que sí puede ayudar Trump y es que la Fiscalía es la que tendría que asumir las negociaciones y no ha querido hacerlo por miedo. Pero negociar con un grupo delincuencial lo hace Estados Unidos todo el tiempo. Estados Unidos negocia con los señores capos que nosotros extraditamos.

P. ¿Cree que Iván Cepeda, el candidato de izquierdas para las presidenciales de este año, tiene la fuerza suficiente para sucederle?

R. Yo no me puedo meter en política. Está prohibido.

P. ¿Qué tipo de expresidente va a ser usted? ¿Hará política activa como Álvaro Uribe?

R. Yo no soy un viejo cansón. No soy tan viejo como él. Prefiero dedicarme a leer y a escribir libros. A Uribe le ha salido todo mal.

P. Ha dicho que se ha sentido solo e incomprendido como presidente. Ahora que empieza el ocaso de su presidencia...

R. ¿Cuál ocaso? El que ya faltando tan poco salga tanta gente a las plazas demuestra fuerza. Me siento muy satisfecho de la compañía del pueblo.

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