Así fue el pulso con el Consejo de Ministros paralizado: “Este plan tiene que salir sí o sí”
Sánchez y Díaz, con los ministros de Sumar delante, cerraron el acuerdo que evita la ruptura del Gobierno y permite a todos exhibir su triunfos políticos


El pulso entre Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, entre el PSOE y Sumar, una vez más por la política de vivienda, la que más tensiones ha provocado desde el principio en la coalición, llevaba ya muchos días fraguándose. Pero siempre era a través de intermediarios, nunca directamente entre los líderes. Y siguió así incluso durante mucho rato en una intensa mañana política de este viernes. Era María Jesús Montero, la gran negociadora de Sánchez con Félix Bolaños, que esta vez no estaba porque se encontraba de viaje oficial en Roma con los Reyes en una audiencia con el Papa, la que iba y venía con los mensajes para Sumar. Negociaba las medidas para paliar los efectos de la guerra de Irán con Ernest Urtasun, el gran interlocutor de Díaz, pero las cosas no avanzaban. Bolaños había estado la noche anterior llamando a todos los grupos y negociando con Sumar por teléfono desde Roma, pero en el momento final del desbloqueo no estaba en La Moncloa.
La situación era totalmente atípica. Los ministros del PSOE estaban con Sánchez —que iba y venía— en la sala donde siempre se toma café antes del Consejo de Ministros. Pasaban los minutos, les traían más refrigerios, empezaban a impacientarse por las preguntas de los periodistas que les bombardeaban en sus móviles, pero no tenían mucha información de lo que estaba pasando.
Los cinco ministros de Sumar, en vez de estar ahí al lado del Consejo de Ministros con los socialistas, como siempre, se habían refugiado en otra sala contigua, la que tiene las fotografías de los expresidentes, a un solo pasillo y dos puertas de distancia. Ese gesto del Gobierno separado en dos ya era suficientemente elocuente. Pero es que además pasaba cada vez más tiempo sin avances.
Nadie pensaba realmente que el Gobierno de coalición pudiera estar en el aire, pero el pacto no llegaba y la tensión crecía. Si Sumar no entraba al Consejo de Ministros, como había amenazado, era como decir que no avalaba el decreto de la guerra y por tanto votaría en contra. Y así podía salir. Un escenario que todos querían evitar porque la siguiente pantalla de ese fracaso sería la ruptura del Gobierno y la convocatoria de elecciones. Pero la tensión continuaba.
El PSOE se negaba, como lo hizo durante toda la semana, a que la prórroga obligatoria de los contratos de alquiler que vencen ahora para evitar subidas descomunales, algo que ya se hizo con la guerra de Ucrania, fuera en el decreto con 80 medidas. Sumar decía que sin eso ellos no entraban al Consejo de Ministros. Su propuesta era dar esa batalla política, si acaso perder el decreto si Junts lo tumbaba, y después llevar otros decretos troceados si era necesario para recuperar las medidas.
La negociación empezó: Urtasun fue a buscar a Montero, y la llevó a la sala con los ministros de Sumar para negociar. Pero no avanzaban. Montero iba y venía todo el tiempo, hablando también con Carlos Cuerpo, ministro de Economía.
Finalmente, al ver que no había manera de llegar a un acuerdo, Sánchez tomó la decisión de tomar las riendas de la negociación. Se acercó a la sala en la que estaban los ministros de Sumar, con Díaz llevando el peso como es habitual, a pesar de que ha anunciado que no será candidata, y se sentó allí con María Jesús Montero al lado, decidido a redoblar el pulso para forzar a que los ministros de Sumar entraran al Consejo. En la sala hay varios sofás, y allí se sentaron a negociar. Ya habían pasado casi dos horas con el consejo bloqueado y la noticia estaba en todos los medios.
Distintas fuentes de los dos lados coinciden en que la tensión fue fuerte. Una de las más críticas que ha vivido la coalición, que tiene experiencia en emociones intensas y en una ocasión llegó al borde de la ruptura por el gasto militar y por la posición de España en la OTAN cuando entraron Suecia y Finlandia. Sánchez, señalan estas fuentes, fue rotundo:
—Hay que aprobar este plan sí o sí —les dijo el presidente, en tono muy serio.
El mensaje era claro: no entrar al Consejo de Ministros en una situación así significaba la ruptura definitiva de la coalición. Las consecuencias eran imprevisibles. Las elecciones anticipadas que siempre ha descartado Sánchez podrían volverse inevitables.
El presidente intentó convencer a Díaz y los demás de que aceptaran dejar para más adelante el asunto de la congelación de alquileres, que rechaza no solo Junts sino también el PNV, y que el PSOE nunca vio con buenos ojos e incluso tachó de inconstitucional. La guerra puede ser larga, habrá que tomar más medidas, lo haremos más adelante, les decía el presidente. Pero Díaz y los demás ministros de Sumar, que actuaron como un bloque, aguantaron también el pulso e insistieron: sin vivienda no entraban.
—Presidente, no podemos salir de este consejo sin una medida de vivienda, sin la prórroga de los contratos. No lo vamos a aceptar —le contestó Díaz.
—España debe ser liderada por los progresistas en un momento como este, no por los que apoyan la guerra. No podemos permitirlo —insistió Sánchez.
—Precisamente, los progresistas quieren que llevemos adelante medidas valientes como esta de la vivienda, presidente —perseveraba también ella.
Después de un pulso largo, finalmente se encontró una salida. Se puso en marcha el plan B, que ya habían apuntado como posibilidad en algunas conversaciones los negociadores: hacer dos decretos, Uno, el previsto, con un añadido de control de los beneficios empresariales que pedía Sumar, sobre todo Pablo Bustinduy que lideró este asunto, y otro de vivienda.
El acuerdo empezaba a abrirse paso, pero faltaba un detalle. Sumar exigía que el segundo decreto, el de vivienda, no se convalide el próximo jueves, como el de las bajadas de impuestos, sino que se apure el mes legal. Su idea es poder dar la batalla política durante todo este mes, meter toda la presión, que los ciudadanos vean que la prórroga funciona, que permite que miles de personas no vean aumentos descomunales de su alquiler en plena guerra, y después ya sí, ir al Congreso y si se pierde se perdió pero habiendo dado la batalla política.
Después de mucho tira y afloja, Sánchez y Montero aceptaron también este extremo, aunque quedaba un detalle fundamental: redactarlo. Montero apretaba: ya era muy tarde, había que empezar, pero Sumar quería garantías. Finalmente empezó el consejo sin acuerdo, pero se terminó de escribir mientras se producía la reunión.
Los demás ministros socialistas, ajenos a esta tensión, al fin recibieron la instrucción de entrar al Consejo. Y allí todos hicieron como si no hubiera pasado nada, incluso con algunas sonrisas. Urtasun explicó el segundo decreto, que no había estado en ningún momento encima de la mesa durante toda la semana, y los ministros del PSOE lo aceptaron sin más porque venía negociado directamente por Sánchez.
El presidente compareció después y minimizó la crisis, que había sido fuerte pero según analizan varios ministros de los dos sectores ha terminado bien para todos, porque cada uno logró sus objetivos aunque los dos tuvieron que ceder. “Bienvenidos a la política del siglo XXI”, resumió Sánchez. Y Sumar respiró con lo que considera un éxito político mientras otros grupos como ERC aplaudían que hubiera aprovechado sus votos y su capacidad negociadora para arrancar un decreto de vivienda que hace unos meses parecía imposible, aunque es muy probable que sea muy efímero y solo dure un mes.
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