La Junta de Ecopetrol saca transitoriamente al presidente Ricardo Roa hasta que pasen las elecciones
La cabeza de la empresa sale a un periodo de vacaciones después de varias investigaciones en su contra. Gustavo Petro criticó la decisión: “se asustaron con las amenazas uribistas”


La presión acumulada durante semanas en la junta directiva de Ecopetrol culminó este lunes en una salida que dice mucho sobre el nerviosismo que vive la empresa: Ricardo Roa, el presidente de Ecopetrol, no fue destituido ni se le pidió la renuncia. Pero la junta pidió que salga transitoriamente, y se vaya de vacaciones. A partir del martes, el presidente de la empresa más grande de Colombia tomará un período de descanso que se extenderá hasta el 28 de mayo, y que luego se convertirá en licencia no remunerada hasta el 28 de junio —es decir, después de la segunda vuelta presidencial, el 21 de junio—. Cuando regrese, será únicamente para coordinar el empalme con quien designe como su reemplazo la nueva junta directiva, aquella que el próximo Gobierno elegirá cuando asuma el poder en agosto.
El acuerdo, filtrado primero por el diario Portafolio, no le da gusto a quienes pedían la renuncia de Roa por las investigaciones judiciales en su contra. Este sigue siendo presidente de Ecopetrol, solo que ahora una cabeza ausente de la empresa. Para el experto en energía Mauricio Téllez, en todo caso, esta salida transitoria de Roa no resuelve el problema de fondo. “Seguramente dejarán a un vicepresidente o algún directivo” a cargo, dice, pero advierte que “se requiere mucho más que el cambio de una persona para mejorar las cifras, reducir costos, subir producción y reservas y recuperar un gobierno corporativo sólido”. Y es que Ecopetrol viene de capa caída en cuanto a rentabilidad se refiere, cerrando 2025 con ganancias que se desplomaron un 40% respecto de las de 2024.
El presidente Gustavo Petro criticó la decisión con un trino en el que reveló que los miembros que él delegó en la junta son mayoría, y que su mayoría quiere apartar a Roa “transitoriamente”. El mandatario los tildó de “asustados” por “las amenazas uribistas y de cambio radical de que los gringos buscan sacarlo”, y ya había acusado al sindicato de trabajadores petroleros, USO, de aliarse con ese mismo uribismo. “Tengo representantes míos en las juntas directivas de las empresas públicas que se asustan, no con los gritos de los gringos sino de los uribistas. ¡Ay Dios!, cómo se les ocurre ofrecer en bandeja al presidente de la mayor empresa del país y al mismo presidente de la República a la extrema derecha solo por susto", escribió el presidente.
Fue precisamente el sindicato el que terminó siendo decisivo: César Eduardo Loza, exlíder de la USO, se convirtió en el primer representante de los trabajadores en la historia de Ecopetrol cuando fue elegido para integrar el directorio en febrero de este año, tras una reforma estatutaria que abrió ese espacio por primera vez en 74 años de la empresa. Desde esa silla inédita, Loza fue uno de los cuatro miembros que dejaron constancia formal de su desacuerdo con la permanencia de Roa, rompiendo la alianza que hasta entonces existía entre el movimiento sindical y el gobierno, y añadiendo una presión que el directorio no pudo ignorar.
Natalia Name, abogada experta en temas reputacionales, explica que la figura adoptada equivale a un permiso del contrato laboral de Roa. “Es una decisión que lo separa del cargo por licencia”, dice. La junta ya anunció que a Roa lo reemplazará temporalmente el ingeniero electricista Juan Carlos Hurtado Parra, vicepresidente ejecutivo de Hidrocarburos, y quien lleva 28 años en el sector energético, la mayoría de esos en Ecopetrol.
Algunos en el sector, en todo caso, entienden esta salida negociada como una derrota para la izquierda. “La decisión sobre Ricardo Roa está contaminada por el activismo político de la derecha y la oposición en Colombia”, dice el político liberal Guillermo García Realpe, quien fue miembro de la Junta de Ecopetrol. “Yo no le entregaría la cabeza de Roa al activismo político . Y menos cuando hasta ahora no hay decisión judicial de fondo. Se viola el principio de legalidad y el de presunción de inocencia”, añade.
Hasta este punto pesan sobre Roa dos imputaciones por parte de la Fiscalía. La primera de ellas, resuelta el 11 de marzo, es por tráfico de influencias en torno a la compra de un apartamento en el norte de Bogotá. Según reveló el periodista Daniel Coronell, las versiones de Roa sobre ese negocio acumulan al menos seis contradicciones: dijo haber conocido al coronel Juan Guillermo Mancera —quien aparece como el verdadero pagador del inmueble— en fechas distintas según a quién le contara; cambió en tres ocasiones el valor que dice haber pagado por la remodelación; y afirmó haber hecho una transferencia de 450 millones de pesos al día de cerrar el trato, pero seis investigadores de la Fiscalía registraron las oficinas de Serafino Iacono —el propietario original— y no encontraron pagos provenientes de Roa. Los únicos registros son seis movimientos del coronel Mancera, cinco de ellos realizados cuando Roa ya era presidente de Ecopetrol.
A ese expediente se suma el testimonio del constructor Johny Giraldo, quien dijo haber recibido cerca de 2.000 millones de pesos en efectivo, transportados en cajas de cartón. Y el del exjefe de una filiar de Ecopetrol, Hocol, Luis Enrique Rojas, quien declaró que Roa y su pareja lo presionaron para entregarle a una empresa de Mancera una concesión de regasificación valuada en 1.400 millones de dólares anuales. El miércoles, Roa afrontará la segunda imputación por presunta violación de topes en la campaña Petro Presidente 2022, de la que Roa fue gerente.
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