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Trump y Petro ponen fin a sus ataques con una llamada de una hora

Un grupo de empresarios, políticos y personas de la máxima confianza del presidente colombiano logró acercarlo a la Casa Blanca tras meses de diplomacia discreta

Gustavo Petro en la Plaza de Bolívar, en Bogotá, este miércoles.Foto: Mariano Vimos (El País) | Vídeo: Agencias

Gustavo Petro y Donald Trump han puesto fin este miércoles a sus ataques mutuos tras una llamada de más de una hora. Al colgar, el presidente de Estados Unidos ha dicho que ha sido “un gran honor” hablar con el colombiano y espera encontrarse con él en la Casa Blanca en una reunión que ya preparan sus asesores. Petro ha respondido que Colombia ya “puede dormir tranquila”. La situación, que había adquirido un tono prebélico, ha quedado zanjada, al menos por ahora.

Ninguno reconoce haber llamado al otro, pero lo que es seguro es que la conversación telefónica ha discurrido en un ambiente cordial. Trump ha revelado en redes sociales que Petro le ha explicado “la situación de las drogas” y ha agradecido “su tono”. El colombiano también ha tendido la mano al empresario. Cuando iba a dirigirse a una multitud que esperaba un discurso suyo en una plaza abarrotada de Bogotá, ha bromeado con que traía preparado un discurso y que tras la llamada ha tenido que hacer otro. Ha sido mucho más cordial que de costumbre y ha asegurado que Trump no es “bobo” y que eran otras personas las que le habían hecho creer que él era un narcotraficante o el testaferro de Nicolás Maduro, el líder chavista capturado el sábado en Caracas y trasladado a la fuerza a Nueva York.

La ministra de Relaciones Exteriores de Colombia en una rueda de prensa el 8 de enero de 2026Foto: REUTERS/Sergio Acero

La reconciliación no ha sido casual. Desde hace meses, según tres fuentes consultadas por EL PAÍS, un grupo colombiano de empresarios, políticos, el Procurador General de la Nación, la canciller y varias personas de la máxima confianza del presidente han tendido puentes con la Administración de Trump. Ha sido una labor secreta, a la que ha tenido acceso muy poca gente. Cualquier filtración podía poner en riesgo un trabajo diplomático muy delicado, teniendo en cuenta que en medio se encontraban dos hombres explosivos como Petro y Trump.

Se ha diluido un enfrentamiento entre presidentes que recordaba a los que han librado otros como Hugo Chávez y George Bush, o Chávez y Álvaro Uribe, dos que también llegaron a hablar de un enfrentamiento armado. Petro y Trump han protagonizado meses de desavenencias, insultos e insinuaciones de alto calibre. Las más graves las ha proferido el presidente de Estados Unidos, que ha llamado narcotraficante a Petro, lo ha amenazado con derrocarlo y lo ha incluido en la lista Clinton junto a la primera dama, Verónica Alcocer.

“Colombia está gobernada por un hombre enfermo, que le gusta hacer cocaína y venderla a Estados Unidos, pero no va a seguir por mucho más tiempo, déjenme decirles”, ha dicho Trump de Petro. En una de esas escaramuzas, le retiró la visa para entrar en Estados Unidos.

Petro ha entrado en la confrontación una y otra vez. Fue el primer presidente latinoamericano en pedir un trato digno para los inmigrantes deportados que llegaban a su país esposados de pies y manos. Aquello llevó a Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, a anunciar una guerra comercial contra Colombia. El presidente colombiano dijo sentirse preparado para enfrentarse a algo así, pero su canciller en ese momento, Luis Gilberto Murillo, llegó a un acuerdo con los republicanos. A la luz de lo que ha ocurrido después, lo que parecía en ese momento una crisis de enormes proporciones ha quedado minimizado.

Los asesores de Trump y congresistas republicanos han sometido a Petro a tácticas de psicoterror. Las amenazas eran parecidas a las que le enviaban a Maduro, que ha acabado capturado durante un asalto en la madrugada del sábado en el que murieron decenas de militares que le escoltaban. Horas después, cundía la sensación de que Petro, de seguir con su retórica antiimperialista, podía exponerse a un final parecido. Este telefonazo inesperado cambia el paso de la crisis.

La derecha colombiana se ha posicionado al lado de Trump a pocos meses de las elecciones presidenciales. Petro les acusa de haberle difamado en sus viajes a Washington, donde le han hecho creer a la Administración de Trump que él es un presidente peligroso que pone en riesgo la seguridad de Estados Unidos, una acusación parecida a la que se vertía sobre Maduro. El presidente los ha acusado de ser “irresponsables” y de poner al país al borde de un conflicto.

No se ha olvidado de la situación venezolana, que ha intentado resolver en innumerables veces sin ningún éxito. Fue el primero en proponerle al chavismo una suerte de transición que desembocara en la salida de Maduro por las buenas y después de recibir una amnistía. Maduro ignoró ese ofrecimiento, como muchos otros.

“No podemos bajar la guardia, todavía toca hablar en la Casa Blanca. Hablé también hace dos días con la presidenta actual de Venezuela, Delcy Rodríguez (presidenta encargada de Venezuela) y la invité a Colombia. Queremos establecer un diálogo tripartito y ojalá mundial para establecer el orden en Venezuela”, ha añadido.

La llamada no ha evitado que Petro, que había convocado esta noche a sus bases a manifestarse en todo el país en protesta por la intervención militar estadounidense en Venezuela, ofreciera un discurso con tintes heroicos. “Si alguien osara hacerme daño”, ha dicho, “lo que sucedería es que el pueblo de Colombia entra al conflicto”. En un mensaje posterior, Petro ha explicado que habló con Trump sobre sus desencuentros acerca de “la relación de EEUU con América Latina” y que le propuso una alianza de energías limpias. No ha dado muchos más detalles.

En sus redes sociales, Petro lleva días compartiendo imágenes de un jaguar que representa la defensa que haría frente al ataque de un águila, un animal que representa a Estados Unidos. Las referencias a Simón Bolívar y a su espada, que se exhibe en los pasillos de la Casa de Nariño, su residencia presidencial, se han multiplicado. De vez en cuando, en los ratos libres, se acerca al sable y lo observa en silencio.

Las comparaciones con Maduro resultan forzadas. Colombia tiene una democracia consolidada en la que existe la separación de poderes. Los periodos presidenciales son de cuatro años y no se pueden prolongar. A Petro, de hecho, solo le quedan siete meses de Gobierno. Una agresión contra él por parte de Estados Unidos en otro contexto sería inimaginable, pero la volatilidad de Donald Trump asusta a cualquiera. La amenaza parece haberse diluido. Los problemas, a veces, se resuelven con una llamada.

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