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La construcción de TransMilenio por la Carrera Séptima divide a habitantes pobres y adinerados al norte de Bogotá

Residentes en la punta norte apoyan el proyecto porque reduciría considerablemente sus tiempos de viaje, pero vecinos de zonas más acomodadas se oponen por razones de seguridad y congestión vehicular

Un autobús TransMilenio circula en Bogotá, el 5 de febrero de 2026. Luisa Gonzalez (REUTERS)

Unos que sí, otros que no. El inicio de las obras para la construcción de TransMilenio por la Carrera Séptima, una de las principales y más representativas vías de Bogotá, ha dividido a los habitantes del corredor en dos principales sectores. Este lunes, los presidentes de siete Juntas de Acción Comunal (JAC) de barrios pobres ubicados en el extremo nororiental de la ciudad enviaron una carta al alcalde, Carlos Fernando Galán, manifestando su apoyo al proyecto, que califican como “un alivio”. Pero días antes, asociaciones de vecinos de zonas más al sur y más adineradas, directamente afectados por las obras que comenzaron la semana pasada, manifestaron la postura contraria: “TransMilenio no cabe por la Séptima”.

La misiva publicada esta mañana incluye las JAC de barrios como Barrancas, Consuelo Norte, San Cristóbal, Santa Cecilia Baja, Codito y Verbenal, sectores de estratos 1 a 3, que concentran el 56% de los viajes diarios que se realizan por la Carrera Séptima, según datos de Cívica, un proyecto de la Universidad de Los Andes, la Universidad Nacional y el Distrito para evaluar la habitabilidad de la ciudad. Mario Caro, presidente de la JAC de El Codito, dice estar “completamente de acuerdo” con las obras. “A nosotros nos sirve demasiado”, insiste. Explica que el actual Sistema Integrado de Transporte Público no ofrece rutas directas por la Séptima, lo que obliga a los usuarios a desplazarse primero hacia la Autopista Norte, que corre de manera paralela a más de dos kilómetros al occidente. “Para llegar a Usaquén toca ir hasta la calle 100 y desde ahí subir”, señala sobre el largo trayecto. Con la nueva troncal, estima, trayectos que hoy pueden tardar una hora se reducirían a 15 minutos. El director del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), encargado de las obras, ha dicho que trayectos que hoy toman 65 minutos, se reducirían a 20.

El comunicado de las JAC describe los recorridos actuales como una “travesía”: esperas de hasta 30 minutos para alimentadores, trayectos de 45 minutos hasta estaciones y recorridos adicionales de más de una hora. En total, llegar al centro puede tomar cerca de tres horas. “Son aproximadamente 135 minutos”, señalan, un tiempo que, afirman, quisieran dedicar a sus familias o a descansar. Para ellos, el proyecto representa una mejora en la calidad de vida. “El corredor de la Séptima termina siendo un alivio”, sostienen, al tiempo que piden que las obras generen el menor impacto posible.

Sin embargo, el respaldo no es unánime. Parmenio Cristancho, líder comunal de El Codito, reconoce que se trata de “un tema muy dividido” y él no está de acuerdo. Considera que la intervención podría empeorar la congestión al reducir carriles para vehículos particulares y advierte posibles impactos ambientales. En su opinión, no debería realizarse ninguna intervención de transporte público en ese corredor.

De manera similar, residentes y trabajadores de un tramo del corredor más al sur, que coincide con el lugar donde comenzaron las obras la semana pasada, entre la calle 119 y la 121 (que forman parte del primero de tres grupos de intervenciones que irán desde la calle 99 hasta la calle 200), no están contentos. Son zonas conformadas por viviendas de estratos cinco y seis, grandes edificios de oficinas y complejos urbanos, que han expresado su “profunda preocupación” por el proyecto.

Critican que se trata de una intervención “invasiva” que implicaría compra de predios, demoliciones, tala de árboles y obras sobre redes de servicios sin información técnica suficiente. También cuestionan la ubicación de estaciones en espacios que consideran reducidos y desconfían del cronograma (previsto hasta 2029), recordando antecedentes de obras prolongadas. Denuncian la falta de un plan claro de manejo del tráfico durante la construcción y advierten posibles efectos urbanísticos negativos, como la creación de “barreras” que fragmenten barrios o aumenten la inseguridad. También ponen en duda los beneficios prometidos en movilidad. “Tememos que TransMilenio no logre ese objetivo, sino que genere deterioro, inseguridad y disminución de la calidad de vida, como ocurrió en la Avenida Caracas”, señalan. Por ello, piden al alcalde detener las obras hasta contar con estudios completos, claridad sobre la adquisición de predios y soluciones técnicas garantizadas.

Caro, por su parte, pide a esos vecinos “que se pongan en los zapatos de nosotros”. Dice, además, que el proyecto servirá para descongestionar la Séptima, pues “el TransMilenio es más rápido que el particular, entonces ya no van a querer sacarlo”.

El debate sobre la construcción de un sistema de transporte masivo por la Carrera Séptima lleva más de dos décadas. Diversas alcaldías han propuesto alternativas que van desde el tranvía y el TransMilenio light hasta el metro ligero y un tren urbano. Ninguna ha avanzando y las casi 270.000 personas que viven alrededor del corredor pagan el precio. Solo el 29% de los usuarios que se movilizan por el corredor dice estar satisfecho con el servicio actual.

El alcalde de la ciudad, Carlos Fernando Galán, se ha referido esta mañana a las protestas de algunos vecinos. Ha reiterado el derecho de la ciudadanía a protestar, pero ha reafirmado que la obra “ya empezó”. “Respetamos las protestas, pero vamos a trabajar para que la obra avance de la mejor manera”, ha manifestado.

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