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Iván Cepeda: “Nuestro enfrentamiento no es con Paloma ni Abelardo, es con Uribe”

El candidato presidencial de la izquierda defiende los logros del Gobierno pero reivindica ser el único estratega de su campaña: “No soy una copia ni un clon de nadie”

Iván Cepeda, en Bogotá, el 19 de marzo.Chelo Camacho

Iván Cepeda (Bogotá, 63 años) pretende convertirse en presidente el próximo 31 de mayo, sin llegar a una segunda vuelta, pero se recuerda a sí mismo que no debe ser triunfalista. El candidato recibe a EL PAÍS, el jueves, en su luminoso apartamento de un barrio bogotano de clase alta en el que merodean sus tres perras chow chow, una de ellas nacida el 19 de junio de 2022, el mismo día que Gustavo Petro ganó la presidencia. Desde su salón se escucha la salsa que sale de las ventanas de un conservatorio pegado a su edificio. Su calle, llena de vehículos todoterreno y escoltas, anuncia que allí vive alguien importante. Pero no están ahí solo por él. A pocos metros de su casa, Abelardo de La Espriella, que le acecha segundo en las encuestas, ha abierto su sede de campaña. “Es maravilloso”, ironiza Cepeda, candidato del Pacto Histórico, el partido en el Gobierno. Pero asegura que no compite contra De la Espriella. Tampoco contra Paloma Valencia, a quien también considera de ultraderecha. “Nuestro enfrentamiento es contra Uribe”, advierte.

Cepeda reivindica una campaña austera y alejada de la “política espectáculo”. Asume las críticas a su estilo serio, poco viralizable, y las convierte en bandera: “Yo soy quien soy”. No piensa “amoldarse” ni convertirse en “un producto fácilmente digerible”, y promete no ceder a la política del odio ni a los pactos con maquinarias.

Pregunta. ¿Cuándo fue la última vez que se reunió con el presidente Petro?

Respuesta. Soy muy cuidadoso en mis relaciones con el presidente. No me gusta traicionar su confianza, ni dar detalles de nuestras actividades políticas, por muchas razones. Soy el candidato del partido de Gobierno. Mucha gente ha intentado llevar a que me presente como el candidato del presidente; nunca he utilizado esa figura. Lo veo con frecuencia, tenemos conversaciones, pero soy muy respetuoso y las trato con mucha confidencialidad.

P. ¿El presidente dicta o influye en su estrategia de campaña?

R. Mi campaña tiene un solo estratega y soy yo. Y es una estrategia muy sencilla, que emana de mi visión del país y de mi experiencia. No recibo instrucciones o visiones del presidente sobre lo que hay que hacer. Yo no soy una copia, ni un clon de nadie. Tampoco de Petro. Hay un componente muy importante de mi visión que tiene que ver con lo que ha sido nuestro Gobierno, que he ayudado a conformar, pero algunos aspectos de lo que pienso hoy que no coinciden o incluso son críticos de lo que se ha hecho en estos años.

P. ¿Qué haría usted de diferente? ¿Qué mejoraría de la gestión de Petro?

R. Vamos a enfatizar de una manera muy clara la lucha contra la gran corrupción. Creo profundamente en una revolución ética en la sociedad colombiana, porque en Colombia ya no es un desvío, se ha vuelto un sistema. Aquí se cogobierna con la corrupción; no este Gobierno, todos los gobiernos. Hay instituciones en las cuales todas las prácticas están profundamente contaminadas, en todos los niveles del Estado, en todas las dependencias, en todas las ramas del poder público. Entonces, si queremos resolver algunos de los problemas esenciales del país, tenemos que enfrentarnos a la corrupción. Eso ha faltado. Es una lucha que hubiéramos podido enfatizar y dar de una manera mucho más clara.

P. Su anuncio sobre Aida Quilcué como fórmula vicepresidencial ha levantado críticas porque tiene sus mismas bases electorales. ¿Qué le aporta a su campaña y qué significa su designación?

