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El ELN no da tregua en la frontera con Venezuela, su retaguardia en vilo tras la captura de Maduro

La crisis humanitaria provocada por la arremetida guerrillera en la región fronteriza del Catatumbo sigue lejos de resolverse. La nueva crisis venezolana corre el riesgo de fortalecer el poder de los armados

A soldier patrols in Tibú, in the Catatumbo region of Colombia, on January 20, 2025.

La llegada al poder de Gustavo Petro despertó, una vez más, expectativas de que era posible alcanzar la esquiva paz con el ELN que han perseguido casi todos los gobiernos colombianos en lo que va de este siglo. El presidente de izquierdas incluso llegó a firmar con el comandante guerrillero Antonio García, a medidos de 2023, un inédito cese al fuego de seis meses, el primer hito de la hoy desgastada política de paz total. Pero los vientos ahora soplan en otra dirección. Hace un año, a Petro no le quedó más remedio que suspender los diálogos con los elenos ante la feroz arremetida en la región del Catatumbo, fronteriza con Venezuela, donde desde entonces se enfrentan a facciones disidentes de las extintas FARC con un saldo de más de 80.000 desplazados. Una catástrofe humanitaria de enormes dimensiones que sigue lejos de resolverse.

La guerra del Catatumbo, el lugar con mayor concentración de cultivos de coca en el mundo, no da tregua. La madrugada de este martes fueron secuestrados cinco policías en la carretera entre Cúcuta y Tibú. La defensora del Pueblo de Colombia, Iris Marín, informaba la víspera que 130 familias conformadas por cerca de 300 personas habían llegado en los últimos días a Cúcuta, la capital del convulso departamento de Norte de Santander. Huían de los enfrentamientos entre el ELN y el frente 33 de las disidencias. Entre el 29 de diciembre y el 2 de enero se registraron al menos 500 personas desplazadas, según un reporte de la organización Vivamos Humanos, que también advierte que otras 6.000 se encuentran en riesgo de confinamiento. Un incendio que el prometido despliegue de 30.000 soldados a lo largo de la frontera no ha conseguido apagar. “El ELN tomó el camino de la guerra y guerra tendrá”, llegó a afirmar en su día el presidente Petro.

Los combates evidencian también que el autodenominado Ejército de Liberación Nacional se ha convertido en una guerrilla binacional, que opera a lado y lado de una porosa línea limítrofe de más de 2.200 kilómetros, como han documentado diversas investigaciones. La arremetida de hace un año comenzó con el traslado de combatientes desde Arauca, otro departamento que limita con Venezuela, presumiblemente a través de su territorio. El ELN busca consolidarse como amo y señor de toda la franja fronteriza. La permisividad del régimen del depuesto Nicolás Maduro, un motivo constante de debate, abre ahora nuevos interrogantes.

La República Bolivariana de Venezuela incluso fue sede –y uno de los países garantes– de las congeladas negociaciones con el ELN, que todos los observadores dan por fallidas. Esa fue la primera mesa establecida como parte de la paz total, con la que Petro se proponía dialogar en simultáneo con todos los grupos armados. A un corto semestre de dejar el poder, se da por descontado que, si se retoman los diálogos, será con el próximo Gobierno. El senador de izquierdas Iván Cepeda, el candidato oficialista y favorito de las encuestas, fue parte del equipo negociador del Gobierno y siempre se ha manifestado favorable a poner en marcha nuevos procesos de paz.

Marta Meneses, from the Catatumbo coca-growing region, has breakfast at Bolivar Square where she and others from her area are camping out in Bogota, Colombia, after traveling to the capital to request a meeting with President Gustavo Petro, Wednesday, Jan. 29, 2025

Los analistas coinciden en que el futuro del ELN está estrechamente ligado a Venezuela. Mientras el Gobierno de Caracas siga respaldando al grupo insurgente colombiano, este no podrá ser derrotado por completo ni es probable que firme un acuerdo de paz, apunta Jeremy McDermontt, codirector de Insight Crime, en una reciente investigación sobre las guerras fronterizas, publicada antes de la captura de Maduro en una operación militar de Estados Unidos la madrugada del sábado. De momento, la vicepresidenta Delcy Rodríguez se juramentó como mandataria encargada.

