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Opinión

La sonrisa socarrona del presidente de Ecopetrol

La sonrisa de Ricardo Roa es la burla a un país entero e incluye una muy íntima burla hacia su jefe, Gustavo Petro, a quien cada día le debe inventar una nueva mentira para que este salga a justificar su absurda permanencia en la presidencia de Ecopetrol

Ricardo Roa en Bogotá, en abril de 2025.Nathalia Angarita (Bloomberg)

La periodista de Caracol Radio Luisa Mercado le lanzó la pregunta al presidente de Ecopetrol mientras este se escabullía en un ascensor: ¿Qué decir de que Julián es quien tiene el control de Ecopetrol? Ricardo Roa miró al suelo y luego a un punto muerto en el vano del elevador. Sostuvo una larga sonrisa que le permitió al país ver sus dientes de imposible blanco, seguro producto de algún vanidoso diseño de sonrisa, pero más allá de encandilar al país con ese fulgor, no fue capaz de negar lo que la periodista le preguntó.

Un directivo honorable lo habría negado de inmediato. Un empresario de ética intachable se habría molestado siquiera con que una afirmación de ese talante tomara vuelo y varias horas antes, cuando en 6AM-W de Caracol Radio un viejo contratista suyo aseguró que SU Julián era quien mandaba en la empresa, habría salido a rechazar tan graves señalamientos que lo hacen quedar como el más patético de los personajes, pintándolo como un señor ad portas de la tercera edad –no puede negar que ya tiene 62 años a cuestas–, haciendo todo lo posible para mantener a su lado a un atractivo efebo de apenas 32.

La sonrisa de Ricardo Roa en el ascensor es la burla a un país entero e incluye una muy íntima burla hacia su jefe y mentor, Gustavo Petro, a quien cada día le debe inventar una nueva mentira para que este salga a justificar su absurda permanencia en la presidencia de Ecopetrol. “Petro el omnipotente no puede tocarme. Me tiene que cuidar a mí y a mi muchacho”, pensará. Y sigue sonriendo porque sabe que las marrullerías hechas hasta ahora podrán hacerlo caer, pero lo dejarán a él, a SU Julián y a su entorno debidamente bañados en las riquezas del oro negro.

Un hombre socarrón es aquel que se caracteriza por ser astuto y burlón. En términos de lo que viene pasando en Ecopetrol, Roa y pareja han sido astutos para hacer sus jugadas y se burlan de nosotros porque creen –están convencidos– que la justicia nunca los va a tocar. De hecho, en noviembre de 2025 fue un amigo de ellos, Santiago Vargas, quien le compartió la buena noticia a Julián Caicedo, Jaime Andrés García, vicepresidente de abastecimiento de Ecopetrol, y a Aldemar Mejía, director estratégico de abastecimiento, estos últimos preocupados por las denuncias que se estaban haciendo sobre el pago irregular de 42 millones de dólares a la firma Termomorichal: no hay nada de qué preocuparse, aseguró, ya todo estaba cuadrado con la Contraloría.

Vargas no se equivocó. La Contraloría le dio la bendición al negocio espurio, cambiando por arte de magia el concepto que en el mundo entero se acepta a la hora de interpretar un contrato tipo BOOMT. Es como si se hubieran reinventado el contrato matrimonial. Toda una innovación jurídica, pero surgida de las entrañas de un ente de control fiscal.

Roa tiene motivos para sonreír porque todo hasta el momento le ha salido bien. Tal vez hasta le salgan bien las cosas en la Fiscalía porque también allí se mueve con presteza. Es un hombre con suerte, aunque SU Julián lo es mucho más, lo dice el reporte de Control Risk: “La experiencia, los vínculos políticos y los contratos adjudicados al sujeto (…) han sido fruto de su relación sentimental con RR”. ¡A sonreír!

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