Petro, bajo la sombra de una investigación en EE UU en plena carrera por su sucesión
Dos fiscalías federales indagan posibles vínculos con el narcotráfico, una acusación que da alas a la oposición en mitad de la campaña y pone en riesgo la frágil tregua con Trump


Dos fiscalías federales de Estados Unidos investigan al presidente de Colombia, Gustavo Petro, por presuntos vínculos con el narcotráfico. La revelación, publicada este viernes por The New York Times, llega en el peor momento. Si es que hay alguno bueno. En plena campaña para intentar dejar la presidencia a su heredero político, estas dos investigaciones dan alas a una oposición que ha alimentado, sin pruebas, la tesis de que Petro tiene nexos con el mundo criminal.
La noticia amenaza además con desbaratar el relato del mandatario de que, tras su reconciliación con Donald Trump, en Estados Unidos había quedado claro que las sospechas sobre él eran infundadas. Y deja en el aire si el republicano usará este episodio para influir en las elecciones colombianas, que celebrarán su primera vuelta el próximo 31 de mayo.
El presidente Petro ha tardado unas horas en reaccionar. “En Colombia no existe una sola investigación sobre relación mía con narcotraficantes, por una sola razón: nunca en mi vida he hablado con un narcotraficante [...] Respecto a mis campañas, siempre he dicho a gerentes que no se aceptan donaciones ni de banqueros ni de narcos”, escribió en su cuenta de X. La embajada de Colombia en Estados Unidos también se manifestó y advirtió de que la información, basada en fuentes anónimas, “debe leerse en su contexto completo y abordarse con la cautela que este tipo de versiones no verificadas amerita”. Ninguna autoridad competente ha emitido una determinación o notificación formal, ni ha confirmado las afirmaciones mencionadas en el informe, asegura el comunicado.
Statement. pic.twitter.com/mrgOIfNKOK
— Embassy of Colombia in the United States (@ColombiaEmbUSA) March 20, 2026
La información del diario norteamericano cita a tres fuentes que han aportado detalles sobre el caso bajo condición de anonimato. Se trataría de dos investigaciones distintas —una en Manhattan y otra en Brooklyn— en las que participan fiscales especializados en narcotráfico internacional, además de agentes de la DEA y del Departamento de Seguridad Nacional. La agencia Reuters aportó un matiz sobre el caso: “Petro no es el objetivo principal de ninguna de las dos investigaciones, pero su conducta ha salido a la luz en investigaciones de narcoterrorismo y narcotráfico”. Gustavo Petro ha sido designado como “objetivo prioritario” por la DEA mientras los fiscales federales en Nueva York investigan sus supuestos vínculos con narcotraficantes. “Los registros de la DEA muestran que Petro ha aparecido en múltiples investigaciones desde 2022, muchas de ellas basadas en entrevistas con informantes confidenciales”, afirma la agencia.
Las pesquisas se encuentran en una fase inicial. No hay acusaciones formales ni certeza de que las habrá. Pero la exclusiva es políticamente explosiva: se indagan posibles reuniones de Petro con narcotraficantes y la sospecha de que pudo haber solicitado dinero de esos círculos para su campaña presidencial de 2022. Petro ha negado en repetidas ocasiones que haya usado dinero del narcotráfico y ha acusado a la oposición de construir este relato criminal en su contra.
A lo largo de su carrera política ha habido varios escándalos que lo salpicaron por presuntos vínculos del mayor de sus hijos y de su hermano con líderes del narcotráfico. Petro siempre ha negado irregularidades o, al menos, conocerlas. “A lo largo de su vida pública, el presidente Gustavo Petro ha enfrentado de manera constante e inequívoca la actividad criminal, tanto en Colombia como durante sus años en el exilio, después de verse obligado a abandonar el país por denunciar irregularidades”, defiende la Embajada colombiana en Washington.
