La intervención militar en Venezuela, el deseo cumplido de Álvaro Uribe que se empañó por las paces entre Petro y Trump
La tregua entre Bogotá y Wahington descoloca al expresidente, que había pedido desde hace un año una operación militar para “desalojar a la dictadura” de Nicolás Maduro

Álvaro Uribe Vélez ha sido, desde el primer momento, el más ferviente defensor en Colombia de la intervención militar de Estados Unidos en la vecina Venezuela para deponer a Nicolás Maduro. También fue su más temprano promotor, desde hace un año, antes incluso de la posesión de Donald Trump. “No se puede pretender que nada pase cuando por años se ha albergado a terroristas que amenazan la seguridad nacional de Estados Unidos; se ha servido como corredor aéreo, terrestre y marítimo para trasladar narcóticos a los Estados Unidos; se ha violado la democracia y se ha propiciado un éxodo de 9 millones de ciudadanos”, sostuvo el expresidente de la “mano firme y corazón grande”, el gran referente de la derecha, en su primera reacción al ataque del sábado en Caracas, que consideró “en legítima defensa”. Ese entusiasmo, sin embargo, se ha visto empañado por la amigable llamada entre Trump y el presidente Gustavo Petro, un sorprendente giro de guion después de las insistentes amenazas en las que el republicano ponía al Gobierno de Colombia como el próximo en la lista.
Uribe, quien acuñó el término de “castrochavismo” para sus campañas electorales y ahora se postula nuevamente al Senado en las legislativas del próximo marzo, fue el primero en decirlo con todas sus letras. Hace exactamente un año, hizo un encendido llamado desde la propia frontera por una “intervención militar internacional” en la vecina Venezuela para “desalojar a la dictadura” del entonces recién investido Nicolás Maduro. “Nosotros pedimos una intervención internacional, preferiblemente avalada por las Naciones Unidas, que desaloje a esos tiranos del poder y convoque de inmediato a unas elecciones libres”, proclamó desde las calles de Cúcuta, en apoyo a Edmundo González y María Corina Machado, los líderes de la oposición venezolana. Lo acompañaron entonces en la tarima los cinco precandidatos presidenciales del Centro Democrático, el partido que fundó después de dejar el poder. Entre ellos, el asesinado Miguel Uribe Turbay y la senadora Paloma Valencia, ahora la candidata del partido.
Un año después, Trump le ha cumplido su deseo, aunque fue una intervención unilateral para llevarse a Maduro y su esposa, Cilia Flores. “Que en Colombia nos liberemos pronto del contagio destructor”, remataba el expresidente Uribe ese primer mensaje en que celebró la caída del heredero de Hugo Chávez, quien ahora deberá responder por cargos relacionados con narcoterorismo en un tribunal de Nueva York. Era una referencia nada velada al Gobierno de Petro, del que es su más enconado crítico.
En otra entrevista, a mitad de la semana, fue un paso más allá. Cuando la periodista María Isabel Rueda, muy afín a sus ideas, le preguntó si creía posible que Estados Unidos repitiera en Colombia la operación de Venezuela, le lanzó una carga de profundidad. “Las circunstancias se van pareciendo más todos los días”, respondió. “El Gobierno Petro, con lo que hace, se va aproximando a ese castrochavismo (…) Lo que necesita Colombia es un cambio de gobierno. Ojalá se dé muy rápidamente. Que derrote el narcotráfico, la criminalidad, que reconstruya las relaciones tan importantes históricas de Colombia con Estados Unidos”. También calificó al senador Iván Cepeda, el candidato del oficialista Pacto Histórico de cara a las presidenciales de mayo, con el que se encuentra duramente enfrentado desde hace más de una década ante la justicia colombiana, como un “agente declarado del castrochavismo”.
Era un momento delicado. Petro ha sido uno de los críticos más vocales de las políticas de Trump con respecto a América Latina, en general, y de la “agresión a la soberanía de Venezuela”, en particular. También del despliegue militar en el Caribe que la precedió. El republicano, por su parte, lo ha amenazado con insistencia. “Colombia está gobernada por un hombre enfermo, que le gusta hacer cocaína y venderla a Estados Unidos, pero no va a seguir por mucho más tiempo, déjenme decirles”, reiteró el domingo, a bordo del Air Force One, envalentonado tras la captura de Maduro. En los últimos meses lo ha llamado “líder del narcotráfico”, lo ha incluido en la lista Clinton y le ha revocado la visa, lo que había disparado a niveles sin precedentes la tensión entre Bogotá y Washington. El temor era muy real.
Pero todo cambió con la inesperada llamada del miércoles, la primera comunicación directa entre Petro y Trump. Después de hablar durante cerca de una hora, ambos se mostraron satisfechos y se despidieron de forma amigable. El republicano incluso calificó de “gran honor” la conversación, y aseguró este viernes que se reunirán en la Casa Blanca la primera semana de febrero.
A pesar de esa bienvenida distención, las insinuaciones de Uribe no han pasado desapercibidas en la Casa de Nariño, el palacio de Gobierno. “La conversación consistió en que yo pudiera exponer mi opinión”, relató Petro sobre su llamada con Trump en entrevista con EL PAÍS. “Él solo había recibido informaciones de la oposición vía el Estado de Florida —donde se encuentra el ala republicana más radical—. Esa oposición miente sobre nuestra lucha contra el narcotráfico. Usted lee lo que dice Álvaro Uribe y prácticamente viene a defender que nos ataquen”, se lamentó. “A Uribe le ha salido todo mal”, afirmó el presidente en otro pasaje de la charla, en el que lo tildó de “viejo cansón”. Uribe ha ripostado que Petro, que se volvió “mansurrón” con Trump, miente “descaradamente y sin sonrojarse”. Los dos antiguos adversarios políticos, en las antípodas ideológicas, afilan su lengua de cara a la campaña electoral que se avecina.
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