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El desempleo en Colombia logra sus mínimos en lo que va del siglo al sellar 2025 en 8,9%

El mercado laboral supera la velocidad del crecimiento de la economía, pero para 2026 afronta el alza de costos para la contratación formal

Colombia cerró 2025 con una tasa de desempleo del 8,9%, el registro más bajo en un cuarto de siglo desde que el país cuenta con mediciones comparables. El dato, publicado este viernes por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), confirma un ciclo de hitos para el mercado laboral, que marchó a un ritmo más dinámico que la propia actividad productiva. Mientras el equipo de investigaciones económicas de Bancolombia calcula que el crecimiento del PIB de 2025 fue del 2,9% —un dato que el DANE oficializará el 16 de febrero—, el mercado de trabajo demostró una capacidad de absorción que superó las previsiones de los analistas.

El desglose de los resultados revela que la desocupación nacional se fijó en el 8% durante diciembre, el nivel más bajo para ese mes en toda la serie histórica. En las 13 ciudades y áreas metropolitanas, el termómetro más fiel del empleo urbano, el indicador bajó hasta el 7,8%. El balance final arroja que Colombia cuenta con 23,8 millones de ciudadanos con un empleo. Solo en el último mes del año se crearon 603.000 puestos de trabajo, impulsados por una industria manufacturera que aportó 510.000 nuevas plazas, seguida por la administración pública y los servicios de salud.

Esta baja desocupación ha llevado al mercado laboral a un estado de tensión que los economistas llaman “estrechez”. El Banco de la República explica este fenómeno mediante la curva de Beveridge, que señala que las empresas ofrecen muchos puestos de trabajo, pero no encuentran a los candidatos ideales para ocuparlos. En este escenario, la oferta y la demanda de mano de obra no se cruzan con facilidad, lo que obliga a las compañías a subir los sueldos para atraer talento. Esa competencia termina encareciendo el costo de vida de todos, pues las empresas suelen trasladar esos mayores salarios al precio final de sus productos o servicios. Todo ello en medio de una inflación que se paralizó en el 5,1% el año pasado, cediendo solo 10 puntos básicos respecto de 2024.

Investigadores del Banco de la República destacan que la proporción de ciudadanos que sale a buscar ingresos cada día en Colombia supera en 1,5 puntos porcentuales al promedio regional, un dinamismo superior al de pares como Chile o Brasil. Bajo esa dinámica, el mercado laboral colombiano se anota otro triunfo: hay menos desocupados a pesar de que la presión por entrar al mercado es alta. Desde el Ejecutivo, el ministro de Trabajo, Antonio Sanguino, atribuye estos récords a las políticas salariales y económicas de la administración de Gustavo Petro: “Es una senda virtuosa que se consolidará con el salario vital”, asegura el funcionario a EL PAÍS.

Sanguino subraya que el crecimiento de la economía colombiana “se sitúa por encima del promedio del 1,5% que organismos como el FMI y la OCDE proyectaron para las economías avanzadas durante 2025”. El Ministro defiende que “el incremento del salario real y la caída de la inflación —que bajó del 13,1% en 2022 al 5,1% al cierre de año— han sido los pilares de esta recuperación”. Pero el optimismo oficial convive con una barrera estructural que el país no ha logrado derribar: la informalidad.

La proporción de trabajadores en el rebusque se mantuvo estancada en torno al 55% durante todo el año, y revela un mapa nacional fracturado. Mientras Bogotá registra una informalidad del 35,3%, en ciudades como Sincelejo la cifra escala hasta el 67,1%. En el campo, la precariedad es la norma: ocho de cada diez trabajadores carecen de seguridad social. Este estancamiento evidencia que el dinamismo económico todavía encuentra dificultades para transformar la informalidad en empleos estables con prestaciones de ley. Por eso, en la mente de los analistas ronda la pregunta de cómo el éxito de 2025 afrontará la nueva estructura de costos del año que empieza.

Hay nuevas reglas: una reforma laboral que recorta la jornada e incrementa los recargos, y un salario mínimo de dos millones de pesos. El Gobierno justificó el aumento bajo la tesis del salario vital, pero un cálculo técnico de ANIF muestra un descalce. La cifra oficial supera en un 18% lo que una familia de tres personas necesita para cubrir su canasta básica, según sus cálculos. No obstante, un análisis más detallado de las cifras sugiere que la presión no está en el sueldo base —que solo excede en un 3,1% el nivel vital—, sino en la suma de los beneficios adicionales. Al incluir el auxilio de transporte y la carga prestacional, contratar a un trabajador formal le cuesta hoy a una pequeña empresa cerca de 2,86 millones de pesos al mes. Esa brecha entre la necesidad del hogar y la capacidad del bolsillo empresarial es la que, según Munir Jalil, economista jefe de BTG Pactual, “puede hacer que la informalidad suba”.

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