Jennifer Pedraza, candidata al Senado: “Petro no es dueño de la izquierda”
La representante de Dignidad y Compromiso promueve una moción de censura contra el ministro de Salud y equipara una Asamblea Constituyente a “abrir la caja de Pandora”


Surgida del movimiento estudiantil, Jennifer Pedraza (Bogotá, 30 años) llegó hace cuatro años al Congreso como la representante más joven de Colombia. Hoy es una de las voces independientes más visibles entre los legisladores que, a pesar de haber militado en la izquierda, son críticos del Gobierno de Gustavo Petro. “La izquierda trasciende a Petro”, reivindica la congresista, que ahora quiere saltar al Senado en las legislativas del 8 de marzo.
Abanderada de las causas feministas y la educación pública, llega a la entrevista con EL PAÍS, en un café del centro de Bogotá, vestida con una camiseta violeta con dibujos de golondrinas, el símbolo de su campaña. Ha sido en este periodo la única congresista de Dignidad y Compromiso, el partido surgido de la fusión de los movimientos de Jorge Enrique Robledo –quien también aspira al Senado– y Sergio Fajardo, nuevamente candidato presidencial. “A pesar de ser solo una, he podido sacar adelante leyes que se habían hundido antes en muchas ocasiones, como la prohibición del matrimonio infantil o la reforma de la Ley 30 para financiar dignamente las universidades públicas”, reivindica. “Una sola golondrina no hace verano, pero sí lo anuncia”, explica sobre su camiseta. “Estamos cansadas de un pasado al que no le importaban los derechos de las mujeres, de la infancia, de los trabajadores… pero tampoco queremos un presente que instrumentalice esas causas. Nuestro propósito es el futuro y las golondrinas anuncian un futuro distinto”.
Ahora tiene el número 100 en la lista abierta de la alianza de su partido con el Nuevo Liberalismo y el cristiano Mira. “Entiendo la necesidad de hacer esa coalición ante el panorama electoral”, explica. “Nunca ha aspirado a ser una fusión ideológica de proyectos políticos, reconocemos que tenemos muchas diferencias ideológicas. Quizás coincidimos en no estar de acuerdo con la Constituyente, por ejemplo, y más bien luchar por hacer reformas vía Congreso”, agrega. Es una coalición con el propósito de pasar el umbral electoral del 3% al Senado (unos 600.000 votos), pero cada partido seguirá defendiendo sus principios y sus ideas, apuntilla.

Pregunta. ¿Después de casi cuatro años en el Congreso, se considera una política?
Respuesta. Me considero una política desde antes. Para mí, la política se hace también afuera de la lucha electoral, desde las organizaciones juveniles, estudiantiles, feministas, sindicales, comunales. Ahora me siento profesionalmente una política, por decirlo de alguna manera. Todavía tengo cierto escozor de decir congresista, pues la gente tiene en la cabeza una idea de que es corrupto, criminal, usualmente un hombre mayor. Transformar esa visión para mí misma ha sido un proceso. Pero sí, con honor, digo que hemos hecho un buen trabajo en el Congreso. Quiero transformar esa etiqueta, que la gente vea que lo político está en cosas cotidianas. No ser cómplice de la violencia con las mujeres, por ejemplo, es un acto súper político.
P. ¿Cuál será su propósito en el Senado?
R. A pesar de que soy representante a la Cámara por Bogotá, la mayoría de nuestros temas no se circunscriben a las fronteras de la capital. La prohibición del matrimonio infantil; la financiación de las universidades públicas, que están distribuidas por todo el territorio nacional; la reforma al estatuto de ciudadanía juvenil, que construimos con el movimiento juvenil a nivel nacional. Vamos a seguir con lo que hemos hecho, una labor de control político seria, independiente del Gobierno que llegue, una voz que no tiembla para destapar escándalos de corrupción, sea el presidente que sea, y obviamente nuestras agendas, que tienen que ver con mujeres, infancia, educación y lucha anticorrupción.
P. ¿Qué representa para usted el respaldo de una figura pública reconocida, como el exnegociador de paz Humberto de la Calle?
