Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella rehúyen los debates mientras la Gran Consulta acapara los focos
Sergio Fajardo desafía a los punteros a contrastar propuestas, pero la alianza de derecha se lleva el grueso de la atención


Los desafíos a debatir van y vienen entre los líderes de las encuestas en la larga carrera por la Presidencia de Colombia. Pero los dos punteros, Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, rehúyen de plano contrastar sus propuestas con el tercero en disputa, Sergio Fajardo, quien insiste en ese reto. “Tanta habladera de paja, tanta fanfarronería. Yo estoy listo para debatir con usted, señor De la Espriella. A mí no me da miedo. Y bienvenido Cepeda, no hay problema. El reloj se va moviendo. Ya es hora de que colombianos y colombianas sepan exactamente cuáles son las opciones que tienen para la Presidencia”, declaró hace poco el exalcalde de Medellín, en un mensaje que dirigió al abogado de ultraderecha. “No hay excusas”, sentenció. Su llamado no tuvo demasiado eco. Los tres irán directamente a la primera vuelta del 31 de mayo, y no participan en las consultas que se votarán junto a las legislativas del 8 de marzo, lo que abre una oportunidad a otros aspirantes para atraer los focos.
De la Espriella no recogió el guante. Aunque evita con cortesía responderle a Fajardo, intenta a su turno provocar a Cepeda, que busca darle continuidad al proyecto progresista del presidente Gustavo Petro. “Píntala como quieras. Escoge el lugar. Escoge los temas. Y tú y yo, que somos los punteros en las encuestas, tenemos la obligación de darle la cara al país y de contestar las preguntas que sean”, le lanzó desde los micrófonos de Blu Radio al senador de izquierdas, sin referirse a Fajardo, quien no lo ha dejado escabullirse sin lanzarle nuevos dardos. “Me elogia…para eludirme. ¿Qué tendrá que esconder? No lo sé”, ha dicho el exalcalde, que eleva el tono contra los extremos, sin que nadie concrete la esperada cita. “Si usted tiene la opción de ser presidente, sería una calamidad para Colombia”, le ha reiterado a De la Espriella, que acumula sombras en su pasado como abogado penalista que sus rivales le pueden echar en cara. A partir de esta semana, da sus discursos desde un atril blindado como medida de seguridad.
Cepeda, que se catapultó luego de ganar con autoridad la consulta popular del Pacto Histórico, con un millón y medio de votos, se ha consolidado a la cabeza de las encuestas, con cerca de un tercio de la intención de voto. Hasta ahora, tampoco ha mordido el anzuelo. “No voy a ir a debates, lo digo de una vez claramente, a insultarnos con otros precandidatos, ni a amenazarnos ni a denigrarnos”, declaró desde aquel discurso de victoria, a finales de octubre. “Les hago el reto de que hablemos sobre ideas, propuestas, conceptos de país, y no sobre amenazas, insultos, calumnias contra personas”, añadió de inmediato. Dos días después matizó a Caracol Radio que sí asistiría a debates con reglas claras. Entre tanto, ha tenido una intensa actividad de plaza pública en distintos lugares de Colombia, que este fin de semana lo llevará a Soacha. Ante su promesa de continuidad para liderar un segundo Gobierno progresista, sus posturas sobre la política de paz total, la crisis de la salud o el régimen de la vecina Venezuela se antojan como considerables talones de Aquiles al momento de ser interpelado.
Aunque tanto Fajardo como De la Espriella rechazaron desde hace tiempo participar en las consultas, Cepeda tenía originalmente ese plan. Se lo impidió un fallo del Consejo Nacional Electoral, que de paso dinamitó la prometida unidad de la izquierda. Las tres ausencias, en cualquier caso, representan una oportunidad para los perseguidores. En especial para los de la llamada Gran Consulta, que agrupa a nueve precandidatos de derecha y centroderecha. La senadora Paloma Valencia, del Centro Democrático, es favorita en ese bloque, seguida por Vicky Dávila, exdirectora de la revista Semana, según los últimos sondeos. Después vienen el exgobernador de Antioquia Aníbal Gaviria, el exdirector del Dane Juan Daniel Oviedo, el exsenador Juan Manuel Galán, el exalcalde de Bogotá Enrique Peñalosa y el exministro de Defensa Juan Carlos Pinzón. Algo más rezagados, el exsenador David Luna y el exministro de Hacienda Mauricio Cárdenas. Esa alianza es ampliamente considerada la más competida, lo que le ha permitido acaparar los focos y organizar múltiples debates. Un ejercicio que contrasta con el Frente por la Vida, donde es amplio favorito el exsenador Roy Barreras, ya sin Cepeda en el tarjetón, y la consulta de centro hecha a la medida de la exalcaldesa de Bogotá Claudia López.
“Lo que están haciendo es proponer debates imposibles. Los que los proponen saben que el contrincante no les va a salir”, apunta el estratega político Juan Abel Gutiérrez, que en esta campaña asesora a Luna y en el pasado trabajó con Fajardo y con Carlos Fernando Galán, el alcalde de Bogotá. Todos los sectores atraviesan divisiones similares, y la Gran Consulta es la que tiene mayor capacidad de cambiar la tendencia del suyo, valora. “Nuestra herramienta es la consulta, con los debates y la visibilidad que trae. Básicamente, nuestra misión es capitalizar la mayor visibilidad posible para que tengamos una votación grande. La de los que están afuera de las consultas es superar ese espacio de tiempo en el que tienen menos visibilidad”, concluye.
Dependiendo de donde se ubica cada quien en el ajedrez político, debatir es un ejercicio de alto riesgo, advierte Eugénie Richard, experta en comunicación política de la Universidad Externado de Colombia. “Fajardo quiere un debate porque está intentando crecer en la intención de voto, mientras que los que están arriba, Cepeda y De la Espriella, saben que tienen más por perder que por ganar, que pueden desgastar su capital político. No se quieren exponer de manera innecesaria”, apunta. Aunque las consultas se han consolidado en las últimas elecciones como una suerte de primera vuelta anticipada, y absorben la atención, la campaña presidencial realmente arranca después del 8 de marzo.
La primera vuelta todavía se antoja lejana, matiza Yann Basset, profesor de Ciencia Política de la Universidad del Rosario. “Mientras la oferta electoral todavía no esté algo más estabilizada es difícil hacer los debates. Su tiempo vendrá después de las consultas”, coincide sobre el momento de la campaña. “Sí se va a volver un problema si después de marzo Cepeda y De la Espriella siguen negándose a debatir”, advierte el académico. “Una campaña electoral no es solamente para ganar, es también para comunicar propuestas, ideas, crear identidades comunes con un público. Si no hay este espacio, es problemático desde el punto de vista de la representación política”, valora.
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