R. La designación no es el mecanismo más idóneo para mostrar el potencial electoral y hay decisiones que emanan de mis convicciones políticas. No es posible que en un país donde están exterminando 70 pueblos indígenas haya que decir por qué uno elige a una mujer indígena como su fórmula vicepresidencial. Eso, a mi modo de ver, es un síntoma de lo mal que estamos. Mucha gente se pregunta cuántos votos me va a sumar, pero eso no movió mi decisión. Para mí, lo importante es el significado, la trascendencia y el simbolismo.

P. ⁠¿Cuál es su estrategia para ganar en primera vuelta, como se propone? ¿Dónde buscará los votos que le faltan al Pacto Histórico para llegar a la Presidencia?

R. No sé cuántos tiene y cuántos le faltan. Lo que sí puedo decir, sin ánimo triunfalista, es que hay una franja del país a la que le ha gustado este Gobierno, sus logros, y quiere más. No solo militantes del Pacto Histórico, sino sectores muy diversos, a los que estamos atrayendo. Haber obtenido una votación tan significativa para el Congreso lo muestra. Si me hubieran permitido participar en la consulta interpartidista, seguramente hubiéramos obtenido una votación alta. Hay una simpatía real. Ahora, no creemos ciegamente en que somos triunfadores, encerrándonos en nuestro universo político. Vamos a buscar las alianzas necesarias. Las estamos construyendo.

P. ¿Quién es más difícil de derrotar electoralmente, Paloma Valencia o el ultra Abelardo de la Espriella?

R. Paloma también es ultraderecha. No comencemos a hacer ficción, a hacer operaciones de maquillaje o disfraz. Paloma es Uribe. Ella sí está intentando recubrirse de centro y negar cosas que es, pero siempre se le sale el extremismo. En ambos casos estamos ante la misma visión. Nuestro enfrentamiento es claro: no es con Paloma ni con Abelardo, es contra Uribe.

P. ¿Qué tanto impulsa su campaña tener de rival a la candidata de su archienemigo político?

R. Más que recibir un impulso, es la realidad política. En Colombia y en el mundo se enfrentan dos concepciones, más acentuadas y decantadas que en 2022. Yo represento la visión de futuro, para el país y para el planeta. Nuestra visión es una que cree que el cambio esencial de la sociedad colombiana, incluso en los temas de seguridad y violencia, pasa por un cambio social. La de Paloma es la seguridad entendida con una política del odio, y me disculpa que tenga que decirlo de esta manera. No quiero desconocer que existen sectores de centro político, pero tienen que tomar decisiones sobre una contradicción tan profunda como esta.

P. Muchos sectores, no necesariamente de derecha, juzgan inconveniente convocar una Asamblea Constituyente, como propone Petro. ¿Por qué es necesario cambiar la Constitución de 1991?

R. No soy un partidario a ultranza de la Constituyente. Es una posibilidad, pero para mí lo que se requiere es un diálogo que nos lleve a un acuerdo nacional que puede tener en su ruta reformas constitucionales. ¿Por qué se necesita ese acuerdo? Porque hay problemas sin resolver que, de manera estructural e histórica, se han acumulado y se han complejizado. Requieren una política reformista, y en algunos casos revolucionaria, en el mejor sentido. Requieren cambios estructurales, transformaciones muy profundas. Podemos discutir los mecanismos, pero es erróneo pensar que el mecanismo prima sobre la esencia del problema, que es encontrar un acuerdo y un consenso.

P. Este Gobierno ha tomado decisiones muy controversiales en materia de seguridad, como bombardear o volver al glifosato. ¿Qué opinión le merecen? ¿En un eventual Gobierno suyo, las implementaría?

R. A nuestro Gobierno se le condena y se le critica porque sí y porque no, porque avanza en diálogos de paz y porque realiza acciones militares. Eso ha incluido métodos que a mí no solamente me disgustan, sino que me provocan profundo sentimiento crítico, como los bombardeos y el glifosato. Yo en principio no lo haría, pero no puedo dar absoluta certeza de que así será. En mi condición de defensor de derechos humanos, tomar decisiones de ese calado trae problemas de conciencia. Pero cuando uno asume la investidura de jefe del Estado, debe tomar decisiones que pueden ser profundamente contrarias a lo que uno quiere.