R. No sé si él lo ve así, pero siento que es la entrega de unas banderas, de la posibilidad de concertar, de encontrar terrenos en común. Humberto asumió una bandera muy difícil en este país, la solución política al conflicto, la paz de la que ninguno de los Gobiernos, ni éste, ha decidido hacer una implementación seria. Me honra mucho que me apoye, ha sido un gran senador. Construir consensos en un país tan polarizado ha sido de nuestros grandes logros en el Congreso, y tal vez Humberto ve eso. Es un respaldo a una nueva generación de políticos que queremos hacerlo bien y unir al país, aun en medio de tantas diferencias.
P. Están en contra de una constituyente, como propone el presidente Petro. ¿Por qué defender la Constitución del 91?
R. Apostarle a una Asamblea Nacional Constituyente en este momento de Colombia, y del mundo, es abrir una caja de Pandora. Podemos terminar con una Constitución mucho más regresiva, especialmente en lo que tiene que ver con los derechos de las minorías, de las mujeres, de las personas con una orientación sexual diversa. El problema que tenemos en el sistema político colombiano no es la Constitución, sino la ausencia de implementación de esa Constitución. Una Constituyente podría ser muy permisiva para respaldar gobiernos autoritarios y no creo que ningún problema cotidiano de la gente se resuelva a partir de ella. No es una necesidad, es un riesgo, una apuesta muy peligrosa del Pacto Histórico para conseguir votos y justificar la narrativa de que no los dejaron gobernar. No es verdad que al presidente no lo hayan dejado gobernar.
P. Acaba de radicar una moción de censura contra el ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo. ¿Por qué merece ser censurado por el Congreso?
R. Nunca había visto un ministro de Salud tan frívolo con la muerte de los colombianos. Fallece Kevin, un niño de siete años, por falta de acceso a medicamentos, y el ministro le echa la culpa a su mamá. Si esa frase la hubiera dicho un ministro de Iván Duque, mucha gente que hoy está en el Gobierno hubiera salido a marchar. Obviamente, yo también. De hecho, he salido a marchar contra Jaramillo. Es una frase frívola que repitió el mismo presidente de la República. El Gobierno no ha hecho nada para reducir la precarización laboral de los trabajadores de la salud y es responsable de lo que está pasando hoy. Cada dos minutos se radica una tutela para acceder al servicio de salud. El sistema está en un deterioro total, y no es por ausencia de una reforma, sino por su implementación arbitraria, con gotero y vía decreto. Es el peor ministro que tiene este Gobierno y debería haber salido de su cargo hace mucho tiempo. Voy a llegar al Senado a hacer control político sobre los recursos públicos del sistema de salud, y a promover una concertación.
P. Hace cuatro años votó por Petro en segunda vuelta, pero después ha sido muy crítica del Gobierno. ¿Se puede ser de izquierda y hacerle oposición a Petro?
R. Petro no es el dueño de la izquierda. La izquierda lleva décadas luchando, marchando, construyendo propuestas desde afuera de la Presidencia, como para que se la entreguemos en bandeja de plata a un personaje tan autoritario como Gustavo Petro. Para poner un solo ejemplo, ¿cómo así que uno lucha por la educación como derecho fundamental y llegan a nombrar gente con títulos falsos en la dirección del Estado? Tampoco le importa que esté imputada por corrupción, fraude procesal y falsedad en documento público. En este momento, Juliana Guerrero sigue siendo la delegada del presidente en el Consejo Superior Universitario de la Universidad Popular del César. La izquierda trasciende a Petro.
P. Apoya la aspiración presidencial de Sergio Fajardo y ha dicho que cada año se siente más fajardista que el anterior...
R. Desde que llegué al Congreso ha cambiado mucho mi percepción de la política. Francamente, veo que la mayoría del Congreso está en manos de una gente muy deshonesta, por decir lo menos. Si Colombia diera un salto a una política más honesta, menos corrupta, eso nos llevaría a un debate más ideológico y habríamos hecho una transformación histórica en nuestra democracia. Para mí, Fajardo representa eso, la posibilidad de tener discusiones y debates que son sanos en democracia, y empezar a apartarnos de la cleptocracia en la que estamos. Sería un gran paso, que Fajardo ya dio cuando fue gobernador de Antioquia y alcalde de Medellín. Tenemos que ofrecerle a la gente una alternativa diferente al pasado del Centro Democrático y al presente estafador de Petro.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.








































