Presidenta del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo: “Invertir en África es también una cuestión de estabilidad regional”
La institución, creada en los noventa, ha comenzado a trabajar en países como Benín o Nigeria, donde financia proyectos de infraestructuras clave y de acceso a la financiación para fortalecen el sector privado local


Una red de electricidad en áreas recónditas de Benín, un proyecto para allanar el acceso a la financiación en Nigeria, un plan de empleo y reinserción para los veteranos ucranios que vuelven del frente traumatizados o una transformación del estratégico sector del fosfato en Túnez. Odile Renaud-Basso, presidenta del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD), prefiere centrarse en los logros concretos cuando describe la razón de ser de la institución que dirige, implicada desde 2023 en varios países del África subsahariana.
“Nuestras prioridades son desarrollar las infraestructuras, haciendo hincapié en las energías limpias, y los servicios públicos que son fundamentales para el desarrollo del sector privado. Por ejemplo, el proyecto de electrificación que impulsamos en Benín es crucial”, detalla, en una entrevista con este periódico en Madrid.
El BERD es propiedad de 77 países, entre ellos España, más la Unión Europea y el Banco Europeo de Inversiones, presidido por la exministra Nadia Calviño. La entidad nació para apoyar la transición hacia una economía de mercado en países del centro y este de Europa tras el final de la Guerra Fría, pero hoy su radio de actuación se ha ampliado y abarca desde proyectos en torno al cacao en Costa de Marfil, hasta iniciativas farmacéuticas en Cisjordania. En un momento de históricos recortes de fondos y de reestructuración de la cooperación, la presidenta del BERD defiende un sector privado bien gestionado y sostenible como motor de la prosperidad.
Pregunta. ¿Qué potencial ven los países del BERD en los Estados del África subsahariana en los que han empezado a trabajar?
Respuesta. Para Europa, apoyar el desarrollo de África es también un desafío de estabilidad regional. Cuando se observa la dinámica demográfica de África, es importante generar empleos para la población local, para que los jóvenes que llegan al mercado de trabajo puedan encontrar una ocupación. Además, es una región con un gran potencial en materia de innovación, lo vemos por ejemplo en los servicios bancarios digitales. Los europeos también tienen el desafío de lograr partenariados para acceder a ciertas materias primas y paralelamente, los países productores no quieren solo exportar esa materia prima sino desarrollar la capacidad industrial de transformarla y para eso necesitan a menudo apoyos.
P. ¿Puede dar un ejemplo concreto?
R. Por ejemplo, Benín es un país tradicionalmente productor de algodón, materia prima que exporta. El Estado ha definido toda una estrategia para que ellos puedan fabricar prendas dentro del país. Es decir, habría mucho más valor añadido para Benín, se crearían puestos de trabajo más estables y mejor remunerados y también más ingresos fiscales. Es un reto que se plantea en otros países productores de materias primas, como Costa de Marfil con el cacao.
P. ¿Cómo eligen los países en los que están presentes?
R. Nuestro modelo de actuación se centra sobre todo en el sector privado y trabajamos con los actores públicos para establecer un marco en el que se desarrollarán nuestros proyectos. Los países en los que estamos presentes deben respetar ciertos principios democráticos y normalmente son Estados donde ya el sector privado tiene un cierto peso. Así, hemos llegado a seis países del África subsahariana: Nigeria, Costa de Marfil, Senegal, Kenia, Benín y Ghana, que está en el proceso de adhesión.
P. ¿Y los proyectos de inversión?
R. Nuestras prioridades son desarrollar las infraestructuras, haciendo hincapié en las energías limpias, y los servicios públicos que son fundamentales para el desarrollo del sector privado. Por ejemplo, un proyecto de electrificación como el que impulsamos en Benín es crucial porque va a conectar a 600.000 personas, implica el desarrollo de las empresas y el impulso de la economía. Otra prioridad es el acceso a la financiación para los pequeños empresarios, como hacemos en Nigeria.