P. Usted ha sido negociador de paz en un proceso exitoso con las FARC y en intentos fallidos con el ELN. ¿Dónde está la diferencia entre el éxito y el fracaso en una negociación?

R. Soy más de la escuela de que en la paz nunca se fracasa. Hay una experiencia acumulada muy valiosa en las negociaciones con el ELN, que no debe ser desperdiciada. Se han cometido errores, muy probablemente. El ELN tiene que tomar decisiones, y el país se lo debe exigir, por supuesto. Pero considero que lo que se hizo en este Gobierno fue valioso, y habrá que retomarlo.

P. ¿Volvería a negociar con el ELN como presidente?

R. Es una muy alta posibilidad, si existen unas condiciones.

P. Esta semana tuvo su primer choque en el Senado con Valencia por cuenta del deterioro del sistema de salud. La oposición responsabiliza al Gobierno de la crisis. ¿La intervención de las EPS [Entidad Promotora de Salud] ha agravado el problema?

R. Esa intervención se debe a un sistema que ha hecho crisis desde tiempo atrás, y que ha llegado a su punto culminante. El sistema se creó de tal manera que el resultado final era previsible, fue depredado por la corrupción. Uno de los casos de mega corrupción en Colombia es la manera como se robaron, y se han seguido robando, los dineros de la salud. Ese sistema de intermediación de las empresas privadas ha demostrado su fracaso estruendoso. Por supuesto que se requiere una reforma, pero para eso hace falta una concertación. ¿Qué se propone? ¿Un sistema estatizado? No, uno mixto, pero se requiere un mínimo de voluntad para poder encontrar ese modelo mediante un diálogo. Hay que buscar un proceso en el que todos pongan.

“No comparto las políticas de intervención de Estados Unidos”

P. ¿Qué cree que ha cambiado en la relación con Estados Unidos desde la visita de Petro a Washington? ¿Cuál sería su agenda si es presidente?

R. Yo creo que el presidente Petro ha fijado en este asunto y en otros de la política internacional los temas y la conducta que debemos seguir. En términos generales, se ha convertido en un líder internacional escuchado en temas cruciales como el cambio climático o el peligro de una guerra nuclear. Yo me guiaré por ese tipo de conducta y actitud. Se esperaba prácticamente una ruptura de relaciones con Estados Unidos, pero la realidad es que hemos tenido un diálogo respetuoso, cooperativo y fructífero. Ahora bien, estamos ante una Administración que tiene unas aspiraciones que son, en algunos casos, intervencionistas, y que buscan generar un tipo de hegemonía en nuestro hemisferio. Frente a una Administración de esa naturaleza, nosotros hemos puesto en primer lugar la necesidad del respeto de nuestra soberanía.

P. ¿Le preocupa ese intervencionismo en las elecciones? ¿Tiene información de que usted también es un candidato a batir en la Casa Blanca?

R. Muy probablemente es así. En eso exijo respeto por mi aspiración, por la aspiración del Pacto Histórico y por los millones de personas que han depositado su confianza en nosotros. No es que intuya que pueden ocurrir acciones en mi contra: ya las hay. Figuras de la extrema derecha, el propio expresidente Uribe y colaboradores cercanos, han viajado a Washington y a Florida para pedir que me investiguen. Incluso hay una carta solicitándolo. Espero que eso no prospere.

P. Le han reprochado mucho sus posiciones sobre Venezuela. ⁠Sus críticos suelen atribuirle complacencia con el chavismo.

R. Mis posiciones han estado en el rango de tener una posición crítica frente a hechos que violan derechos humanos y principios democráticos, y a la vez respetar la autonomía del pueblo venezolano para resolver sus problemas. No podemos renunciar ni romper nuestras relaciones con Venezuela. No comparto las políticas de intervención: Estados Unidos cometió una acción violatoria del derecho internacional, independientemente de las valoraciones que se tengan de Nicolás Maduro o de la legitimidad del gobierno venezolano. Mi posición es facilitar una transición incruenta, avanzar hacia la democracia sin derramamiento de sangre ni ruptura entre nuestros países.

P. ¿Cree que Delcy Rodríguez es la persona adecuada para liderar ese proceso?

R. No sabría decirle.

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