Fatih Birol (AIE): “La guerra en Irán ya es la mayor amenaza de la historia para la seguridad energética”
El director ejecutivo de la agencia internacional que coordina las reservas petroleras avisa a EL PAÍS que la reducción de suministro actual es mayor que la sufrida en los años 70
Nunca el mundo había estado tan cerca de un apagón. En apenas tres semanas desde el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán, por donde transita una quinta parte del petróleo y el gas consumido en el planeta, el bloqueo ya se ha convertido en “la mayor amenaza para la seguridad energética mundial de la historia”, según ha señalado Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en comentario a EL PAÍS, en línea con un comunicado publicado por la agencia este viernes.
Las declaraciones de Birol llegan en la misma semana en que la AIE, coordinadora de las reservas estratégicas de petróleo de 32 países industrializados, entre ellos España, ha comenzado a liberar de forma gradual 400 millones de barriles en la mayor intervención de reservas de la historia. Pero ni siquiera esta operación de rescate sin precedentes ha logrado frenar la escalada: el petróleo sigue al alza y cierra la semana justo por debajo de los 110 dólares el barril, un 50% más que antes de la guerra.
La evolución del crudo es tan intensa que ya se traduce en subidas de doble dígitos de la gasolina y el diésel en España, hasta el punto de que el Gobierno aprobara este viernes un recorte del IVA sobre los combustibles, la luz y el gas. Pero el panorama que viene es aún más oscuro, advierte Birol: los retrasos en las entregas ya han retirado del mercado más petróleo que cada una de las dos crisis energéticas de los años setenta, que se prolongaron durante meses y derivaron en recesiones e incluso en racionamientos a escala global.
“En los shocks de oferta de los años setenta, 1973 y 1979, se perdieron en total 10 millones de barriles diarios. En la crisis actual, la pérdida de suministro de petróleo asciende ya a 11 millones de barriles al día. Así que la reducción actual es mayor que la de los dos shocks petroleros que vivimos en los años setenta”, precisa Birol. Los países árabes exportadores de petróleo optaron en 1973 por imponer un embargo petrolero sobre Washington y sus aliados tras el apoyo de EE UU a Israel en la guerra del Yom Kipur. Seis años más tarde, las huelgas derivadas de la Revolución Iraní paralizaron la producción de crudo en el país.
Un indicador claro de la escasez es la caída del crudo y los condensados almacenados en buques, una de las principales reservas operativas del sector: cerca de la mitad se ha consumido en apenas tres semanas de conflicto, según datos de la firma de análisis de comercio marítimo Vortexa. Además, un tercio de lo que queda pertenece a entidades iraníes y por tanto es objeto de sanciones estadounidenses.
En cuanto al gas, añade Birol, el recorte de suministro duplica al que provocó el bloqueo de las exportaciones rusas tras la invasión de Ucrania en 2022. Aunque Europa depende menos del estrecho de Ormuz, los precios suben igualmente: los países asiáticos que sí importan por esa ruta buscan alternativas y disparan las cotizaciones.
Los contratos de gas natural de Países Bajos, la principal referencia europea, ya se han duplicado desde el inicio de la guerra. Como resultado, millones de consumidores en España pagarán más por la luz y el gas desde abril.
Birol también señala el impacto del cierre sobre el suministro de fertilizantes. Un tercio del abono consumido en el mundo pasa por el estrecho de Ormuz, un resultado directo de la producción regional de gas, el principal insumo de fertilizantes como la urea. “Si la interrupción se prolonga, pronto veremos efectos de contagio en los precios de las materias primas y de los alimentos”, dice el dirigente de la AIE.
Cada día que pasa, la situación se agrava y la recuperación se aleja. Incluso si el conflicto terminara y se reabriera el estrecho, llevarán meses para reactivar los yacimientos de petróleo y gas que han sido cerrados o dañados, como lo señala muy bien el cierre de la fábrica catarí de producción de gas natural de Ras Laffan, responsable por más del 10% del suministro mundial, atacada por drones iraníes en la primera semana del conflicto.
“Los daños en el complejo de Ras Laffan, en Catar, empiezan a perfilarse como un impacto mucho más grave para el mercado global del gas licuado que una simple interrupción temporal... Para los mercados energéticos, la perturbación no solo apunta a precios más firmes, sino también a unas perspectivas de suministro más frágiles hasta bien entrado 2027″, advierten desde la firma de análisis de materias primas Kpler. La mayor amenaza apenas ha empezado.
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