Los cambios en las Fuerzas Militares
La llamada a calificar servicios de tantos oficiales de la más alta graduación pone en riesgo la estabilidad de la fuerza. El malestar al crear las posibilidades de ascender a mayor velocidad de lo tradicional es costosísimo

Qué tanto daño les ha hecho a Colombia y a su estructura militar el presidente Gustavo Petro con los cambios excesivos que se han realizado en su Gobierno. Hasta ahora, y desde agosto de 2022, se han producido cambios de 79 generales y almirantes de las Fuerzas Militares y de la Policía. Solo queda un oficial en la estructura del Ejército en el grado más alto de las Fuerzas Militares: el general Hugo López, quien ejerce el cargo de Comandante. Eso quiere decir que la cúpula está integrada por mayores generales y brigadieres generales. Se trata de un cambio acelerado. En esta semana salieron los tres últimos.
La historia de las Fuerzas Militares se confunde con la historia de Colombia. Prácticamente se puede sobreponer una sobre la otra. Arranca con la época de la Independencia, en 1760, y con el Ejército Comunero, en 1780, que desapareció con las capitulaciones de Zipaquirá, para volver a reestructurarse en 1810, consolidándose en 1819 con la Batalla de Boyacá. La Armada Nacional se creó en 1810 con la batalla del lago de Maracaibo, y la Escuela Militar, en 1886, coincidiendo con la expedición de la Constitución por el Consejo de Delegatarios. La Administración del presidente Rafael Núñez consolidó un Ejército Nacional y la Policía como integrantes de las Fuerzas Armadas hasta 1960.
Después del 9 de abril de 1948 se reorganizó la seguridad del Estado y se creó en 1951 el Comando General de las Fuerzas Militares para enfrentar el conflicto interno, la lucha contra el narcotráfico y la criminalidad organizada. En los años sesenta, las Fuerzas Militares han permanecido activas en combate en defensa del Estado colombiano. El Plan Colombia, diseñado por la Administración de Andrés Pastrana, modernizó la operación y permitió el aumento de la fuerza con la colaboración de los Estados Unidos.
El comportamiento de las Fuerzas Armadas ha sido muy profesional y solamente se produjo una interferencia política en 1953, cuando su comandante general protagonizó un golpe de Estado, desterrando al presidente legítimo, delito que no existe en la legislación penal de la República. Restaurado el régimen jurídico mediante un plebiscito en 1957, las Fuerzas Militares se convirtieron en guardianes del Régimen Constitucional, juramento que les ha dado plena legitimidad. Es por eso que la llamada a calificar servicios de tantos oficiales de la más alta graduación pone en riesgo la estabilidad de la fuerza. El malestar al crear las posibilidades de ascender a mayor velocidad de lo tradicional es costosísimo e inconveniente al acelerar el proceso de ascenso. Crea tensiones internas, faltas de méritos, presuntos actos de corrupción y descontento político.
En Venezuela acaba de producirse un cambio en la cúpula militar donde se presentaba un fenómeno al revés. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, mantuvo el poder por largo período (11 años), generando divisiones. El nuevo ministro ha sido sancionado por Estados Unidos y la Unión Europea. Un cambio de tan alto impacto demuestra que Estados Unidos está gobernando a Venezuela.
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