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El Gobierno de Kast asoma la cabeza a la batalla cultural

La Administración ultraconservadora entrega sus primeras señales sobre asuntos de género y derechos humanos

José Antonio Kast en Santiago, Chile, el 12 de marzo. Diego Reyes (REUTERS)

En menos de dos semanas de mandato, el Gobierno de José Antonio Kast se ha salido del libreto de los tres pilares de la emergencia que lo llevaron a la Presidencia -economía, seguridad y migración-, para dar las primeras señales en asuntos relacionados a la llamada batalla cultural. Al retiro de 43 decretos medioambientales de Contraloría ingresados en la Administración del izquierdista Gabriel Boric, se han sumado la decisión de no adherirse a la declaración de los derechos LGTBIQ+ en la Organización de Estados Americanos (OEA) y el respaldo a que se votara una resolución impulsada por la delegación estadounidense de Donald Trump en la Organización de Naciones Unidas (ONU) para que la palabra género aluda solo a hombres y mujeres. La batería de medidas que ha impulsado el Ejecutivo en su arranque ha logrado que la atención esté repartida en distintos frentes, pero el debate ante sus convicciones ideológicas o valóricas promete marcar su Gobierno durante los cuatro años de mandato.

La izquierda calificó de “silencio estratégico” el que Kast, en modo candidato, no se haya referido a los temas de libertades individuales, como los líderes afines a su ideología, entre ellos Javier Milei en Argentina o Donald Trump en Estados Unidos. “Nuestras ideas ya ganaron en EE UU, en Italia, en Argentina (...) y en Chile también vamos a ganar”, advertía en campaña. En su intento anterior por llegar a La Moneda, en 2021, el fundador del Partido Republicano hablaba del “colapso institucional e ideológico” de la derecha tradicional y que, para “revertir” ese proceso, se había conformado la nueva derecha, una opción política determinada a “retomar la batalla cultural, ideológica y programática para retomar el camino de la verdadera dignidad humana y el desarrollo”. Entre sus propuestas de la campaña anterior figuraba derogar la ley de aborto en tres supuestos, eliminar el ministerio de la Mujer -en primera vuelta- y no escondía su rechazo al matrimonio entre personas del mismo sexo. También incluía clausurar el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) y retirar a Chile del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Las mujeres, principalmente, no le dieron su apoyo en las candidaturas presidenciales de 2017 y 2021 y, para no incomodarlas en su tercer intento, Kast no se pronunció sobre sus convicciones. En sus primeros 10 días de mandato, también son las que han retrocedido más rápido en su apoyo al mandatario, según la encuesta Cadem. La aprobación cayó seis puntos, al 51%, pero los segmentos con las caídas más significativas son entre las mujeres (40%, -13 puntos), y en las personas entre 35 y 54 años (53%, - 12 puntos).

Una vez electo, pero antes de asumir el cargo, Kast fue menos prudente en su discurso. A comienzos de febrero, en un acto en el Parlamento Europeo, instó a los partidos afines a promover de forma conjunta la “vida, la familia, la verdad y la libertad” frente a los “ismos” de las izquierdas como el “feminismo ideológico” o el “indigenismo radical”, ante el que hay que dar una “batalla cultural, política y moral”. Hay quienes sostienen en su círculo que, tarde o temprano habrá presión de parte de los suyos para que se discutan asuntos de la agenda valórica en el Congreso. “La emergencia de inseguridad y la de bajo crecimiento económico merecen que el enfoque esté ahí. Pero que uno se enfoque no significa que se olvide de lo demás”, advertía el republicano Gonzalo Rojas en entrevista con EL PAÍS a fines de 2025. Desde el balcón de La Moneda, en su primer discurso, Kast le habló a sus bases: “Con la ayuda de Dios, el esfuerzo de cada uno de nosotros y un amor genuino por nuestra cultura y tradición, Chile volverá a encaminarse hacia un futuro esplendor”.

En su influyente columna dominical en El Mercurio, el rector de la Universidad Diego Portales, el abogado Carlos Peña, planteó que los episodios en los organismos internacionales revelan las convicciones que animan al Gobierno de Kast y la manera en que concibe el campo cultural. La determinación de no adherirse a la declaración del Grupo LGBTIQ+ contrasta con lo que hicieron las Administraciones de Michelle Bachelet, Sebastián Piñera y Gabriel Boric en el mismo espacio. Según la Cancillería, “el texto, tal como estaba, en vez de unir a la región, generaba división”, pero en su intervención defendieron la no discriminación de ningún ser humano. Pero Peña apuntaba: “Promover los derechos de una comunidad (que es lo que proponía la declaración del grupo) no es lo mismo que no discriminar, y el apoyar que se votara la resolución respecto del uso de la palabra género no es inocente (significaba alinearse con el punto de vista que en esta materia defiende el presidente Trump).

La periodista Paula Escobar vaticinaba en La Tercera que se intentará que los temas de género, ambientales y otros similares sean invisibilizados por el copamiento comunicacional del aterrizaje del Gobierno en La Moneda o sean minimizados, “pero constituyen señales de alerta de que el Gobierno de emergencia no estaría renunciando a la batalla cultural y simbólica que se libra en otras latitudes, y que nada tiene que ver ni con el combate al crimen ni con el crecimiento económico”. Desde el oficialismo han defendido que nadie puede hacerse el sorprendido con las posturas del Gobierno de Kast en los organismos internacionales, y que el 58% de los electores chilenos lo eligieron sabiendo qué pensaba. “La gente ya me conoce. Soy un hombre de convicciones y no las he cambiado”, advertía en campaña. Además, postulan que el Gobierno no está impulsando una agenda valórica, sino que se han visto obligados a pronunciarse sobre las distintas materias.

Hasta ahora, una de las interrogantes es si la derecha tradicional agrupada en Chile Vamos levantará la voz cuando las convicciones de los republicanos lleguen demasiado lejos de las suyas. Evelyn Matthei, la carta presidencial del sector que salió quinta en la primera vuelta presidencial, rompió su silencio cuando el Gobierno de Kast retiró los 43 decretos ambientales de Contraloría para revisarlos, entre ellos, algunos que protegen a especies nativas chilenas. “Mi postura es clara: Chile necesita crecer y atraer grandes inversiones con agilidad, pero este progreso no puede ser a costa de nuestro patrimonio natural“, escribió en redes sociales la semana pasada. “Espero que la revisión de estas normativas nos permita alcanzar un equilibrio real, donde el desarrollo de Chile avance de la mano con la protección de nuestra fauna y medio ambiente”, añadió.

Por otro lado, es una historia en desarrollo saber cuánta paciencia tendrán los parlamentarios del Partido Nacional Libertario, más a la derecha que Kast y fuera del Gobierno, para empezar a empujar la batalla cultural en el Congreso, una bandera que sí enarbolaron con orgullo en la campaña. Sea cual fuera el escenario, Kast tendrá que saber negociar para ambos lados en las trincheras.

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