Un proyecto de electrificación como el que impulsamos en Benin es crucial porque va a conectar a 600.000 personas, implica el desarrollo de las empresas y el impulso de la economía
P. En África hay un fuerte movimiento de descolonización política, económica y cultural. ¿El BERD puede ser visto como una pieza de ese dominio que el Sur Global que se quiere dejar atrás?
R. Todos los países en los que trabajamos son accionistas del banco y tienen voz y voto en los proyectos que presentamos. Incluso si se trata de un proyecto del sector privado, la opinión del país y de las autoridades es indispensable. Los países africanos estarán representados además en nuestra junta directiva.
P. En algunos Estados más frágiles o debilitados, esos proyectos impulsados con el sector privado ¿estarían de facto reemplazando a los gobiernos?.
R. Hay algunos Estados que están bastante endeudados y no tienen la capacidad financiera para invertir directamente en infraestructuras. Entonces, es pertinente contar con socios privados. Pero incluso para que este tipo de proyectos funcionen, es necesario que el Estado tenga funciones reguladoras en las que define el marco de actuación del sector privado, que realiza las inversiones y reduce así la carga financiera del sector público.
Todos los países en los que trabajamos son accionistas del banco y tienen voz y voto en los proyectos que presentamos. La opinión del país y de las autoridades es indispensable
P. Cuando el BERD inicia proyectos en un país, ¿abre una oficina y contrata a gente local, por ejemplo?
R. Así es. Reclutamos a gente que conoce el terreno: expertos, banqueros, etcétera. Además, en el banco hay personas de la región que pueden asumir responsabilidades. Por ejemplo, en Nigeria, nuestro jefe de operaciones es una persona jordano-egipcia. También trabajamos mucho con la sociedad civil a la hora de definir nuestras prioridades y valorar proyectos. Creo que es un proceso bastante participativo.
P. Ha mencionado la deuda, que asfixia a los países africanos que justamente no pueden invertir en salud, educación o infraestructuras por esta carga.
R. Está claro que todos los países están preocupados por evitar el sobreendeudamiento, de ahí su interés en impulsar el sector privado para que realice inversiones que el Estado no puede asumir directamente. Eso logra crear empleo y aumenta la recaudación fiscal. Esto no significa que la ayuda al desarrollo no sea necesaria, lo es y mucho, pero hay que prestar atención a lo que puede aportar el sector privado y creo que eso lo tienen presente todos los gobiernos.
Todos los países están preocupados por evitar el sobreendeudamiento, de ahí su interés en impulsar el sector privado para que realice inversiones que el Estado no puede asumir directamente.
P. ¿Han sentido el efecto de los recortes en cooperación decretados por varios países, algunos de ellos europeos?
R. Por ahora no. Yo creo que se verá en los años venideros. Nosotros necesitamos recursos de los donantes para hacer estudios preparatorios, por ejemplo. Por otra parte, también hay países que dedican fondos en función de sus prioridades como por ejemplo apoyo a las pequeñas empresas, a las mujeres emprendedoras, a los proyectos de energías limpias... Tal vez en estos proyectos más concretos sí se notará en el futuro. También necesitamos donantes para nuestra labor en Ucrania, complicada por el contexto de guerra, pero afortunadamente el apoyo para este país no ha disminuido de parte de Europa.
P. El BERD también trabaja en otros terrenos de conflicto como Palestina. ¿Cómo logran impulsar sus proyectos?
R. En Gaza por ahora no podemos hacer nada y en Cisjordania trabajamos mucho con bancos locales como el Bank of Palestine para financiar y establecer líneas de créditos para las pequeñas y medianas empresas locales y también apoyamos directamente proyectos del sector privado, por ejemplo en el sector farmacéutico. Desde octubre de 2023, hemos aumentado nuestra financiación hasta 100 millones de euros anuales, frente a los 83 millones de años anteriores. Pero todo se ha degradado debido al efecto Gaza y a los problemas de financiación de la Autoridad Palestina, a la que Israel debe entregar los ingresos fiscales que le corresponden. La situación es tensa y frágil pero creemos que es importante continuar apoyando las líneas de crédito y la financiación para el sector privado.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