“Si bien el ELN actúa actualmente como fuerza paramilitar en Venezuela, en caso de un cambio de régimen, ¿podría convertirse en una fuerza insurgente allí, como lo es en Colombia?”, se preguntaba el informe. La respuesta es compleja. Cualquier nuevo Gobierno en Caracas, especialmente uno que no pueda contar con la cooperación de sectores previamente chavistas, enfrentaría enormes dificultades, si no imposibilidades, para expulsar al ELN, al menos en el corto plazo, apunta McDermontt. Las posibilidades de un cambio de régimen promovido por Estados Unidos podrían incluso favorecer al ELN, advierte. “Cualquier nuevo gobierno, especialmente uno de oposición, enfrentará serias dificultades para gobernar tras casi tres décadas fuera del poder. Sus únicas herramientas para enfrentar al ELN serían las mismas fuerzas militares que hoy trabajan junto a la guerrilla y se benefician de su presencia”.

El ELN, que nació bajo el influjo de la revolución cubana hace más de medio siglo, ha estado presente del otro lado de la frontera por lo menos desde la década de los setenta. En los últimos años, sin embargo, su expansión es más que evidente. Organizaciones como Human Rights Watch han denunciado que las fuerzas de seguridad venezolanas han sido cómplices, al punto de realizar “operaciones conjuntas”. También la misión internacional independiente de la ONU sobre Venezuela ha constatado “vínculos de colaboración” de los rebeldes con el régimen chavista. El ELN incluso llegó a acuerdos con autoridades venezolanas para participar en la explotación de oro, diamantes y coltán.

Los desplazados de El Catatumbo se refugian en Estadio general Santander de Cúcuta por el recrudecimiento de la violencia en la zona que se ha disparado en ambos lados de la frontera de Colombia y Venezuela.

La guerrilla, considerada un grupo terrorista extranjero por Estados Unidos, ya ha incorporado en su narrativa la defensa de la Revolución Bolivariana, corrobora Gerson Arias, investigador de la Fundación Ideas para la Paz, aunque matiza que les preocupa la posibilidad de convertirse en una moneda de cambio para el régimen venezolano en la nueva coyuntura. La suma de los tres frentes de guerra del ELN que operan en la zona fronteriza constituye un 60% de su capacidad armada, apunta. Según los cálculos más recientes de la inteligencia colombiana, el ELN cuenta con 6.500 hombres, el segundo grupo armado más numeroso después del Clan del Golfo, que tiene casi 9.000.

Aunque es un momento de incertidumbre, para el ELN también representa la plataforma que ha estado esperando por mucho tiempo para ser una guerrilla continental, un viejo anhelo de que pasa por poder enfrentar a Estados Unidos de manera directa o indirecta, advierte el politólogo Jorge Mantilla, investigador del crimen organizado. “Dado el archipiélago de poder que es en términos prácticos la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, el ELN tiene oportunidades de hacerse con activos militares venezolanos si hay un escenario de desplome, o si el régimen empezara a colapsar”, desde depósitos de armas hasta equipos antiaéreos, apunta. Desde hace más de una década, el chavismo incorporó a los grupos armados colombianos dentro de sus planteamientos de defensa nacional, como una suerte de primera línea ante una eventual invasión. Esa es una lógica que sigue vigente y cobra más relevancia hoy, concluye.

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Sobre la firma

Santiago Torrado
Corresponsal de EL PAÍS en Colombia, donde cubre temas de política, posconflicto y la migración venezolana en la región. Periodista de la Universidad Javeriana y becario del Programa Balboa, ha trabajado con AP y AFP. Ha cubierto eventos y elecciones sobre el terreno en México, Brasil, Venezuela, Ecuador y Haití, así como el Mundial de Fútbol 2014.
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