“Muy grave”, decretó Paloma Valencia, la candidata del expresidente Álvaro Uribe, una aspirante con muchas opciones en la carrera a la Casa de Nariño. “Es necesario que las autoridades de Estados Unidos lleguen al fondo de las averiguaciones y le cuenten al mundo si son o no ciertos los presuntos nexos del presidente con el narcotráfico”, escribió en X. “La paz total [la apuesta de Petro de negociar el cese de la violencia con todos los grupos armados a la vez] sí es una clara muestra de la complacencia del gobierno con el delito”, acusó sin pruebas.
Ha sido precisamente este relato, que vincula a Petro con el crimen organizado, el que llevó a Donald Trump a escalar el conflicto con Colombia hasta niveles inéditos. La ofensiva comenzó en el plano retórico, pero pronto se trasladó al diplomático y al económico.
En octubre, el Departamento del Tesoro incluyó a Petro, a su esposa, a su hijo y a uno de sus ministros en la conocida como lista Clinton, lo que implicó el congelamiento de bienes y la prohibición de realizar transacciones con ciudadanos o entidades estadounidenses. “Desde que el presidente Gustavo Petro llegó al poder, la producción de cocaína en Colombia se ha disparado hasta alcanzar el nivel más alto en décadas, inundando Estados Unidos y envenenando a los estadounidenses”, llegó a decir el secretario del Tesoro, Scott Bessent. En realidad, la producción de cocaína no se ha disparado y, aunque crece, lo hace a un ritmo más lento que en el pasado.
En los meses siguientes, los dos presidentes intercambiaron ataques en redes sociales en una escalada que parecía salirse de control. Trump acusó abiertamente a Petro de permitir el auge del narcotráfico, lo llamó “líder del narcotráfico”, le advirtió que “se cuidara el trasero” y llegó a fantasear con una operación en Colombia. “Me suena bien”, dijo. Corría ya el mes de enero y Nicolás Maduro entraba en una prisión de Nueva York tras una operación militar estadounidense. Petro empezó a tomarse las amenazas en serio.
Y entonces ocurrió el giro. Apenas cinco días después de la captura de Maduro, Petro y Trump hablaron durante 50 minutos por teléfono. El estadounidense le dejó exponer su posición y el colombiano defendió sus esfuerzos en la incautación de cocaína y la sustitución de cultivos. Insistió en que la imagen que tenía Washington de él era falsa y había sido fabricada por actores como el senador colomboestadounidense Bernie Moreno, del Partido Republicano, un activo antipetrista. La llamada funcionó, aunque hasta hoy Petro no ha logrado salir de la lista Clinton.
La conversación —lograda tras el titánico esfuerzo de una heterogénea delegación colombiana que trataba de apaciguar los ánimos mientras ambos se atacaban públicamente— continuó en la Casa Blanca el pasado 3 de febrero. Desde entonces, Trump y Petro enterraron el hacha de guerra. “El aislamiento, la desconfianza sobre el presidente se disipó”, aseguraba este lunes a EL PAÍS el ministro de Defensa colombiano, Pedro Sánchez.
A pesar de estos antecedentes, no hay indicios de que la Casa Blanca haya tenido algún papel en la apertura de estas investigaciones. Aunque está por ver qué hará Trump, que ha intensificado el uso de la justicia para impulsar su agenda en política exterior, con esta revelación. La tentación es que la utilice para influir en las elecciones presidenciales en Colombia, como ya ha hecho en el último año en países como Honduras o Argentina.
El favorito en las encuestas es, por ahora, el heredero político de Petro, el senador Iván Cepeda, un dirigente de profundas convicciones izquierdistas situado en las antípodas ideológicas de Trump. “No es que intuya que pueden ocurrir acciones en mi contra: ya las hay”, contaba este jueves Cepeda a EL PAÍS. “Figuras de la extrema derecha, el propio expresidente Uribe y colaboradores cercanos, han viajado a Washington y a Florida para pedir que me investiguen. Incluso hay una carta solicitándolo. Espero que eso no prospere”, señaló. Los intentos contra Petro sí lo hicieron.
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